La integración en el mundo laboral y los contenidos incorporados en la universidad es un proceso vital para los recién graduados. Directivos empresarios de primera línea colaboran para que los jóvenes profesionales entiendan cómo se administra en el contexto actual. Ellos devuelven el aporte con una mirada fresca enriquecedora.
Por Francisco Llorens
La formación académica brindada por las universidades resulta imprescindible, claro está. Sin embargo, no es –ni tiene por qué ser– integral, acabada y definitiva. Allí radica la importancia estratégica de complementar los estudios con experiencia práctica y conocimiento de la realidad, sobre todo si nos encontramos en el campo de la administración.
Durante este año se llevó a cabo la tercera edición del programa “Los CEO integran teoría y práctica”, coordinado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina.
Para debatir sobre estas cuestiones, Mercado convocó a representantes de estas dos instituciones y de empresas participantes. Alejandro Díaz, director ejecutivo de AmCham; Leonardo Schvarstein, profesor asociado de Dirección General en la UBA; Jorge de la Roza, CEO de Dow; y Fernando Pujals, Country Manager de Aes, dialogaron sobre la retroalimentación que se intenta favorecer entre la academia y el mundo empresarial con este programa.
El programa comenzó de forma incipiente en 2007, con invitaciones informales a distintos CEO para que participen de clases de la materia de Dirección General. Díaz explica cuáles son los tres grandes objetivos: “El primero es la vinculación universidad-sector privado, para que la academia pueda complementar sus buenos conocimientos académicos con las realidades de la empresa. El segundo es la contribución a la universidad pública, ya que la mayoría de los ejecutivos de nuestras empresas se graduaron en la UBA. Y el tercero es tener una plataforma de trabajo sistémico. Hace cinco años arrancamos con un primer formato, y a partir de ahí fuimos construyendo otras actividades que nos permitieron tener un programa integral”.
Para sumarse a los objetivos, Schvarstein aporta desde la óptica docente: “Estamos en un terreno en el cual acercar la universidad a la empresa es muy importante y valorado por nuestros alumnos. Aplicamos criterios de diversidad, ya sea del tipo de empresas –privadas, públicas, ONG–, de género, generacional, de profesiones de origen, de nacionalidad”.

Jorge de la Roza
Participación de los CEO
De la Roza detalla cómo se decidieron a formar parte. “Recibimos la invitación de AmCham y no dudamos en participar. Creemos que para los estudiantes los CEO tienen mucho para contar, como sus logros, desafíos, experiencias en el exterior, y también conocer cómo es la dinámica del día a día de los ejecutivos de la compañía”.
Pujals, mientras tanto, señala cuál es el aporte que pueden dar ambas partes: “Frente a esta propuesta nos pareció interesante brindar un espacio a jóvenes profesionales para que puedan conocer, mediante el intercambio con nuestros managers, cómo se administra una empresa en el contexto actual, y con qué variables tiene que trabajar en el día a día un ejecutivo en una organización. También nos permite a nosotros acercarnos a las nuevas generaciones, y comprender cómo ellos perciben a las compañías, cuáles son sus expectativas profesionales, y qué tenemos que hacer nosotros como empleadores para captarlos y desarrollarlos exitosamente”.
Sobre este tema, Díaz agrega: “Los estudiantes pueden aportar una mirada fresca que viene de una persona que no está contaminada con la organización y que tiene la formación, académica, y a veces hasta profesional, como para poder hacer comentarios que sean perfectamente atendidos por la empresa”.
En esta misma línea, de la Roza agrega que “es un espacio donde las organizaciones pueden agregar valor a los estudiantes. Y en lo que a nosotros respecta, incorporaremos estas actividades dentro de nuestro programa de relacionamiento con universidades”.
“En este intercambio todos aprendemos. Hemos tenido muy buenas experiencias, los participantes vienen preparados a las entrevistas y realizan preguntas excelentes, nos ayudan a repensar cómo nos estamos relacionando con esta generación, y no dudan en realizar comentarios constructivos. Poseen inquietudes de todo tipo, estrategia financiera, de negocio, relaciones laborales y negociación sindical, se animan a plantear sus inquietudes y nosotros estamos abiertos a responderlas y a tomar sus sugerencias”, concluye Pujals.

Alejandro Díaz
El programa en pleno desarrollo
La asignatura en la cual está inserto el programa, Dirección General, es una de las últimas de la carrera de Administración. En una primera etapa, se invita a los CEO a acercarse a la universidad para conversar con los alumnos. “El formato del programa es muy espontáneo y flexible, y el diálogo se da con mucha espontaneidad”, cuenta Schvarstein.
Luego, unos 20 alumnos destacados son seleccionados para estar tres días en una de las empresas participantes. Allí acompañan al CEO en todas sus actividades y también comparten momentos con otros directivos y ven los procesos de la compañía. En esta etapa, algunos inclusive ya están graduados, y esta participación les da un valor agregado.
Para de la Roza, “es fundamental que los estudiantes tengan la visión desde el interior de una organización de avanzada. Esto les permitirá estar mucho mejor preparados para el momento de insertarse en una empresa una vez que se gradúan”.
En términos de Pujals, “participar de este tipo de experiencias los ayuda a enriquecer su mirada sobre el ámbito empresarial, pudiendo integrar los conceptos que ellos muchas veces analizan en el ámbito académico; es decir, aplicando en tiempo real cómo estas nociones entran en juego diariamente en una empresa. Esta práctica sirve para no aferrarse a la teoría; para ser creativos a la hora de buscar soluciones en contextos que nos plantean nuevos escenarios para los cuales la facultad no nos ha preparado. Hoy no se trata de acumular conocimiento, todo está disponible, sino de articularlo de manera tal que nos permita generar nuevas maneras de abordar la realidad. Estos intercambios pretenden despertar esta inquietud en los jóvenes”.
“El nivel de aprendizaje que uno tiene cuando lo ve en el mundo real tiene una velocidad de incorporación de conocimiento totalmente diferente a que si se limita a la lectura de un libro”, ejemplifica Díaz.
Construir un puente entre la teoría aprendida en la universidad y la realidad empresarial es la clave para de la Roza. El mayor aporte que pueden brindar a los estudiantes es “conocer la dinámica de trabajo de la organización, los principales objetivos, las estrategias de crecimiento y la cultura de la empresa. Esto les permite desmitificar cómo es trabajar dentro de una compañía”.
En el mismo sentido, Pujals cuenta que priorizan que los jóvenes conozcan la organización. Para ello, lo trasladan a alguna de sus plantas para que vean el negocio, les transmiten sus valores y principios y fomentan la interacción con los líderes de las áreas. Procuran que sea una mirada integral del negocio, y además de que sea un plan personalizado según las inquietudes y el perfil de la persona involucrada.

Leonardo Schvarstein
Desarrollo de talentos
La generación de nuevos valores es un tema esencial para el futuro de las compañías. La participación en acciones como este programa suele intentar ser un aporte en este sentido.
En el caso de Aes, una compañía enfocada en el sector eléctrico, la necesidad es constante y la demanda no siempre se encuentra satisfecha, como aclara Pujals: “En nuestro rubro en particular muchas veces se percibe la dificultad de encontrar jóvenes ingenieros o técnicos capacitados con el conocimiento específico que requerimos, sobre todo en nuestras plantas en las distintas provincias”.
Para contrarrestar esta realidad, intentan acompañar la incorporación mediante programas de formación y capacitación específicos, para que los jóvenes puedan desarrollarse y permanecer en la compañía.
La realidad de Dow, un grupo de empresas químicas, petroquímicas y agrícolas, es diferente. Para su CEO, “la Argentina logra formar excelentes profesionales que se pueden desarrollar en cualquier ámbito. Tienen un destacado desempeño tanto en el país como en el exterior”. Además, aclara que no encuentran inconvenientes a la hora de reclutar.
El balance del programa, en estos años de implementación, ha sido muy satisfactorio. Schvarstein concluye: “Este es uno de los gratos ejemplos de una situación en la cual todo el mundo sale ganando”.

