viernes, 17 de abril de 2026

    Negocios privados desde los claustros públicos

    En 1993, la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires había tomado la decisión estratégica de crear la Secretaría de Asistencia Técnica y Pasantías. El principal objetivo era desarrollar un organismo intermediario entre el ámbito académico estatal y el sector productivo. Nueve años después, esta división funciona como cualquier consultora privada con una facturación, en el 2001, de alrededor de US$ 20 millones.


    Buena parte de los ingresos proviene de las pasantías que en organismos del Estado suman 1.200 y en empresas privadas ascienden a 700. Sin embargo, del total de estos convenios -que representan, cada uno, un máximo de $ 600- a la facultad le queda en la mano sólo 5%.


    “Parece mucha facturación y poca plata”, señala Marcelo Paz, titular de la Secretaría. “Pero, a partir de la actividad general de este área, en el 2001 le sumamos entre 30 y 40% adicional al presupuesto de la facultad que asciende a US$ 11 millones. Sin nuestra colaboración, la facultad no podría pagar la luz o el teléfono.”


    “Nuestros fondos los administra la Secretaría de Hacienda a partir de las disposiciones del decano y del consejo administrativo. No funcionamos como una unidad de negocios que puede decidir dónde reinvertir el excedente de nuestra producción”, aclara Paz.


    En una primera etapa, la actividad se concentró principalmente en el desarrollo del sistema de pasantías en organismos públicos. “En el contexto de la transformación del Estado que vivió la Argentina en los ´90 resultaba bastante fácil insertarnos en su estructura y conseguir trabajo, tanto para los estudiantes como para los docentes”.


    Sin embargo, dos decretos impulsados por el entonces ministro Domingo Cavallo a mediados de la década pasada dificultaron la modalidad de contratación estatal y generaron una caída considerable de los convenios que tenía la facultad. “Esto impulsó la generación de recursos de capacitación para empresas privadas”, evoca Paz.


    A partir de entonces, la Secretaría viene compitiendo con empresas privadas por la prestación de servicios de capacitación y asistencia técnica, principalmente en las áreas de management, auditoría e impuestos. El año pasado dictó los cursos de proyectos de inversión para MetroGas, gestión de compras para Peugeot-Citroën y coaching gerencial para Nobleza Picardo, entre otros. Del pago de estos programas le quedó una ganancia de 15 a 20%.


    Según Paz, el principal desafío fue demostrar que estaban dispuestos a romper con un viejo prejuicio. “La facultad era el ámbito natural de formación de muchos de los futuros gerentes del sector privado, pero las empresas creían que no estábamos actualizados en términos de management y que no podíamos comprender los problemas de las compañías. Creo que nuestro desempeño de los últimos años ayudó a revertir esta percepción”, afirma.


    Lógica empresaria


    Para ponerse a la par de sus competidores del mercado, la Secretaría se propuso funcionar, ella misma, con una lógica de empresa privada. Una de las primeras decisiones fue transformar su estructura administrativa. La gran mayoría de su staff de 50 personas -entre docentes, tutores y personal de la oficina- trabaja por contrato. “Desde su creación quisimos respetar una absoluta eficiencia”, asegura Paz. “Es muy complicado que, por ejemplo, el personal de planta se pueda quedar unas horas más. Trabajamos por objetivos y buscamos, por lo tanto, un engranaje más flexible”.


    Otra de las medidas fue la preparación de un grupo especializado que se ocupase exclusivamente de visitar las compañías para ofrecerle los servicios. “Cumplen el mismo rol que los ejecutivos de cuenta de cualquier consultora”, señala el titular de la Secretaría. “Nosotros sabemos que tenemos el know how para realizar las capacitaciones y tomamos la actitud agresiva de salir a buscar los potenciales clientes e informarles qué estamos haciendo”.


    La Secretaría de Asistencia Técnica y Pasantías tiene un producto exclusivo que consiste en un taller de diagnóstico gratuito. Durante media jornada, un grupo de consultores realiza reuniones con directivos y mandos medios para evaluar cuáles son las necesidades y los aspectos a reforzar en la compañía. La entrega de un informe con las conclusiones del proceso y con un cuadro de situación genera la captación de nuevos clientes. “Este taller, más allá de mostrar el potencial de nuestros servicios, nos permite tener un conocimiento cabal de lo que pasa actualmente en las empresas”, explica Paz. “En el proceso de feedback aprendemos a brindarles soluciones adaptadas a la realidad que están viviendo”.


    El equipo de consultores que trabaja para la Secretaría está compuesto básicamente por docentes de la Facultad. “La gran mayoría trabajaba para empresas privadas o tenía sus propios estudios pero, al achicarse la economía, muchos perdieron su fuente laboral”, revela el titular del organismo. “Ahora pueden pensar en la universidad no sólo como una instancia académica que mejora su currículum, sino como una opción válida para trabajar como consultores y complementar su remuneración docente”.


    Paz señala que los honorarios que cobra la facultad en sus programas de capacitación y asistencia técnica son muy competitivos. “No tenemos que mandar ninguna remesa al exterior y no pagamos ningún canon como las consultoras internacionales. Nuestras tarifas son más bajas en términos reales, pero no regalamos los servicios”.

    El caso Banco Nación

    En octubre
    del 2000, la Secretaría de Asistencia Técnica y Pasantías
    ganó una licitación pública para llevar adelante
    un plan de capacitación integral y gestión de calidad en
    120 sucursales del Banco Nación distribuidas en Buenos Aires, Entre
    Ríos, Misiones y Corrientes. La Secretaría fue una de las
    cinco elegidas -entre un total de 15 empresas- para participar,
    durante dos años, en una de las etapas del programa asociado al
    cambio de la plataforma informática de las 650 sucursales de la
    entidad financiera, que fue retomado después de siete años
    del escándalo IBM-Banco Nación.

    La elección
    se basó en la evaluación de tres aspectos: los antecedentes
    de la prestadora, la propuesta técnica y el precio de los servicios.
    “Hasta ahora, nuestra experiencia con el grupo de capacitación
    de la Secretaría es muy buena”, afirma Roberto Esteso, director
    del instituto de capacitación de la entidad financiera. “Valoramos
    la calidad académica del grupo, la capacidad de adaptarse a la
    cultura de la organización y la flexibilidad para entender las
    situaciones particulares”.

    El plan
    de capacitación que desarrolla la Facultad de Ciencias Económicas
    tiene dos objetivos básicos. El primero consiste en generar las
    condiciones laborales propicias para facilitar la implementación
    de la nueva estructura tecnológica. El segundo se relaciona con
    el apoyo del cambio cultural desde una tradición de banca pública
    a una estructura orientada al cliente. Trabajar sobre el sentido de pertenencia
    es también parte de este programa.

    “El banco
    viene de una frustración importante desde el punto de vista motivacional
    y cultural”, explica Esteso. “Uno de los propósitos de este programa
    es fortalecer la mística del banco para que los empleados estén
    convencidos de que podemos mejorar nuestras condiciones competitivas.”


    Para mayores informaciones:

    www.econ.uba.ar