El desarrollo científico y tecnológico será el motor de profundas transformaciones en el sector agropecuario. “Los grandes cambios posiblemente vendrán de la mano de la biotecnología. Para la Argentina, la principal apuesta debería pasar por la biotecnología y aquí realmente el sector público debería ponerse a invertir seriamente para que no tengamos que estar después comprando las licencias de otros países”, afirma el investigador de la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet), Mario Lattuada.
La evolución de las investigaciones en el campo tecnológico seguramente influirá en el tipo de cultivos que se desarrollarán en la Argentina, como ya ocurrió con la aparición de la soja transgénica y la siembra directa, que cambiaron radicalmente al sector rural.
En todo el mundo se están abriendo negocios muy especializados que ya tienen impacto sobre el país, como la producción de alimentos que curan, o el desarrollo de productos agrícolas para la industria (por ejemplo, el biodiesel o el reemplazo del plástico).
De hecho, en algunos países ya hay autos cuyas chapas están fabricadas con soja, y algo parecido ocurre con los vasos plásticos que ya se producen a partir de un derivado de la soja.
Según dicen sus impulsores, la aplicación de la biotecnología también permitirá reemplazar algunos derivados del petróleo que se usan en polímeros, fibras y otro tipo de materiales usados en la fabricación de pinturas por componentes derivados de las plantas.
Las recientemente fusionadas Dupont-Pioneer ya están comercializando una nueva fibra poliéster que utiliza un tipo de maíz modificado genéticamente.
El agro con chimeneas
“En el futuro, los agricultores no sólo alimentarán al mundo, sino que probablemente también lo provean de vestimenta y le ofrezcan una nueva generación de materiales de avanzada y soluciones más efectivas para las necesidades humanas, todo esto mediante lo que la agricultura siempre ha hecho: producir maíz, soja y otros cultivos”, sostuvo un directivo de Pioneer en un congreso realizado recientemente en Mar del Plata.
En definitiva, lo que las compañías están estudiando es la forma de utilizar ingredientes cultivados naturalmente, junto con organismos biológicos, para modificarlos. Así se busca obtener materiales que no pueden lograrse de manera económica mediante la química o ingeniería química tradicionales.
En esta línea, Víctor Trucco, presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID) sostiene que “la genética nos dará posibilidades que nunca antes existieron”.
De todas maneras, aún no es posible saber cuál será la rentabilidad real de todos estos proyectos. “Eso dependerá de los mercados. Creo que habrá que seguir con commodities pero apuntar a las especialidades”, dice Gustavo Grobocopatel, directivo de Los Grobo.
Además de las modificaciones que podría introducir la biotecnología, también hay que tener en cuenta los cambios impulsados por el desarrollo de toda una nueva generación de tecnologías aplicadas al campo.
Entre ellas, vale la pena mencionar la siembra y la fertilización inteligente. Estas dos innovaciones que ya están presentes en el país involucran el uso de información satelital para la aplicación del insumo exacto en el momento adecuado y en el lugar en que los cultivos lo necesitan.
Naturalmente, disponer de estas herramientas aumenta la productividad de los campos. Y agranda la brecha entre aquellos que están en condiciones de acceder a ella y los que permanecen en la retaguardia.
