A mediados de julio, el mercado automotor italiano no daba señales de recuperación, mientras el resto de la plaza europea tampoco se presentaba favorable. Para ese momento, Fiat Auto había resuelto producir 40.000 vehículos y suspender la mitad de la mano de obra (21.700 personas) entre agosto y septiembre, dando lugar a una situación que, según analistas locales y extranjeros, tal vez se prolongue hasta octubre.
Quizá por el peso social y político de la familia Agnelli, una de las dinastías industriales más antiguas y poderosas del continente, el primer ministro Silvio Berlusconi salió el 12 de julio a santificar “la italianeidad de Fiat” descartando, por cuenta propia, “cualquier transferencia de control al exterior”. Léase, General Motors (GM).
Lo que podría ser, o no, el desenlace de una historia de 103 años empezó en mayo.
El pater familia Giovanni Agnelli (81) estaba en una clínica neoyorquina tratándose un tumor de próstata. Entonces, rumores sobre su muerte inminente hicieron subir 6% las acciones del holding (Fiat SpA) en Milán. ¿Por qué? Porque, a criterio del mercado, l´avvocato así llaman a Giovanni es el mayor obstáculo para que la empresa se desprenda de Fiat Auto, origen de las pérdidas que castigan los balances desde 1997. Operadores e inversores prefieren, sin duda, a su hermano Umberto.
Pero Fiat Auto es el alma del negocio fundado en 1899 por otro Giovanni Agnelli, abuelo del actual. De hecho, Fiat significa Fabbrica Italiana di Automobili Torino. Aparte, sin Giovanni Agnelli al mando, la participación de la familia (30%) podría reducirse bastante; y ni hablar de Fiat Auto, cuyo eventual comprador, GM, tiene una opción que deberá ejercer desde 2004.
Sea como fuere, la obstinada defensa de la división automóviles impidió a la empresa concentrarse en negocios más redituables. Agnelli ha vuelto a su residencia piamontesa, donde se somete a la quimioterapia. Pero aquel alza bursátil fue un síntoma inquietante.
Giovanni ha reinado en la empresa por 36 años, a menudo turbulentos, durante los cuales se hizo de una imagen a medida, mezcla de pícara sabiduría, renombre internacional y maquiavelismo con ribetes de Casanova. Además de Fiat SpA, el superholding Giovanni Agnelli & Cia. controla un diario y un club de fútbol estelar. Su influencia, además, le valió una senaduría vitalicia.
Horas difíciles
Pero el imperio parece vivir su hora más difícil. A merced de los bancos acreedores y con una interna borrascosa en la cúpula, sus plantas producen más coches que los que compra el público. Desde 1998, las acciones han ido cayendo de 45 euros a menos de 12; es decir, un descenso de 73%.
“No podemos ocultar que es un pésimo momento para Fiat”, admitía hace poco ante un diario estadounidense Susanna Agnelli (80), hermana de Giovanni, poco afecta a medias palabras. Tras una serie de créditos, ventas de activos y otras maniobras, el flamante presidente de Fiat, Paolo Fresco ajeno al círculo áulico sostiene que “la compañía ha obtenido un respiro.”
No así la familia, un clan que hoy abarca casi 150 descendientes y cuatro generaciones. Algunos trabajan, otros no, y 80 poseen acciones en Giovanni Agnelli & Cia. Este año, Forbes estima la fortuna puramente familiar en US$ 2.300 millones: 54% de los 5.000 millones calculados en 2000. Dos firmas controladas que cotizan en bolsa han perdido casi 67% de valor por el “riesgo Fiat Auto”.
En otras palabras, la cantidad de parientes con derecho a una tajada crece mientras la torta se achica. “El destino de los Agnelli depende de que vuelvan a hacer rentable la división Fiat Auto o la vendan”, señala un análisis de ING Barings Milan.
Intrigas internas
La mala salud de Giovanni ha generado dos desplazamientos en el poder. Primero, Umberto (68), el hermano menor tantas veces eclipsado por intrigas palaciegas, ha ganado influencia. Segundo, John Philip Elkann (26), nieto de Giovanni, fue designado heredero aparente, en una actitud de nepotismo que irritó a los inversores.
Las actuales incertidumbres comenzaron a asomar en 2000, cuando el holding, pensando en hacer autónoma a Fiat Auto, le vendió 20% a GM, en un trueque accionario por US$ 2.400 millones. GM quería consolidar posiciones en Europa occidental, donde ya controla Opel y Saab, y en Sudamérica, donde Fiat tiene intereses en autos, camiones y partes, especialmente en Brasil y la Argentina.
Pero el acuerdo también le exige a GM tomar el resto de Fiat Auto entre 2004 y 2009. Los posteriores tropiezos italianos hacen que algunos observadores pongan en duda la sensatez del cronograma. “Hace dos años, parecía buena idea. Hoy, ya no hay razones valederas para completar la transacción”, señala un informe de Bank of America. En 2001, Fiat Auto y GM Europe sumaron pérdidas por US$ 1.300 millones. “La situación financiera de ambas se ha deteriorado y debilita el acuerdo entre las dos firmas”, opina Morgan Stanley Dean Witter.
Se avecinan nuevos sacudones. Fiat Auto se apoyaba tradicionalmente en un mercado protegido; pero el gradual levantamiento de barreras la expone a rivales regionales y asiáticos, igual que al resto del sector en la Unión Europea (UE). Aun en Italia, su participación de mercado se ha contraído de 67% que registraba a principios de los ´90 hasta 30% ahora. Entretanto, su porción en la UE cedió de 10,4 a 8,8% en apenas un año.
Aun con Lancia y Alfa Romeo, en el segmento de lujo no puede competir con BMW ni con Mercedes. En coches medianos y chicos, queda a la zaga de Peugeot y los británicos. Este año, Fiat Auto perderá otros US$ 540 millones y desde 1996 no obtiene utilidades.
Fracasos y salvatajes
Las dificultades de Fiat Auto derivan de su fracaso, durante la década anterior, en superar sus propias raíces, los autos chicos. Hacia 1993-4, era evidente que los costos de las tecnologías que reclamaban los usuarios reducirían a cero las ganancias en coches pequeños. “Debieron haberse dedicado a hacer autos que la gente quisiese comprar, o sea de mayor calidad”, dice sin vueltas Susanna.
En mayo, Fiat SpA tuvo que negociar un salvataje de 3.000 millones de euros (US$ 2.900 millones) con bancos italianos. A cambio, se comprometió a recortar la mitad de una deuda que totaliza 6.500 millones de euros (US$ 6.350 millones) antes de terminar el año.
Así, la firma se lanzó a vender activos. Entre ellos, 34% de Ferrari, la “joya de la corona”, 14% de Italenergia y la mitad de su división tractores, Case New Holland, sita en Estados Unidos. Pero las presiones aumentaban. Ahora, las fundiciones pasan a Questor y se organiza la venta total o parcial de subsidiarias como Magnetti Marelli autopartes y Comau, herramientas. Ya en julio, Fresco da a entender que el grupo reducirá participaciones en camiones e industria aeroespacial. Algunos piensan ceder Alfa Romeo a GM.
Sin duda, la clave del rescate reside en una cláusula ominosa: si Fiat SpA no cumple las metas pro reducción de deudas, las acreencias podrán capitalizarse en forma de nuevas acciones. Esto diluirá el porcentaje que controla la familia, a menos que ésta ponga casi 1.000 millones de euros y compre, a su vez, esas futuras acciones.
En medio de todo, los Agnelli han disminuido su propio riesgo como inversores. Hace 10 años, Fiat representaba 80% de su cartera y hoy es menos de la mitad, debido a que la familia se ha diversificado en docenas de negocios, inclusive papel, una cadena minorista (Rinascente), el club Juventus y la empresa turística Club Méditerranée. Además, vía Fiat SpA, se pasó a los seguros, la energía y los medios, por ejemplo, el diario La stampa de Turín.
La expresión corporativa de la familia, Giovanni Agnelli & Compagnia donde Giovanni tiene 30% por sí solo, involucra las dos ramas del clan fundador, los Agnelli y los Nasi. GAeC, por su parte, tiene 100% del holding IFI (Istituto Finanziario Italiano) y éste, a su vez, controla 54% en Ifil (Istituto Finanziario Industriale). Entretanto, IFI tiene 60% de Exor Group. Todos estos “holdings encadenados” los maneja Umberto y representan 40% de Fiat SpA.
Ya en mayo, Umberto admitía que a Fiat Auto “debe permitírsele un intento de revivir. Pero, si no fuera factible, ese equipo tendrá la posibilidad de definir otras opciones”. Obviamente, el menor de los Agnelli se siente menos atado a Fiat Auto que su hermano mayor. Quizá porque la unidad representa menos de 25% de la inversión familiar.
El ascenso de Umberto no fue fácil ni directo. Hace unos 12 años, Giovanni empezó a hablar de su hermano como posible sucesor. Eso no le gustó al “gran visir” Cesare Romiti, CEO y presidente de Fiat SpA entre 1976 y su retiro en 1998. Don Cesare era alfil de Mediobanca una entidad a medias pública, a medias privada y adicta al secreto, donde “un desfalco puede perdonarse, una infidencia jamás”. Pero Mediobanca fue la eminencia gris de la reconstrucción italiana en la posguerra, pese a sus innegables nexos con el régimen de 1922-43. Claro, este tipo de entidades y los imperios familiares le debían mucho a la Carta Nazionale del Lavoro, virtual “constitución” del régimen fascista.
Romiti acabó con toda referencia a Umberto como sucesor. Pero el tema sería fuente de angustias. En 1997, el único hijo de Umberto, Giovanni Alberto, murió de un tumor a los 33 años, cuando ya prácticamente había sido designado sucesor. En 2000, el único hijo de Giovanni, Edoardo, se suicidó, agobiado por vivir en un imperio que no le daba acceso a sus decisiones. “Para mi hermano fue terrible, porque lo consideraba un fracaso personal”, relata Susanna.
Con un nieto en la manga
Pero, ya antes del suicidio, era obvio que Giovanni buscaba sucesor en otra parte y no confiaba en Edoardo. Quería un descendiente directo y eligió al nieto mayor, John Philip, hijo de su hija Margherita y el primer esposo de ésta, Alain Elkann. Lejos de la luz pública, John Philip se había criado en Gran Bretaña, Brasil y Francia. Según la tradición Agnelli, se educó en escuelas públicas y vivió como cualquier estudiante mientras cursaba Ingeniería en Turín. Luego, las conexiones familiares lo llevaron arriba. Fresco, que había estado casi 40 años en General Electric, le consiguió una pasantía hasta mayo último.
Por esas vueltas de la historia, al tiempo que Berlusconi tercia en la compleja interna Agnelli quizás aspirando a ser árbitro en lugar de Giovanni, otro Umberto prepara su regreso. Se trata del último rey de Italia, hijo de Víctor Manuel III, a punto de dejar un millonario exilio de 57 años. Desde antes de Benito Mussolini, las dinastías Saboya y Agnelli tenían lazos de amistad e intereses comunes.
Justamente, el Parlamento votó también en julio en favor de anular una enmienda transitoria en la Constitución de 1946, que vedaba la vuelta de los varones Saboya. Al día siguiente, comenzaba una audiencia especial: Mediobanca, Sanpaolo-IMI, Unicredito, Capitalia y otras entidades acreedoras discutirían con los senadores el futuro financiero de Fiat SpA.
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