Esta es la edición número 1.000 de MERCADO. Pocas revistas argentinas pueden dar testimonio de tanta longevidad y, al mismo tiempo, de tanta actualidad y vigencia.
Cualquier aniversario es causa de celebración. Es un rito, una ceremonia para festejar y compartir. Como toda convención, tiene mucho de arbitrario. Más allá de los números redondos ¿por qué no celebrar la 999 o la 1.001? que tanta fascinación ejercen sobre los mortales, es un reconocimiento a una exitosa trayectoria y a un fecundo diálogo con el lector.
Para celebrar, hemos optado por abordar un ejercicio intelectual fascinante: registrar las profundas transformaciones que se han dado en todos los órdenes del pensamiento y de la acción en nuestro país a lo largo de más de tres décadas, desde que apareciera la primera edición de MERCADO en 1969.
Al estilo de las mejores revistas de actualidad del mundo, esta entrega trasciende el ámbito propio de la publicación, con foco en la economía y los negocios, para convertirse en un registro sociológico de las mutaciones experimentadas en este lapso y en un detector de las tendencias que se insinúan y que podrán moldear el pensamiento y la realidad de los próximos años.
Las diferencias con las ediciones habituales no se agotan aquí. Para empezar, este emprendimiento fue concebido y ejecutado desde septiembre del año pasado. Como aporte a su originalidad, se encargó su confección a una redacción paralela encabezada por el veterano periodista Oscar González, secundado por Ulises Muschietti, Paloma García y Juan Clivio. Un equipo que no colabora habitualmente en nuestras páginas pero que acredita una extraordinaria trayectoria periodística que aporta un viento fresco y renovador al tradicional estilo de la revista.
Para concretar este verdadero libro de referencia que es una actualizada anatomía del estado de la Nación, hemos optado por solicitar la contribución de destacados especialistas en todas las disciplinas que enriquecen el contenido de esta obra, con singulares e incisivos análisis sobre todos los temas que se abordan.
La pluralidad de opiniones, como corresponde en una madura vida democrática, es el signo dominante de esta edición. No todas ellas representan necesariamente la línea editorial de la revista, pero aun así se incluyen como un valioso aporte a la madurez de pensamiento y a la necesidad de reflejar todo el espectro de ideas que pueblan y atraviesan a la sociedad argentina. El disenso y la diversidad no son patológicos, sino por el contrario el testimonio más evidente del potencial creativo de una sociedad.
A partir del enfoque central los nuevos argentinos esta edición, con un formato editorial distinto al habitual, aborda varios ejes temáticos: Economía; Política; Sociedad, Ciencia y Técnica; Medios; Creencias; Cultura, Educación; Salud; y Humor.
A pocos meses de cumplir sus 32 años de trayectoria, Revista MERCADO mantiene su liderazgo entre las publicaciones dirigidas al segmento de economía, negocios y empresas, posición que se traduce en la cantidad de páginas publicadas, en la circulación, en la cantidad de suscriptores, en la facturación por publicidad, en el readership, y en el reconocimiento de colegas y competidores.
Cuando se intenta desentrañar el pasado y predecir el futuro, generalmente se logra una interpretación del presente. Ni 1984 nos trajo lo que George Orwell temía, ni el 2001 lo que imaginaba Stanley Kubrick en Odisea del espacio.
Hace diez años, al presentar una nueva etapa de MERCADO, con rediseño de contenidos y de estilo gráfico, decíamos: “Nada es permanente, excepto el cambio”. Tal vez nunca tuvo tanta vigencia la frase. El proceso de cambio es vertiginoso, avasallante, y trae mayor incertidumbre porque es menos previsible que antes.
George Bernard Shaw sostenía que todo tipo de progreso depende de los hombres insensatos. La tesis era que los hombres razonables se adaptaban al mundo, mientras que los insensatos procuraban adaptar el mundo a sus necesidades.
Siempre que ocurre un cambio importante debe buscarse, detrás de él, a un ser humano insensato. Por su parte, Charles Handy cree que estamos viviendo la era del cambio discontinuo, el que no respeta un patrón de comportamiento. Y que para entenderlo, se requiere de un pensamiento discontinuo.
En verdad, antes el cambio era bastante más previsible. Proyectar el presente permitía confirmar muchas de las expectativas que se tenían en el progreso, en el avance lineal.
Nadie está en condiciones de prever el futuro con exactitud. Pero hay posibilidades de diseñar escenarios posibles y tener respuesta inmediata ante cada situación que se presenta. Cuando una firma decide iniciar un nuevo negocio o instalar una nueva planta, o radicarse en otro país, aparecen multitud de dudas. ¿Habrá estabilidad política y jurídica en el lugar elegido? ¿Pueden producirse cambios en el marco macroeconómico, por ejemplo una depreciación de la moneda, o la suba de las tasas de interés? En cuanto al vertiginoso proceso de cambio tecnológico, ¿pueden quedar obsoletos la nueva planta o el sistema productivo o de distribución concebido?
Para contestar estos interrogantes, parece recomendable abandonar el antiguo método de pronósticos y predicciones, y estar abierto a todas las posibilidades imaginables. Concebir escenarios, abrir ventanas al futuro y contar con herramientas útiles para reaccionar en forma instantánea es, además, el método idóneo para tener visiones de largo plazo y estar preparados para afrontar cualquier incertidumbre.
Muchos de los columnistas y colaboradores de esta edición coinciden en señalar que el signo distintivo de esta etapa argentina es la desesperanza. Contra el pesimismo generalizado, importa levantar la bandera de un optimismo razonable.
Lo que el país demanda de sus dirigentes es una visión capaz de abarcar una idea precisa del futuro, y de estimular con ella la imaginación y el entusiasmo de la opinión pública. Una propuesta o varias, en competencia articulada, defendida con la fortaleza de la convicción, y elaborada con la consistencia de estadistas inspirados.
Es necesario superar el tedioso tráfago de incidentes domésticos, chismes parroquiales, y la moral de los pequeños tramposos, para levantar la vista y ejercitar el esfuerzo en causas de más aliento. Si como decía el poeta, “el hombre es del tamaño de sus sueños y de sus ilusiones”, hay todavía un enorme espacio vacante esperando a la grandeza.
Lo que se espera de un dirigente también si es empresario es que tenga capacidad para diseñar el futuro, alzar la vista sobre el horizonte, y anticipar el escenario. Para ello es preciso liberarse de la tiranía de las encuestas aunque se esté atento a lo que ellas reflejan, remar contra la corriente cuando es imprescindible, y persuadir a los actores sociales de lo acertado de las propias propuestas.
El tamaño de la brecha a cubrir es perceptible cuando se advierte que, para muchos empresarios, tener éxito significa haber sobrevivido; lo que sin duda tiene mérito en función del pasado, pero no es garantía hacia el futuro. Nos entusiasmamos con los ejemplos que brinda Michael Porter sobre la competitividad de algunas naciones, pero somos incapaces de aplicar reflexión y esfuerzo a explorar sistemáticamente nuestras propias posibilidades. Devoramos toda nueva teoría sobre marketing pero usando la jerga no somos capaces de imaginar el posicionamiento de la Argentina en el mercado mundial.
Hay que competir: por porciones del mercado, por niveles de eficiencia y rentabilidad, pero también por una estimulante visión del futuro que dé sentido al esfuerzo cotidiano y trascendencia a la tarea que toque realizar.
Cuando la sabiduría convencional se empeña en demostrar la hegemonía imperial del pragmatismo, es el momento de abrazar el idealismo.
En esta edición como en las 999 anteriores MERCADO intenta
llegar primero al futuro. Su obsesión sigue siendo la innovación
permanente y la diferenciación sistemática.
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Miguel Angel Diez es Director de MERCADO desde 1991.
