Pueden imaginarse tres escenarios económicos para la Argentina de las próximas semanas (o días).
El primero de ellos, el más negativo, es el de la crisis hiperinflacionaria. Este escenario supone que el Gobierno no consigue apoyo externo, y que cede a las presiones para financiar los problemas del sistema bancario y el desequilibrio fiscal con emisión monetaria. En ese contexto, las expectativas de los formadores de precios se desbordan, sube el tipo de cambio y es altamente probable que colapse la demanda de pesos, desembocando en un episodio de hiperinflación aún con niveles relativamente reducidos de emisión de dinero.
El segundo escenario, menos pesimista, es el escenario de “estanflación”. Aún cuando no obtenga un apoyo externo significativo, se asume que el gobierno logra mantener bajo control los niveles de emisión. Si bien la devaluación produce un aumento de los precios; en el sistema bancario, la falta de financiamiento y liquidez fuerza a las entidades a cancelar créditos para afrontar los retiros de depósitos. En el frente fiscal, la falta de pago del gobierno y sus organismos (por ejemplo el PAMI) mantienen los cortes en la cadena de pagos.
Para evitar los aumentos en el tipo de cambio, el gobierno mantiene también las limitaciones hoy vigentes a las operaciones con el exterior. En definitiva, la astringencia monetaria impuesta por el Banco Central impide la estampida inflacionaria y del tipo de cambio, pero a costa de un severo impacto sobre el nivel de actividad.
En el mediano plazo este escenario no parece sostenible, ya que en un contexto de persistente recesión los problemas fiscales y de solvencia bancaria tenderían a agravarse, precipitando una crisis y un cambio de régimen.
Finalmente, el escenario más benigno supone que el gobierno obtiene el financiamiento de los organismos internacionales (en particular del FMI) para apuntalar tres frentes: el financiamiento fiscal, la reestructuración del sistema bancario, y la política cambiaria del Banco Central. Bajo estos supuestos, el gobierno podría estabilizar el tipo de cambio en cerca de $1,70 por dólar, resolver lentamente el corralito y la reestructuración bancaria, y desarrollar un programa fiscal deficitario pero financiado. En ese contexto, la sola normalización de la actividad productiva podría producir un cierto rebote en el nivel de actividad en la segunda mitad del año, por sobre los deprimidos niveles de fin del 2001.
¿Es este escenario el más probable? Todo parece depender de la decisión del FMI. El gobierno argentino considera que están dadas las bases para empezar las negociaciones que concluyan en la asistencia del Fondo, ya que se elaboró un presupuesto, una política monetaria y habilitó un mercado de cambio libre. Desde la perspectiva del FMI, es probable que todos esos elementos sean vistos como voluntaristas y faltos de realismo, por lo que difícilmente puedan aprobar nuevos desembolsos para la Argentina en estas condiciones.
En lo inmediato entonces, el escenario más probable es el de la estanflación. El devenir de los acontecimientos económicos y políticos de los próximos días permitirá evaluar si nos inclinamos hacia una crisis inflacionaria, o si el gobierno logra, con apoyo internacional, estabilizar la situación económica.
