martes, 21 de abril de 2026

    Presupuesto para el escepticismo

    El déficit estimado de 2.947 millones de pesos en el proyecto de presupuesto elevado al Congreso, es definitivamente optimista. Si la inflación es baja, como se esperanza el gabinete económico, los recursos vinculados al nivel general de precios ­como el IVA y los impuestos internos- no pueden mantener el monto de recaudación de 2001, como se supone en la iniciativa.


    Dos factores adicionales abonan una posición escéptica: en primer lugar, el escenario macroeconómico prevé un aumento nominal del PBI de 8,4%, pero este incremento se funda predominantemente en el comportamiento de las exportaciones (+ 46,7%) y no del consumo (+3,7%) ni de la inversión (-2,7%). Si se tiene en cuenta la estructura tributaria (la recaudación de impuestos indirectos está basada en el consumo y la inversión, mientras que las exportaciones no pagan IVA y reciben reintegros) se comprende que la evolución del PBI no contribuye al equilibrio fiscal.


    El segundo factor que abona el escepticismo tiene que ver con el impuesto a las ganancias, cuya trayectoria no está asociada a la inflación corriente. La estimación oficial de 8.950 millones de recaudación (13% menos que durante 2001) también parece elevada si se considera la caída catastrófica en los resultados de las empresas y el hecho de que en el transcurso del año pasado hubo pagos extraordinarios de petroleras y bancos que no se repetirán.


    En un escenario de inflación más elevada ­supongamos algo así como el 40%-, las estimaciones de recaudación de impuestos se tornan más creíbles. Pero en ese caso, ¿qué sucede con el gasto público?. Si la inflación y el tipo de cambio evolucionan por encima de las proyecciones oficiales, el presupuesto de gastos resultará insuficiente, tornándose casi irrelevante como instrumento de política económica para aumentos fuertes de los precios y del dólar.


    Los pagos de intereses de la deuda constituyen la ilustración más clara, ya que 95% están denominados en dólares y calculados al tipo de cambio de 1,40. Si suponemos que el tipo de cambio promedio para el año resulta ser de 2 pesos por dólar, el gasto presupuestado debe elevarse en 2400 millones de pesos para hacer frente a esos pagos. Una dinámica similar ocurre con el resto de los gastos, ya que a niveles elevados de inflación aumentarán los costos de adquisición de alimentos, medicamentos y otros bienes y servicios que consume la administración pública y arreciarán las presiones para aumentar nominalmente las jubilaciones y los salarios, ya que de otro modo la caída real sería demasiado fuerte.