miércoles, 3 de junio de 2026

    Exportamos, pese a todo

    En un contexto caracterizado por la retracción del mercado interno, las empresas locales de software ­en su mayoría Pymes­ se las ingenian para salir al mercado mundial con sus productos y servicios. En este afán, según reconocen las protagonistas del sector, gran parte del futuro está en manos del trabajo conjunto entre el sector público, el privado y el educativo. ¿El objetivo a cumplir? Lograr que la Argentina deje de ser exportadora de materias primas y de profesionales inteligentes, para pasar a vender productos elaborados con la inteligencia de expertos y científicos.


    El sector de tecnologías de la información (IT) emplea 20.000 profesionales y se prevé que para fin del 2001 moverá cerca de US$ 5.000 millones. Sobre la base de los datos de la Primera Encuesta Nacional de Software y Servicios Informáticos, llevada a cabo este año por la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (Cessi), existen en el país 500 empresas de tecnología, y se exporta por un total de US$ 50 millones. Pero, de acuerdo con lo expresado por Jorge Casino, presidente de la entidad, si se trabaja “seriamente”, el sector puede vender al exterior por una suma de US$ 100 millones, mientras otros sostienen que la capacidad exportadora alcanzaría los US$ 500 millones.


    “El concepto de exportación de software enfrenta un problema a nivel mundial, más precisamente en el Gatt: todavía no hay un acuerdo claro y es difícil encuadrarlo en sus diferentes categorías; no es lo mismo un software de base, que un aplicativo, un punto com, un utilitario o uno de gestión”, plantea Carlos Zárate, director de Relaciones Institucionales y Normas de Motorola, destacando que, en la mayoría de los casos, las complicaciones surgen a la hora de clasificarlo en los nomencladores de Aduana.


    Más allá de estos inconvenientes, el directivo asegura que todas las empresas argentinas del rubro tienen, en mayor o menor medida, metas en el mercado externo. Algunas consiguen colocar sus productos integrándose en la cadena de valor de una empresa más allá de las fronteras; otras prefieren abrir oficinas en países con mejores ventajas impositivas. Pero lo cierto es que siguen siendo esfuerzos aislados que no se encuadran en un proyecto tecnológico de país.


    No obstante, surgen pistas que alumbran el camino. En noviembre, por primera vez, una delegación comercial argentina participó de Softworld 2001, un encuentro internacional realizado en Vancouver, Canadá, que busca conformar alianzas estratégicas basadas en la cooperación y la complementación de acciones entre las empresas de distintas naciones (ver recuadro de página 86). Además, este año, el gobierno argentino y su par de Irlanda sellaron un compromiso para facilitar el desarrollo de contactos y actividades en el sector de IT y de las comunicaciones. Irlanda es el segundo exportador de software después de Estados Unidos, y, con sus más de 600 empresas locales, genera 40% del software que se vende en Europa. Precisamente, las exportaciones de esta industria y de la electrónica contabilizan 40% del total del comercio exterior irlandés.


    India, Irlanda e Israel: ¿modelos a seguir?


    Según Graciela Roggio, presidenta de Prominente, empresa cordobesa especializada en integración de sistemas, “tenemos todas las herramientas humanas y tecnológicas iguales o superiores a países como Irlanda, que es un gran exportador tecnológico; por lo tanto, sólo hace falta una decisión política y empresarial”. En julio pasado, Prominente instaló sus oficinas en Estados Unidos y en noviembre participó en la exposición Comdex Fall de ese país con su producto Pectra Technology. De acuerdo con Roggio, la empresa planea exportar 15% de su facturación durante el 2002.


    Algunos analistas del mercado local insisten en que los esfuerzos oficiales sólo constituyen un catálogo de buenas intenciones, y que el gobierno no tiene un rumbo claro para hacer de la industria local de software un negocio competitivo. El problema no es la falta de potencial; según Zárate, la Argentina está en condiciones de desarrollar en el ámbito de las altas tecnologías una estrategia a escala nacional, que proponga una apertura hacia el crecimiento y la distribución de empleos y de riquezas. “La investigación, el desarrollo y la manufactura de tecnologías deben adoptarse como la estrategia para la competitividad”, asegura el directivo de Motorola.


    Habitualmente, se menciona a India, Irlanda o Israel como los modelos de esta industria, aunque la Argentina tenga capacidad de exportar productos basados en especificaciones desarrolladas localmente, a diferencia de los otros tres países que exportan software creado a partir de especificaciones desarrolladas en el extranjero. “La diferencia entre ambos modelos es notoria ­destaca Gustavo Viceconti, presidente de NeuralSoft­, ya que el modelo aplicado en la Argentina implica ingresos por royalties, mientras que el otro sólo los contempla por la venta de mano de obra. Creo que un plan de exportación tendiente a replicar estos modelos no sólo implica menor generación de divisas sino que, por la idiosincrasia de nuestros programadores y técnicos, está condenado al fracaso”.


    Viceconti estima que las exportaciones de NeuralSoft para el presente ejercicio totalizarán alrededor de US$ 100.000, lo cual representa 5% de la facturación de la empresa. Sus primeros pasos como exportadora los hizo en Uruguay a fines del año pasado. Luego, en marzo de este año, inició la búsqueda de distribuidores de valor agregado en Miami, y actualmente está en plan de atacar el mercado de los multimedios en Brasil, con su producto Presea Prensa.


    El capital humano


    Las empresas de software tienen su principal activo en los recursos humanos. La Argentina cuenta con un gran capital, de características socio económicas y culturales similares a las de las naciones más desarrolladas. Esto es, hoy en día, un activo del que no muchas naciones disponen.


    Claudio Prilick, gerente general de Open Solutions Argentina ­compañía de sistemas integrales de gestión empresarial que exportó US$ 300.000 en el año 2001 (15% de lo que vende en el mercado argentino)­ dice: “La Argentina tiene grandes oportunidades de convertirse en un exportador de software, por la gran capacidad técnica, profesional e intelectual de los recursos humanos que posee el sector. La clave para el despegue de esta actividad son las políticas de desarrollo que deben partir desde el área gubernamental”.


    En este sentido, con el recurso humano como base para generar investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, el próximo paso consiste en atraer a los líderes mundiales para comenzar el proceso de despegue que debería continuar mediante políticas claras de desarrollo de Pymes. Pero para exportar hay que producir. Y para producir hay que investigar y desarrollar. Por lo tanto, el marco se amplía más al pensar en una ley de desarrollo tecnológico. “Para tener una industria de tecnología, se tienen que dar las condiciones básicas para la investigación y el desarrollo ­asegura el ejecutivo de Motorola­. Las empresas tienen claro este concepto, pero los gobiernos no lo llegan a entender: para producir hay que investigar”. Un dato categórico que cita Zárate es que, en Estados Unidos, 40% de la mano de obra trabaja en las industrias de la informática y las telecomunicaciones, mientras que en la Argentina no llega a 1%.


    Competencia regional


    Este año resonaron fuerte en el mercado local las medidas aprobadas por el gobierno de Uruguay, que expidió dos decretos que comenzaron a regir el 1º de enero, a partir de los cuales se otorgan exoneraciones tributarias a las empresas que exportan software. Los resultados no se hicieron esperar: la cámara que reúne a los productores uruguayos sostiene que, durante el 2000, exportaron una cifra cercana a los US$ 100 millones. El primero de los decretos exoneró a los exportadores de pagar el impuesto a las ganancias, mientras que el segundo les otorgó beneficios con respecto al reembolso del IVA (23%), incluyendo también a los servicios exportados.


    Esto es lo peor que pueden escuchar los directivos locales, especialmente los que encabezan la Cessi, quienes lamentan que, gracias a los beneficios impositivos que ofrecen los países vecinos, las empresas se ven tentadas a irse de la Argentina. “Lo peor que le pasa a la Cámara es escuchar a los socios que dicen que se van a instalar en Chile o en Uruguay”, dice Cassino.


    De todos modos, son pocas las que cruzaron el charco y ­seducidas por diversos beneficios­ abrieron oficinas en la zona franca de Montevideo. Tal es el caso de Calipso Software, productora de soft de gestión empresarial: sus nuevas oficinas están en el denominado Silicon Plaza, parque tecnológico que nuclea a compañías del rubro junto a las de telecomunicaciones e Internet. Esta apertura forma parte de un plan de regionalización más ambicioso de Calipso. “La apertura comercial hacia Uruguay representa el primero de los pasos de regionalización que la empresa ha iniciado durante este año y que servirá de base de operaciones para el crecimiento hacia América latina”, sostiene Svetlana Czyz, directora comercial de la firma.


    Las medidas adoptadas en la banda oriental llevan a pensar en el marco institucional, legal, aduanero y tributario de la Argentina. “Muchas son las falencias que tiene nuestro país”, asegura Carlos Pallotti, de Datastream-Computec, compañía de software de mantenimiento industrial con 60% de sus ventas dirigidas a prácticamente todos los países de América latina. El directivo destaca complicaciones varias: falta de incentivos para el sector, fuerte competencia por parte de los países vecinos, vacíos legales, dudosas interpretaciones sobre valuación en aduanas y un sistema tributario imperfecto. En este sentido cita un ejemplo: “No tenemos un servicio exterior entrenado y con los conocimientos suficientes como para llevar a cabo una promoción de la tecnología informática”.


    Como responsable de la comisión de comercio exterior de la Cessi, Pallotti aclara que el problema con la exportación de software es que sólo quedan asentados en la Aduana aquellos artículos que salen como software enlatado en un medio magnético porque tienen nomenclador aduanero. “El resto de las cosas ­la gran mayoría­ sale como servicios exportados; con la factura de exportación, sí, pero no tienen un nomenclador aduanero. Entonces, se cobran como propiedad intelectual y no como producto empaquetado”.


    De esto se desprende que en las estadísticas aduaneras sólo figura una pequeña parte de los productos y servicios exportados, creando una contra indirecta: al no quedar en el nomenclador aduanero, los servicios asociados al software no tienen el factor de convergencia que se devuelve a los exportadores, según la normativa fijada por la gestión del ministro de Economía, Domingo Cavallo. De acuerdo con la norma, las exportaciones reciben beneficios por la diferencia entre el euro y el dólar.


    Otro de los problemas son los convenios de doble tributación. Cuando se exporta cualquier bien o servicio, el país de destino realiza una retención de impuestos a las ganancias. El país que compra se queda con una cantidad de dólares en concepto de retención y envía un comprobante que la empresa exportadora puede usar como pago a cuenta de impuestos a las ganancias en forma local. Eso se conoce como doble imposición y sirve para no pagar dos veces impuestos a las ganancias. Para aplicarlo, se establecen convenios entre países. La Argentina tiene convenios con, por ejemplo, Estados Unidos, pero no están homologados por el Congreso.


    ¿Qué es lo que hacen los exportadores en general? Ponen un sobreprecio para compensar la pérdida que les ocasiona la imposición. “Esto no es un tema menor, porque estamos hablando de índices de hasta 34%”, agrega Palloti. Estas son distorsiones que complican el panorama de las empresas que quieren exportar. Hay un sobrecosto importante más allá del propio del país, que se convierte en un efecto desmotivante o retardador de la expansión de las exportaciones.


    Un aspecto legal que contribuiría a equilibrar la balanza comercial en la industria tecnológica es una propuesta denominada “Ley del socio local”. Según explica Graciela Roggio, esta ley obligaría a que toda empresa internacional de tecnología que se contrate para proveer productos o servicios a organismos estatales o entes autárquicos deba asociarse para dicha tarea con una empresa nacional, de modo tal de generarle antecedentes que le permitan participar en proyectos internacionales.


    Oportunidades más allá de la frontera


    La búsqueda de mercados externos es una consecuencia lógica del achicamiento del mercado interno. En mayor o menor medida, el tema siempre merodea las mentes de las empresas. Pero la historia y la crisis del mercado local han encendido la mecha exportadora con mayor intensidad.


    Desde principios de los años ´90, la mayoría de las empresas del sector han estado ocupadas proveyendo aplicaciones a las compañías ligadas a las privatizaciones, y luego atareadas en el ahora anecdótico problema del año 2000. Hoy el mercado interno no brinda ninguna de esas oportunidades, por lo cual se ha vuelto imperioso buscarlas afuera. “Ya hay muchas empresas con el tamaño adecuado para soportar una estructura gerencial que permita iniciar procesos de exportaciones, y con productos o servicios medianamente consolidados por haber pasado las etapas de pruebas de manera doméstica”, asegura Carlos Pallotti.


    A esta capacidad se suma la creatividad local que, como señala el directivo de Datastream-Computec, quedó demostrada durante el apogeo de las punto com, cuando 50% de los proyectos en América latina provinieron de la Argentina. Pero, como en muchas otras cosas, lo que puede ser creativo, no siempre es vendible. Pallotti explica que un aspecto que caracteriza a muchos de los desarrollos locales y los servicios de consultoría es que no son pensados como un producto vendible de manera estándar, dado que el creativo tiende a no ser sistemático, dejando algunos aspectos librados al azar como, entre otros, aseguramiento de la calidad, documentación y procedimientos de resguardos. Muchas veces los productos son el fruto de lo que algún cliente pidió como un desarrollo específico, aderezado con algunas iniciativas propias del autor, pero que rara vez obedece a un estudio analítico de los requerimientos del mercado. Por lo tanto, los productos terminan siendo lo que el autor quiere vender y no lo que mercado quiere comprar.


    Otro aspecto a considerar es el análisis de los mercados a los que se puede exportar. “El advenimiento de Internet hace que el mundo esté mucho más cerca de un país que, como el nuestro, siempre ha encontrado en la distancia el principal obstáculo para las exportaciones. ¿Cuántos segundos se necesitan para hacer una transacción electrónica entre Singapur y la Argentina?”, pregunta retóricamente Pallotti.


    En el siglo XXI, cuando las dimensiones del mercado están más allá de cualquier frontera, la capacidad intelectual, la imaginación, la invención y la organización de nuevas tecnologías serán los elementos estratégicos fundamentales para el posicionamiento de un país. Si, tal como profetiza Carlos Zárate, “muchas naciones dotadas de abundantes recursos naturales verán reducidas sus riquezas en el futuro porque las materias primas serán baratas, el comercio será global y los mercados estarán vinculados electrónicamente”, muchas naciones ­provistas o no de estos recursos­ prosperarán porque están otorgando gran importancia a las tecnologías que pueden darles ventajas competitivas. En el listado de tecnologías clave que actuarán como motores de riqueza y prosperidad, el software tiene, por su carácter exportable y por su capacidad para equilibrar la balanza comercial, un lugar de privilegio.

    Cuadro 1 – Software y
    servicios informáticos en la Argentina
    Actividad Total del sector
    estimado
    (US$ millones)
    Participación en
    la facturación
    Venta de productos de
    software
    973 49%
        ­desarrollados
    en la Argentina
    346 17%
        ­desarrollados
    en el exterior
    627 32%
    Venta de servicios profesionales 1.017 51%
    Ventas totales 1.990 100%
    Exportaciones 35 ­
    Fuente: Cámara
    de Empresas de Software y Servicios Informáticos – Cenit (2001),
    y Encuesta Nacional de Software y Servicios Informáticos.

    Misión Canadá

    Con el objetivo
    de incentivar y profundizar las oportunidades de negocios con Canadá
    bajo el principio de alianzas estrategias, un grupo de empresarios argentinos
    del sector de tecnologías de la información encabezó
    una misión nacional que viajó a Vancouver a principios de
    noviembre para participar de Softworld 2001. Coordinados por la Cessi,
    y con el apoyo de la Secretaría de la Pequeña y Mediana
    Empresa y del gobierno de Canadá a través de su Embajada
    en la Argentina, formaron parte de la comitiva las empresas Assist (Rosario),
    Calipso, NovaScope, Scarpa y Asoc. y TGV.

    El principio
    de asociatividad que implementó esta misión es una nueva
    estrategia de ampliación de mercados, basada en la conformación
    de una figura jurídica de tipo alianzas estratégicas o consorcios
    de empresas exportadoras ­modelo que imita al de India­, que
    trabaja sobre la cooperación, la competencia, la reciprocidad y
    la complementación de acciones entre las empresas que las constituyen.
    “No queremos vender horas-hombre, que es muy fácil en informática.
    Nos interesa más la línea de alianzas estratégicas
    y de acuerdos”, aclara Ricardo Ferraro, de la Sepyme.

    Al respecto,
    el secretario de la entidad, Enrique Martínez, aseguró que
    “la Sepyme está interesada en promover el crecimiento de nuevas
    empresas, no sólo en aquellos rubros en los que ya se tiene tradición,
    sino en campos que implican el desarrollo de nuevas economías basadas,
    fundamentalmente, en el conocimiento”. El funcionario agregó que
    “los emprendimientos en materia de software como los de biotecnología,
    son de sumo interés para nuestra Secretaría”.

    Lo novedoso
    de este encuentro, del que participaron 800 ejecutivos de compañías
    tecnológicas de más de 30 países, se concentra en
    las estrategias de asociación y en las oportunidades en tres de
    los sectores de mayor crecimiento: redes de próxima generación,
    computación empresarial, contenido digital y conocimiento. “Para
    nosotros representa una oportunidad única de conseguir un socio
    estratégico que nos permita penetrar aquellos mercados para los
    cuales nuestros productos están dirigidos”, concluyó Gianluca
    Brigandi, CTO de Novascope.

    Cuadro
    2 – Comparación internacional
    País Ventas Exportaciones X/Ventas Empleo Nº empresas
    India 5.700 4.000 70% 410.000 1.250
    Irlanda 6.245 5.907 94% 18.300 679
    Israel 1.500 700 47% 20.000 300
    Brasil 8.038 40 <1% s/d 2.500
    Uruguay 180 60 33% 2.500-3.000 150
    Argentina 1.340 35 <3% 15.000 500
    Costa Rica s.d. 50 s.d. 3.500-4.000 150
    Chile 125 15 12% s/d s/d
    Singapur 1.660 476 29% s/d s/d
    China 3.000 s/d s/d 100.000 2.000
    Corea 6.000 96 <2% s/d s/d
    Fuente: Cámara
    de Empresas de Software y Servicios Informáticos – Cenit (2001),
    Encuesta Nacional de Software y Servicios Informáticos.

    Polos encontrados

    A pesar
    de la crisis económica, están consolidándose en el
    país cuatro polos tecnológicos que ofrecen diversas ventajas
    a las empresas que se instalan en ellos. Su punto más fuerte es
    el diseño y la comercialización de software. Ubicados
    en Rosario, Gualeguaychú, Córdoba y Mendoza, y en distintas
    etapas de concreción, cada una de estas iniciativas nace de la
    colaboración entre los sectores público y privado.

    Apelando
    a las exenciones impositivas para atraer inversiones, en todos ellos sobrevuelan
    temas tales como el papel del Estado en la promoción de las tecnologías
    de la información, los mecanismos de financiación para las
    Pymes, las capacidades de generación de empleo que tienen las empresas
    tecnológicas desde la óptica del Ministerio de Trabajo y
    de los empresarios de IT, las claves para la exportación de tecnología
    y el esfuerzo de la Cancillería para obtener mayor presencia internacional.

    Cuadro 3 – Factores de
    competitividad (del entorno)
    País Líneas
    telefónicas
    Teléfonos
    celulares
    Computadoras
    personales
    Hosts de
    Internet
    Gasto en
    TIC/PBI
    Gasto en
    TIC/hab.
    Argentina 203 78 44,3 38,48 3,40% 294,3
    Brasil 121 47 30,1 26,22 5,80% 267,4
    Chile 205 65 48,2 26,42 5,70% 321,0
    Costa Rica 172 28 39,1 20,47 s/d s/d
    Uruguay 250 60 91,2 76,09 s/d s/d
    Prom. Latinoam. y
    Caribe
    123 45 33,9 22,33 s/d s/d
    Francia 570 188 207,8 131,47 6,00% 1.706,6
    India 22 1 2,7 0,23 3,50% 15,4
    Irlanda 435 257 271,7 159,17 6,50% 1.495,3
    Israel 471 359 217,2 225,1 7,40% 1.372,4
    España 414 179 144,8 105,36 4,00% 673,3
    Estados Unidos 661 256 458,6 1.939,97 8,90% 2.792,1
    Fuente: Cámara
    de Empresas de Software y Servicios Informáticos – Cenit (2001),
    Encuesta Nacional de Software y Servicios Informáticos.

     
     

    “Argentina, ¿Exportadora de tecnología de la información?”.
    Cliquear en Mercado IT y en investigación. Home page de la
    Cámara de empresas de software y servicios informáticos.
    http://www.cessi.org.ar/

    Córdoba tecnológica“.
    MERCADO Córdoba, marzo de 2001.

    Software argentino detrás de las fronteras“. MERCADO
    E-Commerce, noviembre de 2000.

    “Motorola ratificó que abrirá su centro de software
    en Córdoba”.
    La Nación, 18 de agosto de 2001.
    http://www.lanacion.com.ar/01/08/18/de_328414.asp

    Un mundo lejano“.
    MERCADO, agosto de 2001.

    De patito feo a potencia tecnológica“.
    MERCADO, septiembre de 1999.

    “Cessi es el nuevo presidente de la Asociación Latinoamericana
    de IT”.
    Home page, 8 de noviembre de 2001.
    http://www.cessi.org.ar/

    “Uruguay tienta a las firmas locales de software“. Clarín,
    23 de abril de 2001.
    http://www.clarin.com.ar/diario/2001-04-23/e-01201.htm