John (Jack) Welch era un mito. El hombre que convirtió a General Electric en la empresa de mayor valor en mercado, se retiró, a los 65 años, hace justo uno. Pero ahora su esposa lo tacha de avaro y Wall Street de “mantenido”.
Por supuesto, Welch no es un “robber CEO” estilo Bernard Ebbers (ex WorldCom), Kenneth Lay (ex Enron) o Gary Winnick (ex Global Crossing). Cumplió un ciclo exitoso y se jubiló a la edad reglamentaria. Entonces ¿por qué es objeto de diatribas?… Simple: porque, aunque sea millonario, la empresa sigue pagándole como si aún fuese CEO y solventándole un tren de vida fastuoso.
También las cuentas de varios abogados personales son abonadas por GE. En este caso, por el espectacular divorcio con Jane, en cuyo curso varios adulterios se ventilaron hasta en el casto Wall Street Journal. Sin embargo, Welch es la antítesis de Dennis Kozlowski (Tyco) o John Rigas (Adelphia), pero lo afecta la “onda antimanagement” originada en maniobras, delitos y conductas escandalosas de ejecutivos hoy procesados, presos o lejos de los lugares que solían frecuentar.
Un tríplex en la torre Trump, Manhattan, completo con personal de servicio, muebles y comidas. Tres autos de lujo, dos aviones personales, dos helicópteros, un yate, mantenimiento, custodia, entradas para óperas, conciertos, cines, teatros y espectáculos deportivos -internacionales inclusive-, red informática y telefónica de tercera generación (con acceso directo a satélite). Todo pagado por la compañía que, además, le paga una pensión de US$ 9 millones anuales más honorarios como consultor: 86.000 el primer mes y 17.000 por cada día extra. En suma, 17 millones entre septiembre de 2001 y agosto último.
¿Quién sacó tantos esqueletos del baúl? Naturalmente, la combativa Jane, en audiencia pública, reclamando por bienes gananciales. La dama está furiosa porque, con un patrimonio de US$ 900 millones -sólo en acciones y bonos-, Welch le asignó apenas 35.000 mensuales y le retiró las tarjetas de crédito.
Por su parte General Electric (GE), criticada por las espléndidas prebendas al ex CEO, ya canceló casi todas. Pero, igual, la Securities & Exchange Comisión quiere saber si ese plan fue divulgado como era debido. Ahora, GE dejará de abonar las facturas personales, como resultado de un acuerdo entre partes.
No obstante, la SEC quiere saber por qué no le dieron datos de este convenio ni del paquete original, negociado en diciembre de 1996. La empresa se declara dispuesta a facilitar toda la información requerida.
