domingo, 21 de junio de 2026

    No hay clima para la inversión extranjera

    El Departamento Federal de Comercio estadounidense difundió recientemente el informe semestral sobre la inversión externa directa (IED). Durante la primera mitad de 2002, la IED nueva se desplomó 64% respecto de igual lapso de 2001. Entretanto, el déficit comercial del segundo trimestre alcanzaba el récord de US$ 130.000 millones.


    En este caso, significa 15,6% más que en el primer trimestre del año. En cuanto a la IED, su monto cayó de US$ 54.000 millones a apenas US$ 19.600 millones. El deterioro sorprendió incluso a los expertos menos optimistas.


    Por supuesto, influyó el retiro de colocaciones árabes (IED y otras) que el Saudi Bank estima en unos US$ 50.000 millones, o sea 25% de los activos totales en dólares contantes y sonantes. Eso neutralizó el impacto de nuevas inversiones de otras fuentes. Pero el problema real es que el déficit comercial récord coincida con el escaso interés externo en bienes raíces y empresas norteamericanas.


    Sin duda, como señalaron algunos analistas de Wharton, los actuales déficit en presupuesto, balanza de pagos y comercio resultarían insostenibles sin el fuerte flujo de inversiones externas, característico del lapso 1993-2000, pese a la crisis internacional de 1997-8.


    En el contexto actual, un retiro de colocaciones -aunque sea gradual- puede llevar a un ajuste similar al planteado ante el Congreso -el 12 de septiembre- por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal. En otras palabras, más rojos fiscales, alza de tasas (por menos liquidez y oferta de fondos), acciones en baja y dólar débil. Este cuadro también afectará al consumidor, que desde hace años ha estado gastando mucho más de lo que ahorraba. ¿Por qué? Porque la economía norteamericana aspiraba ahorro externo -en forma de inversiones, regalías, proteccionismo, etc.- y suplía de ese modo la falta del interno.


    Pero, por otra parte, un shock regresivo (por ejemplo, si una guerra en Medio Oriente lleva los crudos por encima de US$ 40-44 el barril) crearía caos en los mercados mundiales, debido al tamaño económico de Estados Unidos y al papel del dólar como divisa. Hasta el momento, salvo los árabes -que, al 31 de agosto, habían sacado del área dólar activos por US$ 200.000 millones, un sexto del total en sus manos-, los inversores externos se limitan a la cautela. En otras palabras, bonos de Tesorería (son AAA), letras hipotecarias municipales y otras colocaciones de escaso riesgo. En cuanto va de 2002, por supuesto, el dólar llegó a ceder hasta 15-20% ante el yen, el euro y el franco suizo.


    Entretanto, hacia mediados de año, los inversores externos de todo tipo controlaban alrededor de 13% del mercado accionario en Estados Unidos, 24% de los bonos corporativos y 40% de letras y otros papeles de Tesorería. Esta masa oscila en torno de US$ 8,4 billones (millones de millones), estima el Bank of New York, de los cuales 1,43% (1,2 billón) pertenece a países, firmas, entidades e inversores árabes (cálculo del Saudi Bank).


    En cuanto al déficit fiscal, otra de las claves peligrosas, su incidencia en el producto bruto interno viene ascendiendo de 1,7% en 1997 a 4,1% en el ejercicio que terminó el 30 de septiembre. A criterio de la Reserva Federal, el techo sustentable, 5%, puede superarse en 2003 (porque el rojo de 2002, unos US$ 165.000 millones, alcanzaría a 200.000 millones).


    En lo tocante a irregularidades contables y caída de empresas por ese motivo o por achicamiento de mercados, Franklin Allen, codirector del Instituto de Estudios Financieros (Universidad de Pennsylvania), cree que el “lado escandaloso” no influye en la confianza de los inversores externos. Al experto lo preocupa mucho más Japón.


    Un trabajo de Adam Posen -Instituto de Economía Internacional, Washington- sostiene que ese país acabará en cese de pagos externos en algún momento entre septiembre de 2003 y 2005. “Como Japón es un país muy rico, la insolvencia no será tan dolorosa como en la Argentina, puertas adentro; pero se hará sentir en el mundo. La potencial crisis tal vez dure dos o tres años”. Lo cierto es también que los inversionistas japoneses son enormes acreedores con tenencias bursátiles y de bonos estadounidenses. Si decidieran desprenderse de esos activos, Estados Unidos enfrentaría una catástrofe.