Aunque
no todo el mundo lo perciba, la industria química es uno de los pilares
fundamentales en los que se apoya la dinámica industrial. También
tiene enorme gravitación en la vida cotidiana de los argentinos.
Está presente en la preservación de alimentos, en la ropa,
en la vivienda, en los medicamentos, en el transporte, en las comunicaciones.
Detrás de cada fármaco, o en cada frasco de leche en polvo
o en una simple remera naranja, hay huellas visibles de un sector económico
relevante que es una de las piezas claves de la recuperación que
contribuye a impulsar.
Las últimas cifras disponibles (de 2003) dan cuenta de esta realidad:
el valor bruto de la producción de la industria química y
petroquímica es de $ 16.700 millones, lo que equivale a 22% de la
producción de las manufacturas industriales, participando en 4,9%
del PBI. Además, exporta por US$ 2.200 millones, lo que representa
14,5 % de las exportaciones manufactureras y 8,7% de las ventas externas
totales de nuestro país.
Es significativa la evolución sectorial -que genera 52.000 puestos
de trabajo directo-, que convierte a la industria en uno de los jugadores
más activos del quehacer económico. Entre 1993 y 2001 creció
6,2% anual, mientras el conjunto de la economía argentina crecía
1,6% y las manufacturas iban para atrás (-0,5%).
Reconversión
de los ‘90
El ingeniero José María Fumagalli, ex Atanor, Socma y Petroquímica
General Mosconi, es desde hace doce años director ejecutivo de
la Cámara de la Industria Química y Petroquímica.
Y cuenta que, como en muchos sectores de la economía, los años
´90 marcaron un antes y un después en la industria química.
“Las privatizaciones sellaron el comienzo de una nueva etapa. Hasta
aquel momento coexistían empresas públicas, privadas y mixtas.
A partir de entonces, se produjo un proceso de reconversión de
la industria que demandó inversiones que superaron los US$ 2.300
millones en el sector. Esto resultó en que se duplicara la capacidad
productiva hacia el fin de la década. Concretamente en 1999 la
capacidad instalada era de 3,3 millones de toneladas y en el 2001 fue
de siete millones.
¿Cuál
fue la clave?
El sector ganó en competitividad. Y el otro proceso característico
de la época fue el desarrollo en la integración dentro del
Mercosur. Esto llevó a una mayor competencia y a una dinámica
comercial que se logró con cooperación a nivel institucional,
básicamente entre nuestra Cámara y su par brasileña
(Abiquim). Ambas entidades facilitaron el proceso de integración
al considerar que era fundamental para las industrias de la región.
Los resultados han sido muy satisfactorios para la Argentina si consideramos
que hace 10 o 15 años atrás por cada dólar invertido
en Argentina se invertían cuatro o cinco en Brasil. En el último
tiempo que menciono las inversiones han sido uno a uno.
¿En
qué se traduce ese trabajo en bloque con Brasil?
Adoptamos una mecánica de llevar adelante recomendaciones conjuntas
a los gobiernos. Por ejemplo, hemos trabajado juntos todos los temas referidos
al nomenclador arancelario y a los aranceles comunes del Mercosur. También
en cuanto a las recomendaciones para las negociaciones comerciales que
este bloque llevó adelante con Chile, la Comunidad Andina de Naciones,
o en el ámbito del ALCA o de la Unión Europea. Hemos elaborado
decenas de documentos con ideas, propuestas, detalles técnicos
y temas que hacen al mejoramiento de nuestras industrias y sobre cómo
deberíamos actuar en eventuales momentos de crisis. Cuando llegaron
las devaluaciones, primero en Brasil y después en nuestro país,
teníamos una propuesta de solución para contrarrestar los
eventuales inconvenientes que esos procesos podían traer al sector.
Relación
de antigua data
El vínculo entre las cámaras de ambos países no es
un hecho usual en otras esferas de la actividad industrial. Fumagalli
precisa que se debe a una relación de vieja data entre los empresarios
argentinos y brasileños. Desde hace 23 años se reúnen
una vez por año para analizar la marcha de los negocios del rubro,
y esto ha llevado a que se hayan visto casi obligados a marchar juntos.
“Eso se logra consensuando internamente primero y después
saliendo a negociar en bloque ante otros organismos en el ámbito
regional”, dice. Pero el Mercosur, además de ser un escenario
para trabajar en buenas relaciones con los vecinos, es una oportunidad
para generar ganancias. La virtual eliminación de barreras arancelarias
dentro del bloque y la reducción de costos logísticos al
interior de la región han conducido a un mercado químico
que tiende a reproducir la lógica de un mercado doméstico.
Por eso, sostienen en la Cámara, la oferta argentina no debería
detenerse en el mercado local sino apuntar a los dos países, porque
los clientes saldrán de la demanda conjunta de Argentina y de Brasil.
Es que ahí está el punto: Brasil alcanzó valores
de producción en 2001 del orden de los casi US$ 39.000 millones.
El mercado químico y petroquímico del socio y vecino, según
un estudio de Booz, Allen Hamilton, estima crecer hasta 7,1 % anual hasta
2007. Con esos números, se crea una demanda incremental de US$
17.000 millones destinada a ser cubierta por producción regional,
que no es otra cosa que una posibilidad para Argentina de atender esa
demanda. Eso, además, conllevaría la oportunidad de crear
30.000 puestos de trabajo en el sector, según se proyecta. Como
dicen en la Cámara, éstas son sólo oportunidades
y no una carta astral que dictamina el futuro. Primero hay que atraer
inversiones.
¿Qué
respuestas oficiales tuvieron?
Los gobiernos han ido recibiendo nuestras iniciativas de forma satisfactoria.
El grado de cumplimiento de algunas pautas sugeridas ha sido sorprendentemente
eficaz y altamente favorable para la industria de la región. El
conjunto de la actividad química y petroquímica aborda cuestiones
técnicas muy complejas que los gobiernos no tienen capacidad de
abordar por su propia cuenta. Por ejemplo, las relaciones productivas
dentro del sector, o qué productos son materia prima de qué
otros. Gracias a esta mecánica encuentran una facilidad muy grande
para tomar decisiones. Luego de armonizar el nomenclador arancelario nos
propusimos sugerir cuáles serían los niveles de protección
arancelaria que necesita el sector que nosotros creemos convenientes para
nuestros productos. No es que los gobiernos hacen lo que les decimos.
En todo caso, cuando actúan lo hacen en base a las recomendaciones
del sector en toda la región.
Según un trabajo realizado el año pasado por la CIQyP, el
bajo nivel de actividad general y la caída del valor dolarizado
de la producción sectorial condujo a un descenso en la facturación
de los subsegmentos de química industrial de 20%, pero con distintos
comportamientos dentro de cada grupo de subproductos. Por ejemplo, las
ligadas al mercado exportador -envases de alimentos, por ejemplo- lograron
un mejor desempeño. “En la petroquímica hay un porcentaje
muy reducido de materia prima importada, porque se parte del gas y del
petróleo. En la química fina -colorantes, pigmentos, aditivos,
tensioactivos- puede haber un porcentaje más elevado de insumos
importados que hay que pagarlos en dólares. Pero la devaluación
no produjo efectos notables para nuestro sector. Por un lado el uso de
mano de obra directa no es muy grande. Nuestros principales costos están
en la materia prima, en gastos de capital intensivo y en energía
intensiva. Allí no hubo economías importantes. Los precios
de las materias primas fueron rápidamente negociados a valores
históricos.
Hoy y
mañana
¿Cuáles son las preocupaciones
de aquí en adelante y cómo
juega el sector en un escenario
de reactivación?
La principal preocupación hoy es el abastecimiento de la materia
prima. La más importante
es el gas natural. Y sabemos desde hace tiempo que la crisis energética
tarde o temprano nos va a afectar, incluso a pesar de que el sector tiene
una gran cantidad de contratos en firme. Hoy tenemos dos grandes problemas:
uno de corto plazo, que es de administración de la crisis, y otro
a mediano plazo, que tiene que ver con cuestiones estructurales. Además,
suponiendo que el abastecimiento esté asegurado nos vemos ante
graves problemas en el transporte. Hay que aumentar la producción
de gas disponible, sí, pero debemos generar más capacidad
para que esa producción llegue donde tiene que llegar.
Hoy el transporte está al 100% de capacidad, y superar esta etapa
requiere nuevas inversiones. Es que este es un negocio de largos plazos.
Montar una planta lleva tres años. Cuando una empresa hace una
inversión de este tipo tiene que pensar que la primera venta la
hará más de tres años después, y el retorno
de la inversión puede llegar hasta diez años más
tarde. Por eso necesitamos una previsibilidad muy grande para poder emprender
este tipo de iniciativas. El sector tiene un enorme potencial de crecimiento,
pero en esta coyuntura es muy difícil si no aparece la inversión
en exploración, explotación y transporte. Para esto es fundamental
superar los escollos que hemos tenido en la Argentina con relación
al crédito, no solamente local sino en los mercados de créditos
internacionales. Sin duda que hay una reactivación y creemos que
están dadas las herramientas para el crecimiento, pero debemos
pensar en el largo plazo.
Reservas
suficientes
Argentina cuenta con reservas de gas natural y petróleo suficientes
como para abastecer su mercado doméstico y exportar excedentes.
Al 31 de diciembre de 2001 existían reservas comprobadas de 457.000
millones de m3 petróleo y 760.000 millones de gas. Ahora, la industria
pide reglas claras.
Fumagalli destaca que el acuerdo que se alcanzó entre el gobierno
y los productores de hidrocarburos el 2 de abril pasado parece ser la
primera parte de una solución. Aquel día las petroleras
se comprometieron a garantizar el abastecimiento de gas para los usuarios
residenciales y pequeños consumos durante el invierno a cambio
de que el gobierno autorice ajustes tarifarios de hasta 45%.
“Con la baja en dólares en los precios de energía eléctrica
y del gas en boca de pozo somos más competitivos.
Pero hoy hay riesgos que no podemos asumir, aunque creo que los problemas
están en camino de superación si es que la industria sigue
siendo el motor del crecimiento. Y así como entre 1997 y el 2000
duplicamos la producción, estamos en condiciones de volver a hacerlo
de acá a cinco años si nos aseguran la materia prima.
No nos servirá de nada aquello de crecer 10% en un año;
hoy creemos en que hay que crecer 3 o 4% durante diez años seguidos
para salir adelante. Pero si el gas no está no podremos hacer nada”.
Dos días después de la charla que MERCADO mantuvo con Fumagalli,
el subsecretario de Combustibles Cristian Folgar confirmó lo que
las industrias saben desde hace meses, es decir, que los cortes energéticos
que sufrirán serán “mucho mayores” este invierno
que en años pasados.
A pesar de la imprevisión y de un invierno inminente que se presenta,
a priori, como muy crudo, razones para confiar no le faltan a Fumagalli.
Según las proyecciones de la Cámara, aún en el escenario
más conservador, de aquí a 2007 el sector puede crecer 6,7%
anual, y hasta 12,4% en la más optimista de las hipótesis,
y previendo crecimientos de 8% del PBI nacional.
Para eso necesitarán mayor cobertura de producción local
para esa eventual nueva demanda como consecuencia de la sustitución
de importaciones por oferta interna. Argentina cuenta con excedentes de
materias primas y precios competitivos, y ya que se espera un pico de
precio el año que viene, la industria espera tener todas las de
ganar en función de generar un flujo exportador interesante para
el país.
A comienzos de este siglo el consumo global de productos petroquímicos
representa un valor cercano a los US$ 200.000 millones. La oportunidad
de seguir creciendo está ahí nomás. Aunque, claro,
antes habrá que pasar el invierno
El polo petroquímico
de Bahía Blanca
Si bien es difícil encontrar un patrón único
de localización geográfica para la industria química
local, resulta claro que las primeras radicaciones -en los años
´50 y ‘60- se realizaron relativamente cerca de los grandes
centros urbanos (Buenos Aires, Campana, San Lorenzo).
A mediados de los ´70, las posibilidades de un salto en escala a
partir de las posibilidades de exportación puso en el centro de
la escena a Bahía Blanca. La primera etapa de desarrollo del Polo
comenzó entre 1980 y 1981 con la instalación de una serie
de plantas de Petroquímica
Bahía Blanca (PBB) alimentada por la planta de separación
de gases que Transportadora del Gas del Sur tiene en la vecina localidad
de General Cerri. En 1991 se desarrolló el largo y complicado proceso
que retiró al Estado de la participación
accionaria de las diferentes plantas del polo bahiense. Los grupos locales
que habían participado en los emprendimientos iniciales lo imitaron,
y también emprendieron la retirada.
Cuando el director ejecutivo de la CIQyP habla de reconversión
del sector durante la década pasada, en realidad se está
refiriendo a la inversión que sobre todo aterrizó en el
renovado Polo Petroquímico de Bahía Blanca a partir de
las privatizaciones, pero sobre todo entre 1997 y el 2000. “Al principio
había siete empresas, que luego de las privatizaciones se concentraron
mayormente en dos: PBB Polisur (Dow) y Solvay Indupa. Hoy, solamente el
Polo de Bahía Blanca concentra 60% de la producción nacional
del sector”, explica.
En 2001 llegaron más obras que consolidaron al polo bahiense
como el más importante del país y multiplicaron notablemente
la capacidad instalada a través de un conjunto de plantas de última
generación. En los últimos tres años, la firma Profértil
desarrolló uno de los proyectos de producción amoníaco-urea
más grandes a escala mundial.
Grandes
y chicas
La Cámara de la Industria Química
y Petroquímica agrupa a 85% de los productores químicos
establecidos en la Argentina, desde las gigantes internacionales (Petrobrás,
Monsanto, Dow) hasta las decenas de Pequeñas y Medianas que intermedian
en el sector. En cuanto a este grupo, dado el envión recibido en
los últimos tiempos por sectores usuarios de especialidades químicas
(el textil sobre todo, pero también el cuero y la construcción)
están dadas las condiciones para un mayor protagonismo, siempre
dependiendo de la recuperación del crédito.
Los grandes productores tienen una capacidad de negociación ante
eventuales desajustes en los costos de las materias primas u otras compensaciones
tarifarias de la que los más chicos carecen. Por eso tienen una
oficina especial en la Cámara que las asesora. Es que las Pymes
han tambaleado durante la crisis, y una de las consecuencias más
acuciantes es que se han descapitalizado como consecuencia de la cadena
de problemas financieros. La ausencia de crédito hace que esto
haya sido letal para el capital de trabajo y por tanto de la dificultad
en aumentar la actividad, lo que dificultó las nuevas inversiones
en bienes de capital, que llegan del exterior, dolarizados. Las Pymes
del sector están en el medio de la cadena, es decir que proveen
de insumos o materias primas a otras industrias.
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