“Estos últimos 12 años golpearon enormemente a la industria de juguetes nacionales. Fue imposible competir con los valores irrisorios que exhibían los productos provenientes del sudeste asiático”, dispara Miguel Faraoni, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, sector que contabilizó el cierre de 140 empresas y la pérdida de 7.000 puestos de trabajo al finalizar ese período. “En la actualidad, quedan 65 empresas nacionales asociadas a la Cámara. Muchas de ellas se presentaron en convocatoria”, completa el directivo, reflejando la dramática situación en la que este segmento se vio sumergido como producto de la convertibilidad.
Según explica Faraoni, la devaluación se presenta como una oportunidad única para salir de la crisis: “Vislumbro que, de aquí en más, va a venir una recuperación, ya que la importación prácticamente no existe. La industria nacional tiene una chance, pero también es cierto que hay muchos factores que están influyendo para que este proceso se dé muy lentamente, como es el hecho de que el plástico, que si bien es nacional, al ser un derivado del petróleo se sigue cotizando a valor dólar. Por otra parte, no hay crédito ni financiación de ningún proveedor. Todos los insumos que utilizamos debemos pagarlos al contado. De todas maneras, estamos intentando darles financiamiento a las jugueterías, a 30 días, aunque en realidad es un plazo corto”, sentencia el titular de la Cámara.
A ello se suma el problema de los precios. Tras la salida de la convertibilidad, los juguetes cuestan entre 50 y 65% más. “Tuvimos que asimilar un poco los aumentos porque, de otra manera, nos quedábamos afuera del mercado”, señala Alejandro Macchiavello, representante de Caupur, empresa que fabrica camiones y autos Duravit, entre otros productos. Por su parte, Alberto Freddi, vicepresidente de Tlanti, la fábrica de juguetes de la línea Rondi, señala: “Hoy nuestros proveedores no tienen capacidad para darnos crédito y los clientes están en la misma posición. Las materias primas se manejan a valor de dólar y no nos queda otra que tratar de absorber lo máximo posible el aumento para no trasladarlo a los clientes”.
Los juguetes son productos que se venden en forma discontinuada durante el año, y tienen picos en Navidad, Año Nuevo, Día del Niño y Reyes. Al no ser de primera necesidad, hay un montón de juguetes importados en stock. “Pienso que va a pasar bastante tiempo hasta que se terminen los productos importados y podamos empezar a vender nosotros”, señala Faraoni. “Lo importante es que la Argentina encuentre un punto de equilibrio: ningún país regala su mercado interno como lo hizo el nuestro en los últimos años, pero tampoco debe llegarse a un cierre total de las importaciones, ya que eso tampoco tiene sentido. Hay que reacomodarse y empezar de nuevo”.
Macchiavello agrega: “A pesar del beneficio que nos implica la reducción de importaciones, nuestro mercado se ve más afectado por la caída de ventas, íntimamente relacionada con una fuerte baja en el poder adquisitivo de la gente”.
De la caída sufrida en las ventas como producto de la crisis, dan crédito las cadenas minoristas de ventas de juguetes. “El Mundo del Juguete”, por ejemplo, desde la devaluación, registra una baja de 30% en sus ventas. Según Christian Cardozo, del Departamento de Marketing de la cadena, “nuestra relación con las empresas fabricantes del país es buena, pero la compra no lo es tanto porque casi no hay producción nacional”.
De importadores a fabricantes
Años atrás, producto de la masiva importación de juguetes, muchos fabricantes se volcaron a ese segmento. Con el actual esquema devaluatorio, algunas antiguas fábricas vuelven a abrir sus puertas. Este es el caso de Lionel´s, empresa importadora de juguetes que hoy se replantea la posibilidad de fabricar en la Argentina: “A raíz de la devaluación quisimos convertirnos en fabricantes explica Salvador Cogliano, socio gerente de la empresa. Ya veníamos fabricando a través de dos empresas asociadas: “Mis Ladrillos” e “Industrias Plásticas El Arca”. A partir de este año, pusimos más énfasis en estas unidades de negocios, tanto que ahora duplicamos los turnos de trabajo. Y, además, comenzamos a fabricar nuestros propios juguetes en talleres de terceros. También invertimos mucho en nueva matricería”.
El directivo de Lionel´s tiene una perspectiva muy optimista para este año, ya que, según él, todo lo importado se ha convertido en prohibitivo para los consumidores. Con respecto a los productos importados que aún hay en el mercado, opina: “Todavía va a haber mucha oferta para el Día del Niño, pero estimamos que para Año Nuevo va a existir una mayor presencia de productos nacionales”.
“Nosotros desarrollamos permanentemente nuevos productos y hacemos publicidad televisiva, radial y gráfica para posicionar nuestras marcas Fiorella y San Remo”, anuncia Alberto Stekelberg, vicepresidente de Mar-Plast. Y agrega que la empresa es la única fabricante de la Argentina con dos locales mayoristas, en Córdoba y Buenos Aires. “Eso nos permite tener un contacto más directo con los clientes minoristas, para conocer sus necesidades.”
En cuanto a la posibilidad de abrir antiguos talleres con moldes antiguos, Stekelberg asegura: “El público conoció, hasta diciembre, lo último en el mundo en el ámbito de la juguetería y no creo que vuelva a comprar un juguete de hace 10 o 20 años. Nosotros tenemos 130 productos nuevos, desarrollados en los últimos tres años, y competimos con ellos, en calidad y tecnología, con los mejores del mundo”.
Nuevas estrategias
La crisis hizo que los jugueteros encontraran nuevas estrategias para su supervivencia. Una de ellas es el reemplazo del plástico que ha alcanzado precios exorbitantes por otros materiales. “Creo que uno de los productos que más van a salir son las muñecas de trapo, que tienen pocos componentes de plástico y que van a ser mucho más baratas”, apunta Miguel Faraoni.
También puede probarse suerte en campos que antes eran impensados, por ejemplo, la exportación. “Actualmente hay una posibilidad inmediata de mandar ya un contenedor con productos a Estados Unidos”, informa Rosario Freddi, del Departamento Comercial de Tlanti.”Hay mucha gente que cree que éste es nuestro momento, que podemos empezar a exportar, pero tampoco es algo tan fácil. En otros países no estaban esperando que vayamos a vender nuestros productos”. Con respecto a las posibilidades de exportación de Mar-Plast, Stekelberg asegura que la empresa ya concretó operaciones con Uruguay, Chile y Colombia y estamos negociando con Paraguay, Bolivia y Perú. “Tenemos planeado para los próximos meses llegar a otros países pero, como hoy por hoy es muy difícil conseguir los insumos, preferimos ir despacio”.
La exportación no es la única alternativa que se presenta para crecer en el panorama actual: la cámara que nuclea a los jugueteros está, en este momento, en tratativas con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para adquirir un predio en el que se asentaría un polo industrial con 12 empresas jugueteras. “Este emprendimiento nos va a permitir bajar costos, porque vamos a poder comprar servicios, como la luz, el gas y el teléfono, al por mayor. Si esto sale bien, vamos a poder producir mucho mejor”, remata Faraoni.
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