sábado, 18 de abril de 2026

    Pague caro para dejar el aire

    La televisión por cable nació en el interior, en algunos casos como la única posibilidad de emitir material local que compensara lo que se recibía a través de las repetidoras de los canales de la Capital. En algunos lugares, excluidos de las rutas de las antenas, era la única televisión que se veía. En la década del ´60 había al menos 30 sistemas de cable funcionando en las provincias, muchos de ellos impulsados y realizados por radioaficionados, técnicos y dueños de casas de electrodomésticos.


    El cambio del sistema hacia un formato más parecido al actual se produjo como un boom en la segunda mitad de los años ´70, sobre todo en localidades de la provincia de Buenos Aires.


    En 1980 los circuitos cerrados del interior ofrecían una programación compuesta por lo más popular de los canales de Buenos Aires. Ese año llegó el color, y las televisoras tuvieron que actualizar sus equipos. En muchos casos, cooperativas locales se ocuparon de reunir el dinero necesario entre los vecinos. Por esa época se fundó la Asociación Argentina de Antenas Comunitarias y Circuitos Cerrados de Televisión, y la actividad tuvo su definición jurídica: la ley 22.285 la definió como “servicios complementarios”.


    Ese fue un paso clave. En 1981 la empresa Video Cable Comunicación (VCC) obtuvo la licencia del Comfer para ofrecer en la zona de Martínez los canales 3, 4 y 5, mientras Cablevisión, que en un principio operaba en La Lucila, ofrecía el 5. Pasaron dos años hasta que Cablevisión llegó a la Capital Federal.


    Por entonces, en todo el país ya funcionaban cerca de 50 sistemas. Hasta 1984, 60% de esa programación era de producción local, sobre todo porque los cables del interior, a través de las parabólicas, recibían apenas la estatal ATC más alguna estación de Brasil y la AFRTS (la señal en inglés destinada a las fuerzas armadas estadounidenses fuera de su país). No estaba permitido recibir y distribuir señales satelitales, salvo algunos permisos que se habían entregado de manera experimental.


    La situación cambió en 1986, cuando el presidente Raúl Alfonsín firmó el decreto 1.613, por el que permitió la transmisión y recepción satelital a particulares prestatarios de servicios de radiodifusión y comunicaciones; así se abrió la puerta para acceder a las señales internacionales. Un año después, CV y VCC subieron su programación al satélite, y la vendieron a sistemas de todo el país.


    La Ley de Reforma del Estado, dictada en 1989, modificó algunos artículos de la 22.285 y habilitó a los propietarios de medios gráficos a adquirir medios audiovisuales. El mapa de las comunicaciones en la Argentina cambió por completo, y comenzó a instalarse una nueva palabra: multimedios.


    En 1991 existían en todo el país casi 1.000 sistemas de TV paga, que sumaban 2,5 millones de abonados. Todavía la mayoría de los cables del interior estaba en manos de empresas locales, algo que se modificó rápidamente a partir de la compra de esos sistemas por parte de los grandes multimedios surgidos de grupos como Clarín, que ese año entró en el negocio de la TV por cable a través de la formación de la empresa Video Cable Privado (VCP). En el 92, VCP coexistía en Buenos Aires con Cablevisión, VCC, Cable Total y Buenos Aires Cable, que se habían repartido la ciudad en zonas. Al año siguiente, la Argentina se convirtió en el país con mayor penetración de cable en América latina, con más de 1.200 operadores y unos 3,5 millones de abonados. Fue la época del boom de los canales de noticias, con CVN de Cablevisión, TN de Artear-Canal 13, Red de Noticias de Telefé y Crónica.


    Concentración y valor


    La segunda mitad de la década del ´90 fue un lustro de enorme crecimiento para el sector. En 1995, las empresas de TV por cable de todo el país estaban altamente atomizadas y dispersas, pero en poco tiempo la concentración llevaría a un mapa de características muy distintas y, aparentemente, definitivas. En 1997, la actividad facturaba ya más de US$ 1.000 millones al año y llegaba a casi 5,5 millones de hogares. A fines de ese año, VCC se vendió en partes iguales a sus competidores Multicanal (heredero de VCP, del grupo Clarín) y Cablevisión. La gran expansión de estas dos empresas, que compraron cientos de cables del interior y extendieron su llegada a países limítrofes, fue la clave del nuevo panorama.


    A mediados del ´98, DirecTV (empresa de Hughes Electronics y Cisneros Television Group) introdujo en la Argentina el sistema de televisión satelital directa, un nuevo carrier que a fines del 2000 recibió al segundo operador, Sky (del grupo Murdoch). Pero la ilusión de la competencia parece naufragar a partir de las intenciones de fusión de los dos gigantes.


    Lo cierto es que con cable o con parabólica, la televisión paga viene ganando terreno sobre los canales de aire. Según cifras de Ibope, entre septiembre de 1999 y septiembre de 2000 más de 500.000 espectadores abandonaron la TV abierta en el horario de 19 a 24, una franja en la que el cable, en el mismo período, ganó 360.000. En octubre de 2000, el cable ganó 250.000 televidentes respecto del mismo mes de 1999. Sobre fines del siglo, la televisión paga en la Argentina concentra una audiencia diaria de más de dos millones de personas.

    Inversores sin
    voto

    Silvia Itkin
    es periodista especializada en medios, y coautora ­junto a Carlos
    Ulanovsky y a Pablo Sirvén­ del libro Estamos en el aire
    – Una historia de la televisión en la Argentina
    .

    -¿Cómo
    se puede describir el origen del cable en cuanto a sus contenidos?

    -El cable
    nació, desde el punto de vista de los contenidos, como un espacio
    interesante para ser loteado, de modo que esos lotes fuesen adquiridos
    por gente que llevara adelante distintos intereses de la comunidad. Era
    más bien la representación televisiva de comunidades pequeñas,
    que se podían ocupar del vecindario. Y la segmentación se
    daba en función de intereses de grupos o sectores; el cable es
    segmentación por excelencia. De modo que había un espacio
    para el gremio de los peluqueros, los odontólogos, la santería
    o lo que fuera.

    -¿Este
    panorama cambió en los últimos tiempos?

    -En Plus
    Satelital sobrevive el estilo de aquellas viejas épocas. Pero en
    general, con el tiempo, esos programas que integraban una señal
    ecléctica fueron creciendo hasta transformarse en señales
    autónomas.

    -El
    abono básico es uno de los más caros del mundo, en un país
    que ocupa el tercer lugar en nivel de penetración.

    -Uno de
    los aspectos más deficientes del servicio de cable en la Argentina
    es que el usuario-consumidor, el que pone la plata, no es tenido en cuenta.
    No se le devuelve su inversión en términos de contenidos,
    mejoramiento de las señales o calidad técnica. Achicar la
    brecha ­ya sea bajando el abono o invirtiendo en otro tipo de contenidos­
    implicaría resignar ganancias, cosa que nadie quiere hacer.