miércoles, 3 de junio de 2026

    Juntos son más

    A pesar de que el campo es el único sector de la economía argentina que crece en medio de la recesión, se estima que algo más de 60.000 productores debieron dejar la actividad en los últimos años.


    Esto ha llevado a imponer una tendencia que va ganando fuerza. En todas las provincias se está tejiendo un entramado de redes de productores. Para ellos, está claro que en el futuro serán cada vez más dependientes entre sí. Y no sólo entre los propios agricultores, sino también con las empresas proveedoras de insumos y servicios.


    La imagen de los productores absolutamente independientes y tradicionalmente desconfiados de las sociedades, parece ser ya una foto del pasado, más que una película del futuro.


    “Ya no tiene mucho sentido trabajar de manera autónoma, porque se hace mucho más difícil acceder a oportunidades de negocios e información”, dice Gustavo Grobocopatel, gerente de Los Grobo, una de las redes más extensas que operan hoy en la Argentina, en la que se reúnen productores, empresas proveedoras de servicios e insumos agrícolas. Con sede en la localidad bonaerense de Carlos Casares, Los Grobo cultiva cerca de 65.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires y factura unos US$ 60 millones anuales.


    El concepto de red o networking es relativamente nuevo en el área de los agronegocios y viene a reemplazar el concepto de las asociaciones tradicionales. Es mucho más flexible que ellas y por eso se adapta más fácilmente a un número elevado de integrantes. Requiere una integración de las operaciones, pero no involucra necesariamente el patrimonio de las empresas o de los productores que se asocian.


    Entre redes


    Esta característica permite que cada productor forme parte no sólo de una, sino de múltiples redes, según determinadas áreas o fines.


    “Nuestra red está conformada por muchas empresas unidas en forma multidireccional”, explica Grobocopatel. Una red está conformada por Los Grobo con sus productores clientes, que a su vez se relacionan entre sí. Al mismo tiempo, se forman nuevas redes con los proveedores de servicios, como los cosecheros, los que siembran, y los transportistas.


    “Yo me relaciono, además, con otras redes que tienen sus propios acopios y redes de productores, y así se forman las redes de redes”, señala Grobocopatel.


    De esta manera el negocio gana escala, baja los costos y aumenta poder de negociación.


    “Somos una red que une a nueve familias de productores. Pero además funcionamos en red con otras 39 empresas de servicios agrícolas que siembran, cosechan o transportan”, afirma Oscar Alvarado, presidente de El Tejar, que cultiva 50.000 hectáreas y factura cerca de US$ 20 millones.


    El fenómeno aún es incipiente en la Argentina pero ya cuenta con muchos adherentes. Entre los principales impulsores de la idea están los grupos Crea. “Actualmente, hay una buena cantidad de productores organizándose en distintas partes del país y en gran medida como consecuencia de las ideas del movimiento Crea”, sostiene Alvarado, quien también es integrante de la comisión directiva de AACREA la entidad que nuclea a los diversos grupos de todo el país.


    Entre los especialistas y consultores también existe consenso acerca del potencial que tiene el networking. “Creo que la formación de redes de productores es la única salida que tienen los agricultores chicos y medianos. Si no lo hacen, todo es muy difícil”, dice Gonzalo Stefanell, representante en la Argentina del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), un organismo del sistema de las Américas, integrado y sostenido por las áreas de agricultura de los gobiernos del continente.


    “En un marco de concentración, los empresarios rurales tendrán que pensar en hacer alianzas con otros productores para conseguir la escala que les permita quedar en el negocio. Estas alianzas posiblemente se hagan manteniendo la individualidad de cada productor”, sostiene Marshall Martin, un experto en agronegocios de la Universidad de Purdue, Indiana, Estados Unidos. Martin fue uno de los expositores en el reciente congreso de los grupos Crea realizado en Mar del Plata.


    El chacarero global


    Un ejemplo práctico de esto es la sociedad que armaron ocho pequeños productores de la zona de San Justo, provincia de Santa Fe. Formada en 1994, en seis años logró multiplicar por tres el área cultivada y puso en marcha una empresa de servicios agropecuarios a terceros.


    “Para nosotros, asociarnos fue una necesidad. Y esto se ve claramente cuando se observa lo que les pasa a los productores que quieren seguir solos”, dice Juancho Milesi, uno de los fundadores de la red Alternativa.


    Las redes no son patrimonio exclusivo de los productores o empresarios de una determinada escala. Naturalmente, es particularmente útil para pequeños productores Pero las organizaciones que ya administran negocios de mayor desarrollo relativo también las usan, ya que les sirven para conseguir oportunidades de negocios que de otro modo les resultarían más difíciles.


    Es el caso de la red de redes que formaron Los Grobo y El Tejar. Estas dos organizaciones tienen un acuerdo de integración y además están interesadas en unirse para ir a cultivar a Brasil.


    “El objetivo es avanzar hacia la formación de una empresa global. Y transformar en una oportunidad lo que hoy es una amenaza latente para los agricultores argentinos”, dice Grobocopatel.


    Brasil cuenta con una superficie estimada en cerca de 16 millones de hectáreas potencialmente cultivables y que hoy permanecen inexplotadas en la zona de Mato Grosso y Goias. Su eventual incorporación a la explotación agrícola tendría un fuerte impacto competitivo para la producción argentina.


    El trabajo en networking también sirve para que las pequeñas redes puedan unirse a organizaciones de mayor escala, facilitando el acceso a información. A los productores se les hace cada vez más difícil acceder a capacitación técnica para el control de nuevas enfermedades en los cultivos, tarea que anteriormente se realizaba a través del Inta, hoy debilitado por las restricciones presupuestarias. El trabajo en redes, entonces, asegura la capacitación, a un menor costo que si se realizara de manera individual.


    Las redes también pueden transformarse en la llave de acceso a una serie de nuevos negocios conocidos como mercados canalizados, relacionados con la producción de las denominadas especialidades. Muchos de estos mercados no están abiertos, sino que sólo se encuentran disponibles para aquellos que formalizan acuerdos con los laboratorios que desarrollan las especialidades.

    “Estamos trabajando una línea de mercados canalizados con Syngenta
    dirigido a productos de la tercera generación de biotecnología,
    como nutraséutica, fármacos, alimentos que curan. Todavía
    nos encontramos en una etapa incipiente, armando la red originadora para ese
    proyecto. Y este negocio no es sólo para nosotros sino que podrán
    participar otros productores que adhieran a la red”, explica el directivo de
    Los Grobo.

    Los
    Grobo
    De
    empresa familiar a grupo económico

    Una de las
    empresas emblemáticas del nuevo campo argentino nació como
    una explotación agropecuaria familiar tradicional.

    Pero los
    propietarios de Los Grobo creen que esta etapa está llegando a
    su fin, y por eso han decidido constituirse como un grupo económico.
    En la práctica esto obligará a modificar la estructura institucional
    de la empresa. Se abrirán las puertas para que se puedan vender
    acciones o incorporar algún socio nuevo, si surge una oportunidad
    interesante.

    “Es muy
    difícil que una empresa crezca si está lejos de los flujos
    de grandes capitales. Hoy no estamos en ese circuito y sentimos que ya
    llegamos a nuestro techo en esta situación”, explica Gustavo Grobocopatel,
    directivo de la empresa. Aunque aclara que actualmente no se está
    negociando la incorporación de socio alguno, reconoce que todo
    este proceso de cambio tiene un plazo de dos años para concretarse.

    El otro
    cambio fuerte es la intención de transformarse en el primer grupo
    argentino de negocios agrícolas, de origen rural, que apuesta
    a internacionalizarse y convertirse en productor global, junto con El
    Tejar, otra red de productores.

    La intención
    es que esta red de redes no sea sólo argentina, sino que se transforme
    en la gran red del Mercosur o de otros países. El primer paso será
    Brasil.

    “Queremos
    aumentar nuestra fortaleza y poder de negociación dentro de la
    cadena de valor”, sostienen. Actualmente, el proyecto está en la
    etapa exploratoria de vínculos con posibles socios brasileños.

    De cara
    al futuro, la otra apuesta fuerte será crecer en el sector de los
    nuevos negocios que está abriendo el desarrollo biotecnológico.

    De todos
    modos, estos cambios no modificarán las actuales líneas
    de negocios de Los Grobo. “No nos vemos diversificándonos mucho”
    dice Grobocopatel (que es uno de los comercializadores de granos más
    importantes, con una actividad que va desde el acopio hasta el corretaje
    en los mercados a término, donde opera un volumen de 1,8 millón
    de toneladas anuales de granos).

    Los Grobo
    opera en Buenos Aires y en el mercado de Chicago asesorando a las 50 empresas
    agrícolas más grandes del país. El tercer negocio
    es la venta de agroinsumos.

    Su facturación
    total ronda los US$ 60 millones anuales, acopiando algo más de
    400.000 toneladas de grano por año. Ocupa de manera directa a 85
    personas y es propietaria de 19.000 hectáreas de tierra, de las
    cuales 4.000 son ganaderas y 15.000 agrícolas.

    Su esquema
    de trabajo contempla una extensa y compleja red de asociaciones y alianzas
    con productores, laboratorios y todo tipo de empresas proveedoras de insumos
    y servicios agrícolas. Entre ellas, un acuerdo con Novitas para
    seguimiento de mercados.

    La empresa
    nació en 1979 y es el desprendimiento de otra empresa con 30 años
    de presencia en el sector rural argentino. Es controlada por la familia
    Grobocopatel.

    El
    Tejar
    Gerentes
    con futuro

    El Tejar
    es una red que agrupa a nueve familias de productores agrícolas
    bonaerenses. Factura US$ 20 millones y este año espera cerrar su
    actividad con una ganancia de 2,5 millones, lo que configura un índice
    de rentabilidad excepcional en la economía argentina.

    “El eje
    de nuestro proyecto fue un sueño compartido entre varias familias,
    para armar una gran empresa agropecuaria donde la clave son los valores.
    Donde el hombre es el centro de toda actividad económica y no una
    variable de ajuste”, afirma Oscar Alvarado, presidente de El Tejar y miembro
    de la comisión directiva nacional del movimiento Crea.

    Actualmente
    cultiva algo más de 50.000 hectáreas y explota unas 10.000
    cabezas de ganado propias. Además, presta servicios a terceros
    por un total de 100.000 cabezas de ganado. Estos servicios abarcan desde
    el gerenciamiento completo del negocio hasta sanidad, reproducción
    y nutrición.

    Con vistas
    al futuro, la intención es seguir siendo productores pero al mismo
    tiempo posicionarse como gerenciadores de negocios agropecuarios. “Vemos
    que en estos años hemos aprendido a gestionar negocios agropecuarios,
    y que ésa es una de nuestras fortalezas más importantes”,
    dice Alvarado.

    A la hora
    de analizar el futuro de la empresa, el gerenciamiento apunta a convertirse
    en la actividad que genera mayor expectativa de crecimiento.

    Además,
    los directivos planean incursionar en la administración de negocios
    forestales.

    El Tejar
    y Los Grobo armaron una red de redes para avanzar en la internacionalización
    de sus actividades. El proyecto en estudio es cultivar algunas zonas inexplotadas
    de Brasil, y posiblemente en Bolivia.

    El objetivo
    es llegar a 200.000 hectáreas en un plazo breve y certificar ISO
    9001 para generar agricultura por contrato, con denominación de
    origen.

    El Tejar
    dio sus primeros pasos en 1987 impulsada por productores cuya facturación
    anual promediaba entonces los US$ 200.000. Inicialmente fueron dos las
    familias que se unieron, a las que luego se fueron agregando las demás
    hasta llegar a las actuales nueve.

    “Ya en el
    ´87 se veía que sería muy difícil seguir siendo un
    productor independiente. Hoy lo vemos como algo tan obvio, que se nos
    hace fácil, no solamente estar asociados sino ser punta de lanza
    de otras sociedades donde vamos creciendo con otros”, sostiene el presidente
    de la empresa.

    Sin embargo,
    afirma Alvarado, más allá de la conveniencia económica
    de las sociedades en red, como la que diera impulso a El Tejar, el secreto
    de una asociación exitosa pasa por otros aspectos. “Lo que debe
    unirnos no es sólo el interés por hacer un negocio, sino
    que debe haber un sueño en común, algo que realmente motive.
    Y la clave para poder asociarnos de forma duradera es compartir ciertos
    valores humanos.”

    Alternativa
    Pequeños
    en vías de crecimiento

    Alternativa
    es una red que nuclea a siete familias de productores de la zona de San
    Justo, en la provincia de Santa Fe. Se trata de pequeños agricultores
    que reúnen unas 1.000 hectáreas entre todos y que, asociándose,
    encontraron la forma de crecer. De este modo lograron triplicar holgadamente
    el volumen de sus negocios en sólo seis años. Cuando arrancó,
    en 1994, la red cultivó 2.500 hectáreas. Hoy ya está
    en las 8.500. Paralelamente, armaron una empresa de servicios agropecuarios.

    “Ya en 1986
    yo había empezado con un pequeño lote de 12 hectáreas
    haciendo siembra directa”, recuerda Juancho Milesi, uno de los fundadores
    de la red.

    A mediados
    de los años ´90, estos productores advirtieron que la siembra directa
    sería cada vez más importante y que requería menos
    tiempo y esfuerzo físico. El primer paso de la nueva sociedad fue
    reunir las herramientas que ya no necesitaban y rematarlas. El producto
    de la venta se utilizó para comprar una máquina de siembra
    directa, una de las primeras que hubo en la zona.

    La demanda
    fue tanta que en poco más de un año compraron tres máquinas
    más.

    “Algunos
    productores se resisten a asociarse, pero la situación los obliga.
    Si los grandes laboratorios se asocian porque no pueden seguir solos,
    ¿qué nos queda a los chicos?”, se pregunta el productor santafesino.

    Los planes
    son seguir avanzando con la red pero tratando de mejorar los márgenes
    de comercialización. También están analizando la
    posibilidad de empezar a ofrecer sus servicios como administradores de
    campos de otros productores.