Ya se ha hecho pública la edición 2002 del índice de Transparencia Internacional (TI), que atizará las iras de políticos y editorialistas. De los 17 países de América latina y el Caribe nombrados, la mayoría luce peor ahora que en 2001.
La mayor parte de los que se irritan con el IPC reaccionan como si sus compiladores hicieran una medición objetiva y real de la corrupción.
De hecho, IPC significa Índice de Percepción de la Corrupción. Mide cómo perciben los empresarios, analistas y miembros del público (locales y extranjeros), el nivel de la corrupción, en cada país, de políticos y funcionarios. Transparencia Internacional extrae los datos de encuestas comisionadas a nueve instituciones independientes.
A los fines del IPC, la corrupción es definida como el abuso de cargos públicos con el fin de obtener ganancias personales.
Este año, de los 17 países de América latina y el Caribe que figuran, 12 han caído en la escala, comparados con 2001. La lista de 2002 incluye tres recién llegados: Jamaica, Haití y Paraguay. Este último hizo un pobre debut: aparece en el 98º lugar, delante sólo de Nigeria y Bangladesh, a escala mundial.
Para pocos elegidos es motivo de celebración: cuatro países, Chile, Uruguay, Brasil y la República Dominicana, mejoraron su posición.
Vale señalar que Chile ha subido al puesto 17 a escala mundial, sólo un punto debajo de Estados Unidos y cinco arriba de España.
El informe de TI dice que los partidos políticos son percibidos como los principales responsables de socavar la prosperidad económica en América latina y, en particular, de erosionar la confianza en las instituciones democráticas luego de la vuelta de la democracia en los ´80.
La Argentina, “donde se percibe que la corrupción se ha elevado”, se une a Panamá, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Haití y Paraguay, con una posición de 3 o menos de un máximo de 10 en el IPC de 2002. Una escala de 3 puntos, lo ubica en la mitad hacia abajo de la escala mundial, con abundante compañía.
La Argentina se deslizó del puesto 57 a la 70ª posición desde el año pasado. Esto quizá tenga más que ver con una elevada percepción de la corrupción, más que con un real aumento de las prácticas corruptas. En realidad, es muy común que la percepción de la corrupción crezca cuando la corrupción comienza a ser expuesta o se la enfrenta.
