sábado, 20 de junio de 2026

    La contabilidad como eje de información

    Como dijimos anteriormente, el enfoque empresarial de la inflación se ocupa del impacto de la inflación sobre la empresa. Dicho enfoque comprende dos cuestiones diferentes aunque interrelacionadas:

    1. cómo debe actuar la empresa frente a la inflación, lo cual
      se refiere a las decisiones de inversión, de financiamiento y de precios,
      entre otras cuestiones, todos ellos temas que ya han sido abordados en las
      anteriores entregas de este dossier;
    2. la información que es conveniente tener para favorecer la toma de
      decisiones, abarcando a la información destinada al uso externo (destinada
      a inversores, financistas, etc.) y a la de uso interno. La primera se relaciona
      básicamente con los estados contables “de publicación” y está
      cubierto en los trabajos profesionales al respecto. La información
      de uso interno es el centro del presente trabajo.


    Ninguna otra herramienta, ni siquiera la investigación de operaciones con todos sus modelos, ha desarrollado un cuadro tan integral de la empresa, sus recursos, sus operaciones y sus resultados como la contabilidad. Por lo tanto, partimos del supuesto que todo sistema de planeamiento y control debe descansar en el sistema contable.


    El modelo contable


    Llamaremos modelo contable a las definiciones sobre ciertas cuestiones clave para que la empresa pueda estructurar todo su sistema contable. Estas definiciones comprenden:

    • la unidad de medida;
    • el criterio de valuación de activos y pasivos;
    • el concepto de capital a mantener (que es fundamentalmente para la definición
      de la ganancia o pérdida neta);
    • la estructura del plan de cuentas;
    • el alcance de las responsabilidades;
    • el contenido de la información a brindar (patrimonial, resultados,
      flujo de fondos, etc.), su naturaleza (real o proyectada), su oportunidad
      (frecuencia, demoras, etc.) y su alcance (general, sectorial, funcional: costos,
      finanzas, etc.).


    El modelo contable debe integrar toda la información de gestión (sintética y analítica, real y proyectada, mensual y anual, económica y financiera) y debe ser plenamente compartido por todos los responsables de la toma de decisiones clave.


    Unidad de medida


    Con respecto a la unidad de medida, existen dos cuestiones:

    1. ¿Qué moneda utilizar (el peso, el dólar, el euro)?
    2. Si la moneda elegida sufre inflación, o sea que pierde poder adquisitivo:
      ¿qué moneda emplear?, ¿la moneda nominal o el concepto de
      moneda homogénea?


    El peso, el dólar o el euro, entre otras, son monedas nominales. En general, con el transcurso del tiempo esas monedas sufren variaciones en su poder adquisitivo. Algunas, llamadas habitualmente “fuertes”, tienen variaciones anuales reducidas, en comparación con otras monedas consideradas “débiles”. El concepto de moneda homogénea implica una unidad de poder adquisitivo constante, es decir que mantiene su poder adquisitivo a través del tiempo. Para presentar las cifras contables en una moneda homogénea, los importes se reexpresan mediante un ajuste basado en un índice de evolución del nivel general de precios, en un proceso que, comúnmente, se denomina “ajuste por inflación”.


    Para una empresa localizada en la Argentina, dada la inflación actual, la cuestión de la unidad de medida entraña las siguientes alternativas:

    1. emplear el peso en términos nominales;
    2. utilizar el peso pero ajustado por su inflación;
    3. usar una moneda fuerte como el dólar o el euro.


    La primera alternativa no parece recomendable debido a la distorsión que se produciría en la información contable por emplear una unidad de medida afectada por un importante proceso inflacionario.


    La elección entre la segunda y la tercera alternativa ­usar peso ajustado por inflación o utilizar una moneda fuerte­ dependerá de:

    1. ¿Cómo ven los inversores su aporte? ¿La consideran de
      pesos, de dólares, de euros, etc.?
    2. ¿Cuál es la moneda más empleada en las transacciones
      y, sobre todo, al tomar decisiones en la empresa? Una empresa que importa
      bienes pagando en dólares y con un fuerte endeudamiento en esa moneda,
      estará más cerca de utilizar el dólar como unidad de
      medida que otra empresa que compra y vende localmente y con una deuda en pesos.


    Criterio de valuación de activos y pasivos


    Los activos y pasivos pueden valuarse de acuerdo con su valor histórico o de acuerdo con un valor corriente (como son el costo de reposición o el valor neto de realización). En las economías inflacionarias se producen grandes variaciones entre la evolución de los distintos precios: entre bienes transables y no transables, entre bienes con alto y con bajo porcentaje de mano de obra, entre bienes comercializados oligopólicamente y otros sujetos a fuerte competencia, por dar algunos ejemplos.


    Es preferible encarar la elección entre valores históricos y valores corrientes, y dentro de éstos, de los distintos tipos de valores (valor de cotización si lo hubiere, costo de reposición, valor neto de realización, etc.) rubro por rubro. Para esta elección es importante tomar en cuenta tres cualidades de la información: relevancia, confiabilidad y eficiencia (que se vincula con el costo de obtener la información).


    En este orden podemos decir lo siguiente:

    • Para los bienes que disponen de una cotización de mercado representativa
      de su valor, conviene emplear tal cotización. Éste es el caso
      de ciertas acciones y de bienes de cambio fungibles que se cotizan regularmente
      en el mercado. Este criterio de valuación brinda información
      relevante, confiable y a bajo costo.
    • Para la mayoría de los otros bienes de cambio es preferible emplear
      el costo de reposición. La valuación de esos bienes con base
      en el costo de reposición es más relevante para tomar decisiones
      y evaluar la gestión de una empresa, de un sector o de una línea
      de productos, que los costos históricos ajustados. Por otro lado, como
      ya lo hemos comentado, en general es factible determinar el costo de reposición
      de los bienes de cambio de una manera confiable y eficiente.
    • Para los bienes de uso e intangibles, en cambio, es más adecuado
      el empleo de valores históricos ajustados. Desde el punto de vista
      de la relevancia, podemos observar que normalmente estos bienes no tienen
      como destino principal su venta, sino que se utilizan en la actividad económica
      durante períodos frecuentemente extensos. Como consecuencia de ello
      no resulta conveniente alterar su valuación por causa de un cambio
      temporario en su valor corriente. Además, desde la perspectiva de la
      confiabilidad y la eficiencia podemos decir que los valores corrientes de
      los bienes de uso son habitualmente de difícil e imprecisa estimación,
      tal es el caso que surge de calcular el valor corriente de una planta. Sin
      embargo, cabe aquí una aclaración: cuando el capital a mantener
      es el físico y no el financiero, es necesario valuar esos bienes a
      su valor corriente. Éste es el caso menos frecuente. El tema del capital
      a mantener lo trataremos a continuación.


    Capital a mantener


    El patrimonio neto se compone, esencialmente, del capital aportado y de los resultados acumulados como consecuencia de las operaciones. Para un patrimonio dado, cuanto mayor sea el valor que se le atribuye al capital menor será la ganancia determinada y viceversa.


    Como vimos anteriormente al hablar de los objetivos estratégicos, existen dos conceptos de capital distintos:

    1. el capital financiero, que se mide en términos del dinero invertido
      con independencia de los bienes específicos que componen la inversión;
    2. el capital “físico” u “operativo”; que se calcula sobre la base
      de los bienes en que se invirtió, es decir, teniendo en cuenta los
      activos y su función en el negocio.


    Supongamos que una empresa comercial invirtió su capital de $ 100 en 100 unidades de cierta mercadería de $ 1 de valor unitario. Supongamos también que durante cierto lapso la inflación fue de 20%, mientras que el costo de reposición de dicha mercancía aumentó 50% y que la empresa cree que puede venderla con un margen de ganancia por encima del costo de reposición. Para el concepto de mantenimiento de capital financiero (ajustado por inflación) el excedente de $ 150 (costo de reposición) sobre $ 120 (costo original ajustado por inflación) constituye una ganancia de $ 30 (denominada por tenencia) ya que representa un incremento de riqueza en comparación con el capital invertido.


    Para el concepto de mantenimiento del capital físico, en cambio, dicho incremento no constituye una ganancia, sino una reserva adicional de capital, necesaria para mantener la misma capacidad física: 100 unidades de la mercadería.


    El plan de cuentas


    Un plan de cuentas debe permitir clasificar los ingresos y egresos por sector, producto o línea, naturaleza de la partida, etc. En épocas de inflación hay que enfatizar los dos aspectos que se detallan a continuación.


    Es conveniente clasificar las cuentas en función de cómo es su comportamiento esperado frente a la inflación y ante la variación en los precios relativos. Por ejemplo: distinguir aquellas cuentas de gastos cuyo importe depende sustancialmente del tipo de cambio, aquellas que varían según cambios en las tarifas de los servicios, las que dependen esencialmente del nivel salarial, etc. Esto facilita el empleo de presupuestos flexibles (es decir rápidamente revisables en función del valor de esas variables de referencia: dólar, nivel salarial, etc.), haciendo más eficaz y eficiente el control de gestión (el presupuestario en particular), pues gran parte de la variación del precio queda explicada gracias al ajuste del presupuesto según la variable de referencia.


    La otra consideración importante con respecto al plan de cuentas frente a la inflación, es que los resultados monetarios (o por exposición a la inflación) y los resultados por tenencia (debidos a la expresión de los activos y pasivos a valor corriente) deben imputarse al sector y producto o línea que los genera. Una división que vende al contado puede tener un margen de utilidad nominal menor que otra que vende a crédito, pero, considerado el impacto de la inflación, la primera puede ser más rentable.


    El alcance de las responsabilidades


    La contabilidad por áreas de responsabilidad implica asociar las cuentas contables con responsables específicos. Esto requiere que en la confección del plan de cuentas se creen cuentas con un nivel de detalle suficiente como para que no se confundan las responsabilidades sobre cada una de ellas. Resulta lógico que cuando se define quién está a cargo de ciertas cuentas patrimoniales esto conlleve la pertinente responsabilidad sobre las cuentas de resultados vinculadas con las patrimoniales. Por ejemplo, es obvio que quien maneja una cartera de inversiones debe tener la responsabilidad por todas las cuentas cuyos resultados se relacionen con esas inversiones, incluyendo intereses, diferencias de cambio, revalorizaciones, resultados por inflación, etcétera.


    Es importante destacar que los resultados por inflación originados por la tenencia de activos y pasivos monetarios deben asignarse con base en la responsabilidad de gestionar esos activos y pasivos. También los resultados por tenencia de activos no monetarios (originados por las variaciones en los precios específicos) deben asignarse a quienes gestionan los respectivos activos y pasivos. Esto hace que, por ejemplo, a una división debe imputársele el resultado por inflación de sus activos y pasivos monetarios (tal como sus cuentas a cobrar) y también deben asignarse los resultados originados por la tenencia de los activos y pasivos no monetarios que maneja (como las diferencias de cambio).


    La información a brindar


    Con respecto a la naturaleza de la información, ésta puede ser real o proyectada como ocurre con, por ejemplo, el presupuesto. Aquí la observación importante sobre el impacto de la inflación es que muchas empresas sostienen que debido a la incertidumbre que genera la inflación no se pueden hacer presupuestos ni otras proyecciones.


    Creemos que sí se puede, como ya lo hemos comentado. Lo que se debe hacer es utilizar el concepto de presupuesto flexible. Esto quiere decir presupuestar haciendo cierta estimación de la inflación y ciertos precios específicos claves (como el dólar). Esa estimación no requiere ser precisa. Luego, al conocerse el valor real de la inflación y de los precios específicos claves, se ajusta el presupuesto basado en esos valores, y el presupuesto ajustado es el que se emplea para comparar con lo ejecutado. En la década de los ´80 algunas empresas locales emplearon este enfoque con notorio éxito. Al respecto, resulta particularmente útil la clasificación de las cuentas según su comportamiento frente a la inflación y ante las variaciones en los precios específicos clave. Además de la utilidad del presupuesto flexible para el control está su poder como herramienta de simulación y como instrumento de un sistema de apoyo para la toma de decisiones (DSS, Decision Support System y EIS, Executive Information System).


    En relación con la oportunidad, en períodos de inflación es sustancial disponer de información mensual en moneda homogénea (o casi homogénea). Muchas veces se cree que esto significa un trabajo adicional importante. No es así, cuando se trabaja mes a mes, en cada uno de los meses el ajuste por inflación (o la conversión a moneda extranjera) es sumamente fácil. Los saldos iniciales del mes se ajustan por la inflación de todo el mes; en cambio, los movimientos del mes no se ajustan (entendiendo que la inflación dentro del mes no fue significativa, caso contrario se puede emplear algún índice promedio). Sobre esta base, es fácil calcular los saldos ajustados al cierre del mes.


    En lo que hace al alcance es sustancial disponer de información por sector y por producto o línea (asignando los respectivos resultados monetarios y por tenencia). Normalmente esto no demanda grandes esfuerzos cuando el proceso se organiza adecuadamente.


    Respecto del contenido de la información, hay que remarcar la importancia que tiene en épocas de inflación la información sobre los fondos. El manejo de los fondos se torna sumamente difícil (se generan serios problemas de liquidez en el mercado) y el perjuicio de tener incidentes innecesarios o escasez de fondos ­por los resultados monetarios en un caso y por el alto costo de endeudamiento en el otro­ puede ser importante. También es especialmente relevante la información sobre el capital monetario (activo monetario menos pasivo monetario), pues es el que origina los resultados por exposición.


    Cuestiones prácticas especiales


    Abordaremos ahora algunas cuestiones prácticas que normalmente son consideradas como las más difíciles cuando se implementa un modelo contable de las características del propuesto; es decir, basado en una moneda homogénea o fuerte, con costos de reposición y mantenimiento del capital financiero.

    Determinación de los costos corrientes en los bienes de cambio


    Para los bienes comprados se debe tomar preferentemente el precio de mercado: a veces este dato es público, como en el caso de aquellos bienes que tienen un mercado público (los principales cereales, por ejemplo). En otros casos el Departamento de Compras puede tener datos actualizados (como ocurriría con una materia prima clave o con aquellos productos cuyas cotizaciones resultan fáciles de obtener), o bien puede que se manejen utilizando el dato de la última compra, si es necesario ajustando su valor. Otros bienes pueden revaluarse en grupo con base en índices.


    Lo recomendable es hacer una clasificación de los bienes en tres grupos: los “A” (los más importantes monetariamente), los “B” (los de importancia relativa) y los “C” (los de menos relevancia) y usar para los A los procedimientos más precisos y para los C los más simples.


    Para los bienes producidos, lo ideal es emplear los costos estándar (“explosión del producto”) y valuar los componentes del costo de acuerdo con su valor de reposición. Para los elementos comprados se aplica lo indicado en el párrafo anterior. Para la mano de obra se utilizan los valores actualizados de costos horarios basándose en las remuneraciones y cargas vigentes. Para el costo financiero, cuando se lo imputa al costo, se aplica la tasa de costo de capital correspondiente. También aquí el empleo de la clasificación ABC puede ser muy provechosa. En muchos casos ciertas técnicas estadísticas facilitan enormemente la tarea de revaluación y arrojan resultados muy precisos.


    No abordaremos en esta parte del dossier el caso de ciertos ramos que presentan una problemática sui generis en cuanto a costeo, como ocurre con la minería, la forestación o la biotecnología, entre otras opciones.

    Estimación de los intereses implícitos


    En aquellas transacciones que no se llevan a cabo al contado y en las cuales los intereses no se expliciten (o se presenten intereses claramente ficticios) se deben calcular los intereses implícitos que entrañan. Si existe un precio de contado, el cálculo de los intereses resulta sencillo; si no lo hay, se puede emplear una tasa razonable para el tipo de operación. No es lo mismo la venta de un inmueble con un saldo de precio bajo y respaldado por una hipoteca que el cobro en cuotas de un servicio prestado.

    Revaluación de los bienes de uso e intangibles


    La valuación de estos bienes a valores corrientes sólo corresponde cuando:

    • Se aplica el concepto de mantenimiento del capital físico (caso
      poco común).
    • En circunstancias especiales, cuando se emplea la idea del mantenimiento
      del capital financiero, como sucede cuando no se puede esperar la recuperación
      de la inversión en esos bienes a través de su utilización
      (es decir, inmediatamente su absorción en el costo de los productos
      o servicios vendidos).


    Realmente la valuación de los bienes de uso e intangibles presenta dificultades significativas. Debido a lo poco frecuente de su necesidad no abordaremos la cuestión.


    Cuestionario para evaluar el sistema de información gerencial


    A continuación, presentamos un breve cuestionario que puede servir para evaluar el sistema de información gerencial en lo referente al impacto de la inflación y devaluación.


    ¿Cuenta el sistema de información gerencial con los siguientes instrumentos?

    • Estados contables mensuales en moneda homogénea.
    • Presupuestos y control presupuestarios en moneda homogénea.
    • Sistemas de costos que brinden valores actualizados de existencias y costos
      de venta.
    • Análisis de los resultados monetarios en función de los activos
      y pasivos que los originaron.
    • Análisis de rentabilidad por área de responsabilidad basado
      en una moneda homogénea o fuerte.
    • Análisis de rentabilidad por producto o línea basado en una
      moneda homogénea fuerte.


    En particular, ¿se dispone de la siguiente información?:

    • Intereses implícitos incluidos en las transacciones que no son al
      contado, principalmente:
      • Créditos por venta
      • Compras significativas o créditos
    • Valores de reposición de los inventarios y costo de venta a valores
      de reposición.


    Finalmente, el plan de cuentas, ¿agrupa a las cuentas en función de su comportamiento esperado frente a la inflación, la modificación del tipo de cambio y/o el comportamiento de precios líderes (como el nivel salarial, el combustible, la mano de obra) que arrastran a otros?