sábado, 18 de abril de 2026

    Según pasan los años

    No sólo políticas económicas y avatares de las empresas reflejan los primeros 1.000 números de MERCADO. Detrás de sus contenidos emergen, mucho más sutiles, por cierto, las tendencias de cada época en materia de oferta y demanda de información.


    Aunque aún no tenga respuesta satisfactoria la eterna discusión sobre si la oferta responde a la demanda o viceversa ­una suerte de reedición del interrogante existencial sobre el orden de aparición del primer huevo y la gallina original­, está claro que la interacción entre ambas suele adquirir las características que el contexto social determina.


    No es casual, entonces, que MERCADO haya aparecido a fines de los ´60, en esa década tan particularmente transformadora de la vida de todo el planeta. Hasta poco antes, la información económica era exclusivamente para iniciados y estaba restringida a los resultados de los mercados y las principales decisiones de política económica.


    Las publicaciones más importantes eran el diario El Cronista Comercial ­que, según los muy memoriosos, había tenido su época de oro en los ´30­ y los semanarios El Economista y, sobre todo, Economic Survey. Pero tenían una tirada muy limitada y, salvo El Economista, circulaban exclusivamente entre suscriptores.


    Y casi nada más, porque los diarios de interés general incluían alguna noticia económica sólo en casos excepcionales, y ­como sucedía más frecuentemente con la información política­ siempre limitados a la descripción de los hechos, sin análisis ni investigación ni confrontación de opiniones.


    Pero en los ´60, además de los cambios culturales que se producían en el Primer Mundo y que aquí llegaban tarde y atenuados, pero llegaban, la sociedad ya estaba mucho más politizada (con un alto grado de sindicalización; con un Perón que, proscripto y exiliado, influía tanto o más que si estuviera presente, y con un partido militar vigoroso y con internas al rojo vivo) y la demanda de información había crecido exponencialmente.


    Ya la información económica había dejado de ser preocupación exclusiva de especialistas desde que, durante la presidencia de Frondizi, el ministro Alvaro Alsogaray tomó la costumbre de explicar por televisión sus polémicas políticas de ajuste.


    Surgieron entonces publicaciones especializadas, primero en política, entre las que sobresalió el semanario Primera Plana. Con un equipo de periodistas de enorme calidad, enseguida se convirtió en referente y pasó a la historia como líder de la campaña que instaló en buena parte de la sociedad la percepción de que el presidente Arturo Illia era lento e indeciso, y que la solución natural era su derrocamiento y su reemplazo por un régimen militar (lo que sucedió, finalmente, el 28 de junio de 1966).


    Pronto Primera Plana tuvo competencia: el semanario Análisis, uno de cuyos editores era el abogado Julio Cueto Rúa. Y así como la primera influyó decisivamente en el derrocamiento de Illia, la segunda desempeñó un papel protagónico en la creación del clima que desembocó, a menos de siete meses de instalado el régimen de Juan Carlos Onganía, en el reemplazo de su primer ministro de Economía, el industrialista Jorge Salimei (uno de los propietarios del grupo local Sasetru) por el mucho más ortodoxo Adalbert Krieger Vasena.


    Nunca más un medio de comunicación volvió a poner o sacar un presidente o un ministro hasta los años ´90, pero entonces ya no fue por razones políticas o de intereses sectoriales, sino por la ventilación de hechos irregulares.


    Mientras tanto, a fines de los ´60 los diarios seguían sin ocuparse demasiado de la economía y los semanarios se preocupaban por sus aspectos macro y políticos. En ese contexto, otro talentoso grupo de periodistas fundó MERCADO, inicialmente un semanario que, además de esos temas, incluyó, por primera vez en los medios argentinos, información sobre la vida de las empresas (noticias institucionales, pero también análisis y tendencias en materia de comercio, management, marketing y publicidad).


    Más aun: introdujo el concepto de ejecutivo que pocos años atrás había creado y desarrollado el escritor estadounidense Vance Packard, y se convirtió en el primero ­y, por mucho tiempo, el único­ de los medios de comunicación locales que respondió a las preocupaciones informativas y formativas de ese singular sector de la fuerza laboral.


    MERCADO alcanzó rápidamente el liderazgo entre las publicaciones de su género porque no sólo ofrecía información sobre un conjunto de temas que las demás no trataban, sino, además, en aquellas áreas en las que tenía competencia también se diferenciaba por la calidad de sus análisis e, incluso, de sus habituales primicias.


    Pero pronto la economía iba a tomar un ritmo demasiado vertiginoso para los tiempos de los semanarios. En los´70, la velocidad con que se sucedieron gobiernos y planes económicos comenzó a exigir información inmediata y despertó definitivamente a los diarios, que salieron a buscar o a formar especialistas y crearon secciones económicas.


    En 1976, la fiebre de los mercados financieros y la plata dulce dio lugar a la creación de varias newsletters diarias ­eran entonces gacetillas impresas en mimeógrafo­ que informaban las tasas de interés para cada operación, cada plazo y cada entidad financiera. Gracias a la visión emprendedora de uno de sus fundadores ­Julio Ramos­, una de esas newsletters se convirtió rápidamente en diario: Ambito Financiero.


    Los ´80 transcurrieron sin grandes cambios cualitativos, con la oferta y la demanda de información económica limitada casi exclusivamente al panorama macroeconómico y, en particular, a los datos sobre las tasas de interés, el tipo de cambio y las disposiciones oficiales.


    En los ´90 la convertibilidad, la estabilidad y la globalización volvieron a cambiar decisivamente el panorama. Mientras los diarios seguían ocupándose de lo inmediato, las revistas recuperaron importancia porque, con la macro tranquila, volvía a ser clave la planificación y la gestión dentro de la vida de las empresas.


    Surgieron entonces Apertura y Negocios, y se reinventó MERCADO. Pero pronto lo que era exclusivo de estas publicaciones ­la primera, bimestral; las otras dos, mensuales­ pasó a ser materia de preocupación para semanarios de interés general, primero, y después para los diarios, que hoy se ocupan tanto o más de la situación de las empresas que de la economía en general.


    Paralelamente, la explosión de Internet potenció al infinito el proceso de segmentación de la oferta y la demanda de información, que ya venía registrándose desde que, hace menos de dos décadas, la radio y la TV les quitaron a los diarios su tradicional función de primer contacto de la gente con la información y los relegaron al papel complementario (profundización, documentación, análisis, confrontación, investigación) que habitualmente habían tenido los semanarios. Como consecuencia, las revistas fueron empujadas hacia la segmentación.


    Para las revistas económicas ­al menos así lo entendió MERCADO­ quedó entonces el campo de la investigación profunda, el análisis de mediano o largo plazo y la anticipación de tendencias. Y, por otro lado, la integración vertical en un sistema informativo de múltiples formatos, como un sitio en Internet (con información diaria, semanal y mensual, más la posibilidad de personalizar los servicios informativos), diversas actividades de capacitación y la publicación de libros y fascículos, en algunos casos mediante alianzas estratégicas con otros medios de comunicación.