jueves, 23 de abril de 2026

    “Si hay teatro es por la tozudez de la gente”

    “Yo soy un privilegiado ­dice Alfredo Alcón­ . Dentro de mis limitaciones y las del medio donde estoy, puedo oler lo que se debe hacer, aunque tampoco he podido hacer todo lo que quiero. Un actor inglés, a los 30 años, ya ha hecho 27 Shakespeares, y con eso se crece, con las grandes obras. Nosotros no podemos hacer los grandes textos porque no hay medios económicos.”


    -¿Su relación con el público ha ido cambiando a lo largo de los años?


    -Yo he sentido un gran afecto del público desde el comienzo. Afecto, no histeria. Nunca paré el tránsito con mi presencia, ni nadie se desmayó al verme, pero el público me acompañó en el trabajo. Si yo pude hacer buenas obras es porque la gente llenaba el teatro, pero el empresario que me contrataba no me contrataba de bueno, me contrataba porque sabía que yo iba a llevar gente. Milagrosamente el público me tuvo fe y apostó por mí. Gracias a ese apoyo nunca hice un papel chico en el teatro, salvo una o dos cositas al comienzo. Mi relación con el público es como con una persona que me ayudó a crecer. Yo siento que esas miradas, eso que se llama el público, es gente que me abrió el camino, me cuidó para que yo creciera.


    -¿Eso continuó durante los años de la dictadura militar?


    -Sí, sí, porque fue precisamente en la época de la dictadura que se produjo un fenómeno maravilloso como Teatro Abierto. Allí la gente hacía colas y colas para poder ver, el teatro se convertía en un hecho social.


    -¿Cómo fue su relación con Teatro Abierto?


    -Estuve en Teatro Abierto, lo que pasa es que en ese momento estuve muy enfermo, a punto de morirme. Aunque de todas maneras pude ir, todavía convaleciente, con aparatos en el cuerpo para poder caminar. Pero me siento orgulloso de haber pertenecido a Teatro Abierto y, sobre todo, me siento orgulloso del público, de la gente que desafiaba su propio miedo para protestar de alguna manera, para sentirse viva en el medio de la muerte.


    -¿Se han modificado los modos de producción en las últimas décadas?


    -Mi relación con todo lo referente al teatro no se ha modificado. Cuando tengo que hacer una obra, me llaman, o yo propongo, y mi representante arregla el sueldo. Si estás contento o conforme con las condiciones la hacés, y si no, no la hacés. Algunas cosas se han modificado para peor, aunque a lo mejor no me pasa a mí, pero les puede pasar a otros compañeros. Me refiero por ejemplo a que ya no hay sueldos, sino que se organizan cooperativas en las que además del trabajo el actor pone el riesgo de que si no va gente, no gana nada. Eso sería lo que se modificó para peor. Para mejor, creo que nada. Me acuerdo que en el ´70 y algo, ´70 y pico, yo hacía obras con 10 o 12 personas en un teatro privado. Ahora estoy seguro de que una obra así no pueden hacerla, no porque no quieran sino porque no dan las cuentas. Por eso se empezó a pensar en cooperativas, en las que hay gente que está asumiendo riesgos en obras muy importantes y gana $ 200 por mes.


    -¿Desapareció la figura del productor?


    -Está Lino Patalano ¿no? Lo que sucede es que quedan realmente los que no piensan en el negocio: les gusta el teatro, el hecho artístico, porque ganar plata en el teatro es muy difícil. Entonces, va desapareciendo la gente que producía teatro.


    -¿Cree que ha cambiado la formación del actor?


    -Yo salí de una escuela, de la Escuela Nacional de Arte Dramático, y desde hace mucho tiempo la mayoría de los actores va a estudiar. Están llenas las academias de teatro, las buenas, las malas, las torcidas, las derechas. La gente sabe que tiene que aprender un oficio. La mayoría de los actores ha salido de escuelas, aunque nadie te asegura que si salís de una escuela vas a ser bueno y si no vas a ser malo, porque desgraciadamente en el arte no hay cálculos. No siempre haciendo dos y dos sale cuatro, de pronto no.


    -¿No siente que se haya producido un vacío de producción artística?


    -De eso yo no me doy cuenta. Creo que está lleno de espectáculos en los ´80, los ´60, los ´70, con hambre, sin hambre, con plata, sin plata, algunos espectáculos buenos, algunos regulares, mucho más que en cualquiera de los países que yo conozco; si no, fijate cuántos espectáculos hay en París. La cartelera porteña es impresionante, y eso no es que se achicó en los ´80, hay cada vez más. No sé si son buenos todos los espectáculos, ése sería ya otro tema.


    -¿Qué función cumplen las salas independientes en los ´90?


    -No es nuevo eso de los teatros independientes. A mí me cuentan que en los ´40, en los ´50, en los ´30 había salas en las sociedades de fomento, en los clubes, se hacía muchísimo más teatro, los gremios tenían sus grupos de teatro. Lo que pasa es que eso se fue perdiendo y fue reapareciendo. Salas como El callejón de los deseos ha habido siempre, y mientras más atrás vayas vas encontrar más grupos de teatro independiente que ahora no hay, formaciones como Fray Mocho, LAT, Nuevo Teatro, que eran grupos que tenían un estilo, elenco estable, una estética propia. Eso sí que desapareció.


    -¿Hubo alguna vez un interés real del Estado por promover al teatro?


    -A veces pareciera que hay teatro porque el Estado da, y no es así, al contrario. El Estado no da, trata de que no haya. Si hay teatro es gracias a la tozudez y a la necesidad de la gente de que haya teatro. El San Martín no tiene presupuesto casi para nada. La gente que está ahí tiene nada más que el título. Ellos pueden hacer muy poco, porque si no hay plata, con buena voluntad se puede hacer muy poco. El voluntarismo sirve para actuar, pero para dar subvenciones hace falta plata. Y eso no te lo da ni este gobierno ni el que pasó, y creo que tampoco el que vendrá.


    -¿Reflejan los autores esta realidad? ¿En qué medida ella los afecta?


    -Un artista nunca es realista, aunque se haga el realista. El artista trabaja con metáforas siempre, porque el arte no es para copiar la realidad, es para recrearla. Pero además, acá pareciera que hubo solamente crisis en los ´90. ¿Y las otras? Además pasamos una dictadura militar. Crisis económica hace mucho tiempo que hay, a veces faltaba un poco más, a veces un poco menos, qué sé yo, pero ¿hace diez años que estamos mal? Me parecía que hacía más. Lo que pasa es que ahora la careta se salió, antes a lo mejor venía el Fondo Monetario pero nosotros no lo sabíamos. Ahora viene, llega el jueves y tenemos que hacer los deberes. A lo mejor ésa es la diferencia, son menos hipócritas, ¿será ésa la diferencia? Yo no me doy cuenta de otra entre los ´80 y los ´90. Será que estoy muy metido en los ´90 y no me doy cuenta, no soy reflexivo, no soy un pensador.


    -Volviendo al teatro, ¿cómo lo afecta eso de que se haya “salido la careta”?


    -No lo afecta, al contrario, lo ayuda, porque la gente cuando viene a ver, digamos, La tempestad, viene con una pasión, porque huele que ese hombre no le está mintiendo, Shakespeare no te miente, Griselda Gambaro no te miente, Roberto Cossa no te miente, los grandes autores no te mienten. Entonces para la gente es como ir a tomar agua a un lugar adonde sabe que esa agua le va a hacer bien.


    -¿Y le hace bien?


    -Yo creo que le hace bien, porque eso va limpiando, te va limpiando lo otro y vas sintiendo cuáles son las verdaderas necesidades. No es así para toda la gente, claro, hay gente que puede morir en medio de la pampa sin saber quién fue Juan Sebastián Bach, pero también se muere sin saber lo que es la penicilina. Y por ahí necesitás tanto a Bach como a la penicilina. A veces no es que no necesitemos algo, es que no nos permiten que tengamos necesidad de eso.