Jorge Forteza
“Los países exitosos exportan todo”
–Se afirma que el mundo se cansó de la Argentina y que el país ahora debe crecer solo, con todos los problemas surgidos del canje de deuda. ¿Cuáles podrían ser las locomotoras que empujen el crecimiento?
–Se debe acelerar la tasa de crecimiento de nuestras exportaciones, alcanzar los US$ 60.000, duplicarlas para el 2010. La vieja antinomia acerca de si seremos agroexportadores o exportadores industriales está agotada. Los países exitosos, como Australia, exportan todo: minerales, cereales, carne, vinos, manufacturas, turismo, servicios. Hablamos de ir a una estructura en la cual exportamos más, agregando valor a nuestras exportaciones, con competencia en el mercado internacional de servicios y turismo.
–Desde el gobierno se afirma que la convertibilidad no es un obstáculo. Sin embargo, algunos sectores productivos están pidiendo una devaluación para bajar costos y poder exportar.
–Para mí, con el marco institucional que tiene la Argentina, ésta no es la solución. Son distintos los casos de Australia, Nueva Zelanda o Chile, países donde la gente está dispuesta a tener su moneda local, con años de credibilidad y un tipo de cambio flotante. Pero desde el punto de vista institucional, la Argentina no tiene esa opción. Devaluar significaría que habrá una moneda local que alguien utilizará y sufrirá los costos de tenerla. Los argentinos no están dispuestos a tener una moneda local depreciada.
–¿Es realista plantearse que se puede alcanzar un nivel de exportaciones de US$ 60.000 millones en diez años?
–Es un objetivo. Hay un estudio microeconómico detrás. Un trabajo desde el punto de vista del estudio de las empresas, cuáles son, cuánto exportan hoy y cuánto pueden exportar. Pero no hay nada garantizado, hay que hacerlo y es un trabajo enorme, que incluye misiones comerciales y promoción de exportaciones, entre otras cosas.
–¿Puede decirse que se está registrando, en gran parte del mundo, una vuelta al keynesianismo?
–Sí, pero no en el sentido de una expansión del gasto público. El del siglo XXI no es un Estado que planifica para el resto de la sociedad y reparte recursos discrecionalmente. Es un Estado más chico, más inteligente y eficaz, que está en asociación permanente con el sector privado y debe ser extremadamente eficaz para ayudarlo a hacer negocios. Este es el desafío.
Juan José Llach
“Un nuevo papel para el Estado”
–Sin crédito externo, las exportaciones son el único recurso genuino de ingresos de divisas. Usted estima que no es necesario salir de la convertibilidad para exportar y crecer. ¿Cómo se hace?
–Tenemos que mejorar sustancialmente nuestra fuerza de ventas, nuestro marketing estratégico y el posicionamiento de la Argentina en el exterior. Ha sido muy mala la experiencia de lo que yo llamo el bicefalismo en comercio exterior. Es un tema importante que no puede depender de dos ministerios, como Relaciones Exteriores y Economía. Esto quita dinamismo, hay diferentes puntos de vista y todo se paraliza. La Argentina debe volver a unificar el mando en el área de comercio exterior, urgentemente.
–¿En qué organismo debería establecerse el mando para optimizar el comercio exterior?
–La Argentina tendría que tener ocho ministerios, como lo estableció la Constitución de 1853. Y uno debería ser el de Comercio Exterior, Producción y Tecnología. Así se da la señal de que se privilegia el comercio exterior y que se ayuda a que el sector productivo argentino incorpore tecnología y se proyecte al el exterior. Ni el Ministerio de Economía ni la Cancillería tienen espacio como para organizar una fuerza de ventas, negociar con el Alca, el Mercosur, la Unión Europea y Asia-Pacífico, cuyas importaciones suman US$ 1 billón y le vendemos apenas US$ 2.000 millones: sólo 0,2% del total. Hacemos poco y nada para llegar allí. Las empresas medianas no pueden acceder; necesitan apoyo del Estado. Por eso hay que pensar en un nuevo papel del Estado, más moderno y distinto del estatismo al que algunos quieren volver.
–¿Qué más requiere esta política?
—Hay cuestiones arancelarias. Hoy, el sentido de vender en el mercado interno es más fuerte que el de exportar. Con un mejor arancel externo común, la Argentina podría aumentar sustancialmente y por vía genuina, el incentivo exportador. En cuanto a los impuestos distorsivos, yo elaboré una propuesta que contempla rebajar el IVA a 8,5%, reemplazarlo por un impuesto a las ventas y eliminar ingresos brutos en las etapas intermedias. Así se podrían ahorrar costos de producción de
$ 6.500 millones por año, que es mucho más potente y sostenible en el tiempo que cualquier devaluación.
–¿Qué índice de crecimiento debe tener la Argentina para lograr en el 2010 exportaciones por los US$ 70.000 millones que usted estima?
–Podría crecer alrededor de 4 o 4,5%, una tasa perfectamente lógica y alcanzable, siempre y cuando se tenga una agenda de crecimiento.
Luis Pagani
“Muchos empresarios no tuvieron visión de país”
–En los coloquios de Idea de principios de los ´90 se pedían reformas estructurales y privatizaciones, que se hicieron, y el país cambió. Ahora la Argentina vuelve a estar mal. ¿Qué falló?
–En la coyuntura en que la Argentina está, es siempre más fácil echarle la culpa a los gobernantes. Pero los empresarios también debemos hacer un mea culpa. El empresariado argentino no ha tenido una visión de país. Son muy pocos los ejemplos de empresarios que han tratado de trascender las fronteras. En estos últimos 10 años, la globalización se hizo realidad. Muchos de mis colegas lo vieron más como una amenaza que como una oportunidad. Y, lamentablemente, cuando en este escenario uno no se reconvierte en el tiempo, queda fuera de carrera. Desde el campo empresarial creo que tenemos que tratar de juntarnos más, tener una estrategia de país y una estrategia industrial.
–¿Qué enseñanzas deja el caso de Arcor como experiencia exportadora?
–El crecimiento de Arcor, sin dudas, se gestará en el sector externo. Cuando uno llega a participaciones como las que tenemos en el mercado interno, crecer un punto cuesta mucho y hay que salir. Cuando se mira la historia industrial argentina de los últimos 50 años, el modelo de sustitución de importaciones no contempló el criterio de exportación. Era muy atractivo tener una estancia cerrada con un mercado asegurado. El atractivo de vender fuera del país no existía. Eso viene de una deformación de la industria. A finales de los ´50 quien trató de tener una política industrial fue el presidente Arturo Frondizi, que alentó a ciertos sectores donde la Argentina tenía ventajas competitivas.
–¿Qué sectores impulsarán las exportaciones y el crecimiento en los próximos años?
–Es clave todo lo que tenga que ver con el área frutihortícola, porque tiene un potencial muy grande. Creo que la Argentina puede aún multiplicar por tres o por cuatro sus exportaciones. También los productos derivados de la energía. Se dice que desde el 11 de septiembre (cuando se produjeron los atentados en Nueva York y Virginia) Estados Unidos podría recurrir a abastecimiento energético que no provenga de Medio Oriente y allí la Argentina tiene ventajas competitivas. La industria del turismo es muy importante, porque emplea mano de obra intensiva y el país mueve US$ 5.000 millones en ese sector. Esto se puede multiplicar por tres, que son los valores que tiene Australia, para tomar una comparación. Hay oportunidades.
