El Modelo Solow (por Robert Solow, Premio Nobel de Economía en 1987) es un paradigma neoclásico simple: la economía tiene una producción que exhibe rendimiento constante por producción en escala y la productividad disminuye marginalmente en los dos factores de producción: trabajo homogéneo y capital físico. Esta es una supersíntesis de lo que implica el desarrollo de sus ideas con relación al crecimiento.
Las tasas de crecimiento de la inversión y de la fuerza de trabajo, ambas exógenas al modelo, están determinadas, respectivamente, por la tasa de ahorro y por la tasa de crecimiento de la población. Si aumenta la tasa de inversión más que la tasa de crecimiento de la población ( y, por lo tanto, de la fuerza de trabajo), aumentará la relación capital -trabajo y se produce el crecimiento.
Según este modelo, llegará un momento en que las diferentes tasas de crecimiento de los países van a terminar por converger.
En un contexto de libre mercado sigue el razonamiento cada país tendrá similar acceso a las tecnologías y los factores móviles de la producción serán llevados a las áreas donde puedan conseguir la más alta tasa de retorno. Los países pobres (dada su posición inicial) están en mejor situación para aprovechar las ganancias de más capital puesto que tienen una relación capital-trabajo relativamente baja. O sea, dados los supuestos neoclásicos más usuales, los países con menos capital tendrán mayores retornos sobre ese capital y cualquier inversión en capital mostrará retornos marginales más altos.
Por lo tanto, la convergencia de ingresos debería producirse con el tiempo en la medida de que el aumento en el volumen de capital se produce en las regiones con escasez del mismo.
En segundo lugar, los países con altas tasas de población deberían mostrar menor crecimiento de PBI per cápita. Esto se debe al hecho de que cualquier crecimiento se repartiría entre un mayor número de personas, disminuyendo así la relación capital-trabajo. En tercer lugar, la creciente tasa de inversión aumentará el capital y por lo tanto se producirá una profundización de capital, con el resultado de mayores tasas de crecimiento.
La teoría neoclásica de crecimiento es sólo uno de los muchos modelos de desarrollo económico que se han formulado a lo largo de los años. Otros grandes aportes incluyen el modelo de crecimiento orientado hacia el exterior, la industrialización por sustitución de importaciones, el enfoque de las necesidades básicas, el modelo estalinista de industrialización pesada, el modelo de dependencia neo-marxista, etc. El modelo neoclásico es elegido por su relevancia directa y continuada en el estudio del crecimiento económico, especialmente desde que se convirtió en el foco de nuevas críticas bajo los auspicios de la nueva teoría del crecimiento que se plantea a continuación.
La evidencia empírica
La convergencia en el PBI per cápita entre países, como lo predecía la teoría tradicional del crecimiento, no se ha materializado a una escala verdaderamente global.
En un trabajo sobre este tema, Baumol descubre que entre 1950 y 1980, la convergencia muestra una tendencia a producirse, pero no entre todos los países. Los países industrializados, las economías centralizadas y los países en desarrollo con ingresos medios, todos experimentaron convergencia “intra-grupal”.
Brander desarrolla el tema y dice que los países asiáticos lograron ponerse a la par de los países de la OCDE, mientras que los africanos se iban quedando atrás y la posición relativa de los de América latina se mantenía igual. Los países con menores ingresos, sin embargo, no consiguieron ninguna convergencia. Así, con excepción del último grupo, vemos que se van acortando las diferencias, pero con poca convergencia de ingreso per cápita entre los grupos.
Crecimiento de la población
A primera vista deberíamos suponer que los grandes aumentos en la tasa de crecimiento de la población deberían tener efectos perniciosos en las tasas de crecimiento económico. A medida que aumenta la población, por lo general aumenta la proporción de jóvenes con respecto a los que están en edad de trabajar, lo que suele llamarse la relación de dependencia, que tiene un impacto negativo sobre el crecimiento económico por una serie de razones. Primero, el consumo actual adquiere una importancia más inmediata que la inversión corriente. En otras palabras, la comparación entre consumo actual futuro.
En segundo lugar, los escasos recursos se esparcen entre cada vez más personas. Esto quiere decir que cada persona en actividad debe soportar un número cada vez más grande de personas que están en el sector pasivo. El impacto sobre el crecimiento del PBI per cápita es evidente, especialmente en ausencia del crecimiento de la productividad. Por ejemplo, puede aumentar la presión que se pone en el sistema educativo, perjudicando de ese modo la capacidad del país para desarrollar sus recursos humanos.
Además, las relaciones de alta dependencia pueden significar que los programas de asistencia social del gobierno, si existen, se sobrecargan, provocando así que cada vez más recursos del gobierno se dirijan a otras áreas alejándose de programas como el de la educación.
En tercer lugar, los aumento en la población suelen ser difíciles de manejar, y conducen, por ejemplo, al aumento de la migración del campo a la ciudad y sus problemas resultantes.
En el modelo neoclásico, es el aumento de la relación capital -trabajo lo que lleva al crecimiento. Por lo tanto, el incremento de la población resulta en una disminución de esta relación que lleva a menor crecimiento del ingreso per cápita.
La correlación negativa es inmediatamente evidente. Los países sudafricanos de Zaire, Zambia y Ghana, por ejemplo, figuran entre los que tienen las tasas más altas de crecimiento poblacional y las más bajas de crecimiento del ingreso.
Brander y Cowrick sostienen este argumento. Descubren que la declinación en la fertilidad (presumiblemente altamente relacionada con el crecimiento poblacional) precede al crecimiento del ingreso en su muestra de países. También descubren pruebas de que el crecimiento del ingreso tiene un efecto negativo en la fertilidad. Por lo tanto, existe un mecanismo de realimentación por el cual la baja fertilidad lleva a mayor crecimiento del ingreso, que a su vez reduce aun más la fertilidad.
¿El modelo neoclásico explica el crecimiento?
Al analizar en forma aislada el PBI per cápita inicial, el crecimiento poblacional y la relación “inversión-PBI”, se comprueba que estos factores sostienen el modelo neoclásico de crecimiento en forma limitada.
La teoría neoclásica postula que esta variación no explicada , o el “residual Solow”, se debe al cambio tecnológico que no es fácilmente especificado.
Sin embargo, esta variación no explicada es demasiado grande para muchos observadores. Han aparecido nuevas teorías para analizar explícitamente este cambio técnico. Es decir, como las tres variables en consideración no logran explicar la experiencia completa del crecimiento, se pensó que el residuo que queda sin explicar es atribuible al cambio técnico. En particular, si la diferencia se debe a cambios en el estado de la tecnología entre países, ¿por qué diferentes países tienen diferentes tasas de progreso técnico? Esto es lo que ocupa el centro de la nueva teoría del crecimiento.
Robert Solow, considerado por muchos como el principal arquitecto de la teoría neoclásica del crecimiento, es una de las grandes figuras de la macroeconomía neo-keynesiana que ve con agrado el liderazgo del gobierno en la esfera económica. Junto a Paul Samuelson, formó el núcleo del Departamento de Economía del M.I.T., considerado por muchos como la corriente predominante de la posguerra. Solow, sin embargo, es más conocido por su trabajo en el modelo neoclásico de crecimiento (1956-1970), investigación que le valió el Premio Nobel de Economía en 1987.
Su teoría luego llamada Modelo Solow es una rama (impregnada de matemáticas) de economía técnica que nació con algunos trabajos suyos (extremadamente técnicos y casi impenetrables) publicados en 1956 y 1957.
La base de su teoría es la siguiente: el aprendizaje en las universidades y la investigación pura y aplicada han hecho un aporte más importante al crecimiento de la industria estadounidense que el capital aportado por los bancos y Wall Street.
