viernes, 17 de abril de 2026

    Hewlett y Packard vs. Hewlett-Packard

    ¿Alguien recuerda el nombre del CEO de Compaq? No demasiada gente, especialmente si no está vinculada a la industria informática (el señor se llama Michael Capellas). En cambio prácticamente todo el mundo conoce a Carly Fiorina, quien desde 1999 está al timón de Hewlett-Packard.


    Pocas veces una mujer había llegado a la cima ­ perforado el famoso “techo de cristal”- de una de las corporaciones más importantes en el mundo de la computación y siempre en puestos relevantes en la lista de Fortune 500.


    Hay que reconocer que su estilo, rodeada de guardaespaldas y personal de relaciones públicas poco tenía que ver con el campechano modo de gestión de su predecesor, Lew Platt. Pero Carleton Fiorina tenía grandes ideas para una empresa que las necesitaba, que clamaba por una reinvención que le devolviera el brillo que le supieron imprimir los fundadores.


    Todo lo que dijo e hizo Fiorina fue minuciosamente escudriñado por la prensa económica, por sus colegas, y por todo el mundo corporativo que seguía sus pasos con curiosidad. Prometió crecimiento, liderazgo en la segunda fase de Internet, y una renovación de la cultura corporativa, igualitaria e innovadora de los comienzos.


    La realidad no la acompañó. El valor de las acciones declinó, los costos de venta ascendieron y el ingreso se redujo. No hubo resultados estelares. Sin embargo fueron superiores a los logrados por muchos de sus competidores, como Apple, Gateway o Compaq. Todavía no ha desplegado el arsenal que permita vislumbrar a HP como un gran protagonista en la nueva etapa de Internet.


    Hace año y medio hizo un anuncio audaz: Hewlett-Packard y Compaq acordaban fusionarse en una sola firma. La idea era simple: fuerte presencia en todas las áreas del mercado y capacidad para soportar las menores ventas y la recesión que se avecinaba. Sin contar con que, juntas, superaban a IBM y a Dell en el campo de las PC.


    Pero la reacción negativa fue más importante de lo que Fiorina calculó. Para los analistas, dos fabricantes de PC que se unían no aportaban nada al mundo del software y de los servicios a empresas que le dan rentabilidad a IBM, por ejemplo.


    Sin embargo, la negativa más cerrada vino de los descendientes de los fundadores, donde además predominan las mujeres. El próximo 19 de marzo, los accionistas de HP deberán decidir si aprueban la fusión de US$ 23.800 millones con Compaq. Los herederos que votarán en contra, tienen 18% de los votos. Pero están haciendo una durísima campaña para desacreditar la fusión.


    En síntesis: si Carly gana, empieza otra etapa donde deberá mostrar que tenía razón, que sigue siendo visionaria y que es capaz de gestionar con éxito. Seguirá el examen continuo. Si pierde, deberá irse de la compañía.


    Entre tanto nadie habla de Michael Capellas, ni se cuestiona su gestión o su apoyo a la fusión. De modo que si la votación es negativa, seguramente Capellas continuará como si nada al frente de Compaq.


    Betty Spence, presidenta de la National Association of Female Executives, dijo: “El colapso de Enron es un problema de Enron. El problema de Hewlett-Packard es un problema de Carly Fiorina”. Es evidente que hay códigos diferentes para juzgar el fracaso. Más allá de las competencias gerenciales de Fiorina, su condición de mujer la convierte en blanco móvil de las críticas de un mundo corporativo que no se distingue por ser benevolente o piadoso. Especialmente si quien fracasa es una mujer.