viernes, 19 de junio de 2026

    Coincidencia de Stiglitz y Soros

    “Los escándalos que desfondan Wall Street son cualquier cosa menos sorpresivos. Hace 10 años, una cosa era evidente: se necesitaban mejores controles sobre contabilidad y auditoría del sector privado”. Así insistía, ante medios europeos, Joseph Stiglitz, ex vicepresidente del Banco Mundial, cuyas posturas hicieron que el FMI presionara por su retiro en 2000.


    Horas después, en Londres, el megaespeculador húngaro George Soros coincidió en que “los mercados accionarios y cambiarios pueden seguir cediendo. El dólar perderá un tercio del valor actual en euros en los próximos años”. Tampoco descarta que la economía estadounidense recaiga en recesión, aunque no lo cree inevitable. “La clave, que el FMI y otros se resisten a ver, es afrontar las crisis de los países endeudados, empezando por Brasil”. En otra coincidencia con Stiglitz, Soros entierra al Consenso de Washington (1989) y sugiere que la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra “integren un prestamista de última instancia para Brasil y casos similares. Si los dejan caer, esto será peor que 1997”.


    A su vez, el Nobel de Economía 2001 se dice “optimista, pero a largo plazo, porque hará falta bastante tiempo para que las cosas cambien realmente”. Aludiendo a la cadena iniciada con Enron y llevada a un pico por el veredicto contra Arthur Andersen y el fraude WorldCom, Stiglitz recuerda: “Entre 1993 y 1994, trabajé junto con un equipo de colegas en un proyecto de nueva arquitectura financiera global y reforma de normas contables, en ese caso destinadas específicamente a las empresas norteamericanas. Por entonces, el sistema ya estaba en riesgo y los controles no eran suficientes”.


    Repitiendo casi palabras de Paul Vocker, ex presidente del Sistema de Reserva Federal, en Business Week, el economista puntualizó que “todos preferían mirar para otro lado. Tanto los enanos de Wall Street como el gobierno de Estados Unidos y los popes de Silicon Valley presionaban fuerte contra todo intento reformista. Las bolsas eran una fiesta, reinaba la nueva economía, todos ganaban y eran felices”. Hasta el punto que, “paradójicamente ­reflexiona­, si el 11 de septiembre no hubiese ocurrido, estaríamos peor”.


    ¿Por qué? “Porque el pesimismo y la desconfianza de consumidores e inversores serían mayores. La reacción patriótica y voluntarista ante esos hechos distrajo la atención de debilidades, problemas y vicios económicos”. Otro efecto positivo de la actual crisis es que hace reflexionar y siembra dudas sobre normas, mecanismos y operaciones sacralizadas hasta no hace mucho.


    “Ahora, Washington afronta un problema político, no electoral. En parte, porque la recesión de 2001­en apariencia suave y breve­ representaba un doble síntoma negativo: el agotamiento del ciclo corto y del ciclo inversor. El primero, considera Stiglitz, muestra señales de repunte, pero nada de eso denota el segundo. Además, hay otro problema, casi endémico: el alto endeudamiento de las familias, adictas a consumir contrayendo más deudas y remisas al ahorro interno.”


    El adalid neokeynesiano apunta, por otra parte, que los indicadores de productividad en ascensos revelan, como contrapartida, que la economía estadounidense no está generando puestos laborales. A su vez, el persistente desempleo afecta la confianza del público. La tasa de ahorro interno, apenas 1% de los ingresos, no puede bajar “pero, sin creación de empleo, tampoco ascenderá y acabará perjudicando a la economía física”.


    A falta de ahorro interno, entonces, los enormes déficit en comercio exterior y balanza de pagos se financian “captando ahorro externo. Esto funcionaba en los años ´90 porque había un crecimiento basado en la liberalización del intercambio y los movimientos de fondos, expansión de economías emergentes y privatizaciones en economías periféricas”. Por eso, el economista encuentra “sumamente dañoso el pensamiento coyuntural de la Casa Blanca. Basta ver el proteccionismo en favor del lobby siderúrgico o el ineficiente sector rural”.