En los últimos tres años el mercado de productos medicinales sin receta se mantuvo estable, con una facturación cercana a los US$ 300 millones. Una lectura rápida de la evolución de las ventas podría llevar a pensar que este negocio permaneció al margen de la caída general de actividad.
Sin embargo, Luis Sáenz, presidente de la Cámara Argentina de Productores de Especialidades Medicinales de Venta Libre (Capemvel), revela que “de no haber mediado la recesión, este segmento tendría que haber crecido en la Argentina a una tasa anual de 10 a 15%, según las tendencias internacionales”.
Los fármacos de venta libre (también conocidos como OTC, sigla que en inglés remite a over the counter) son aquellos que se utilizan para tratar patologías leves, fácilmente identificables por el consumidor. Entre los productos más reconocidos se cuentan los analgésicos, los antiácidos y los hepatoprotectores. Bayer, Glaxosmithkline, Parke Davis, Bagó y Boehringer ocupan los cinco primeros puestos en el ranking del segmento.
Tres aspectos fundamentales impulsan la expansión global de este negocio. Por un lado, el avance tecnológico que permite encontrar respuestas para mejorar el cuadro general de la salud. Por otro, el crecimiento de una cultura de consumo que garantiza la utilización segura de los medicamentos y, por último, el traslado de varios productos medicinales, que históricamente tenían una condición de venta prescriptiva, a la categoría de venta libre.
Expansión limitada
“El desarrollo de este segmento en nuestro país no ha sido todavía tan amplio como en otros mercados, como Estados Unidos o Europa”, aclara Saénz. “Yo creo que en los próximos cinco años una gran cantidad de productos va a formar parte de los OTC porque reúnen las condiciones de confiabilidad de los medicamentos de venta libre.”
Los complejos vitamínicos, los suplementos dietarios y los medicamentos fitoterápicos pertenecen a esta categoría y tienen un gran potencial de crecimiento. Asimismo, el segmento de los alimentos funcionales, recomendables ante determinadas patologías como la diabetes, la hipertensión o el colesterol, recién empiezan a hacer eco en los usos y costumbres del consumidor.
El retraso del despegue de este segmento en la Argentina responde a una combinación de restricciones culturales y de regulación sanitaria. “Falta recorrer camino para clarificar la información de varios productos y aportar elementos de análisis y discusión a las autoridades para darle dinamismo al negocio”, explica el presidente de la cámara.
La farmacia sigue siendo aquí, a diferencia de lo que se ve en otros países, la principal boca de expendio de los medicamentos sin receta. En los últimos años, la transformación del canal contribuyó a revalorizarla en la preferencia del consumidor. Los sucesivos informes de ACNielsen dan cuenta del cambio. Mientras el año pasado 64,6% de los analgésicos se vendía en este punto de venta, las estadísticas del 2000 le asignan casi 66% de la facturación.
“En la Argentina, la farmacia es, por tradición, el lugar que elige el consumidor para buscar un producto de salud”, asegura Sáenz. “Hace diez años, la desregulación alentó el ingreso de varios rubros alejados del comercio farmacéutico, pero muchos locales no encontraron el resultado esperado. Hoy en día, si bien la oferta está ampliada, se da prioridad a la comercialización de productos de salud y belleza.”
La participación de otros formatos alternativos gana adeptos según la categoría del producto. Los datos de ACNielsen revelan que 96,1% de los hepatodigestivos se adquiere en las farmacias mientras que, en el caso de los analgésicos y de los antiácidos, los quioscos logran llevarse, respectivamente, 18,1 y 22,6% del expendio.
En cambio, los supermercados y autoservicios no consiguen que estos remedios de libre consumo ocupen un lugar importante en sus góndolas: su mejor performance asciende, en conjunto, a 6% en el caso de los antiácidos.
Automedicación responsable
Según estudios de la cámara, en términos generales, los precios de los medicamentos de venta libre se mantuvieron estables en los últimos tres años. Saénz reconoce que, frente a la caída del poder adquisitivo “algunas personas pudieron atender sólo el aspecto paliativo de su problema de salud y recurrieron, entonces, a algún producto para seguir adelante con sus responsabilidades cotidianas”.
Si bien el concepto de venta libre no excluye la posibilidad de que los fármacos puedan ser indicados por un médico, en la mayoría de los casos es el consumidor quien determina la compra de estos medicamentos. Se supone que dispone de la suficiente información para categorizar y diagnosticar dolencias menores que tienen sintomatología sencilla y, frente a esta situación, decidir por sí solo el consumo de estos productos. El profesional farmacéutico es, muchas veces, el referente para la consulta de cualquier duda.
“Nosotros consideramos a la automedicación como la utilización responsable de productos medicinales de venta libre, de acuerdo con las posologías autorizadas por la autoridad sanitaria”, advierte el directivo de Capemvel. “No hay que confundirlo con el libre uso de medicamentos a discreción del paciente. El principal problema de la automedicación irresponsable involucra, en realidad, a medicamentos prescriptivos que el consumidor consigue, con bastante facilidad, sin presentar la receta correspondiente.”
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