martes, 28 de abril de 2026

    Tecnologías ICT

    Hoy los políticos se enfrentan a un mundo transformado por las tecnologías de información y comunicación. Cada vez más gente tiene acceso a teléfonos móviles; la cantidad de datos que se generan en el mundo aumenta en forma exponencial. En todos los países, los gobernantes están decidiendo sobre la forma de fomentar y estructurar la digitalización de sus economías.

    Los países que ya lograron altos niveles de digitalización –definida como la adopción masiva de tecnologías digitales interconectadas y aplicaciones ICT por parte de consumidores, empresas y Gobiernos– han logrado importantes beneficios económicos, sociales y políticos. Para ellos, la digitalización es un camino hacia la prosperidad.
    Otros países se están quedando llamativamente detrás. En este sentido, las diferencias entre países fueron detectadas en un estudio reciente conducido por Booz & Company, “Maximizando el impacto de la digitalización”.
    Además de concentrarse, como tantos otros estudios, en simplemente registrar el “acceso a Internet” –o sea, si la gente puede o no conectarse a banda ancha e inalámbrica– esta investigación analiza en profundidad cómo usa la gente las tecnologías y aplicaciones digitales. Y la conclusión a que llega es que los mayores beneficios económicos y sociales dependen de factores relacionados con adopción y uso: tales como precio, confiabilidad, velocidad, facilidad de uso.
    En cualquier latitud, esos factores determinan el nivel de digitalización, que a su vez tiene un comprobado efecto en la reducción del desempleo, el mejoramiento de la calidad de vida y ampliar el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos. La digitalización permite que los Gobiernos operen con mayor transparencia y eficiencia y tiene un notable efecto sobre el crecimiento económico. Los países en la etapa más avanzada de digitalización derivan 20% más en beneficios económicos que los que están empezando.

    Midiendo digitalización
    En 1990, había 100 millones de computadoras personales en todo el mundo, 10 millones de usuarios de teléfonos móviles y menos de tres millones de personas conectadas a Internet. De estas últimas, la mayoría tenía modems dial-up, o sea, por conexión telefónica. Hacia 2010, había 1.400 millones de computadoras, 5.000 millones de usuarios de teléfonos móviles y una población en Internet de 2.000 millones.
    Durante gran parte del desarrollo del sector ICT, su impacto era medido en términos de conexión: el número de personas alcanzadas por las líneas de telecomunicaciones y, por ende, con acceso a Internet. Pero en un mundo de acceso prácticamente universal, hace falta una nueva forma de evaluación.
    El alcance de la digitalización de un país puede medirse entonces a través de seis atributos: ubicuidad (el nivel de acceso a servicios y aplicaciones digitales), asequibilidad (precio), confiabilidad (calidad de la conexión), velocidad (tasa de producción de datos), usabilidad (facilidad con que la gente puede obtener y usar las aplicaciones disponibles en la Web), y habilidad (de los usuarios para incorporar servicios digitales a sus vidas y negocios).
    Al estudiar el impacto de la digitalización sobre la prosperidad, el estudio encontró indicadores medibles de esos seis atributos. Con esos elementos, entonces, se puede calcular el nivel de digitalización de cualquier país. Los resultados muestran que la progresión de la digitalización avanza en cuatro etapas similares en todas las geografías.
    • Economías en dificultades (aquellas con una puntuación de digitalización de menos de 25) apenas han comenzado a desarrollar conexiones a Internet a precios accesibles, a menudo porque hay factores políticos que lo impiden o por escaso desarrollo económico. Los servicios de Internet se mantienen caros y limitados.
    • Economías emergentes (aquellas con una puntuación entre 25 y 29,9) han logrado importante progreso en brindar acceso generalizado a un precio accesible. Sin embargo, la confiabilidad de los servicios no está a la altura de lo esperable y el uso es bajo.
    • Economías transicionales (aquellas con un nivel de digitalización entre 30 y 30,9) brindan servicios razonablemente ubicuos, accesibles y confiables y el uso se expande a un ritmo relativamente rápido.
    • Economías avanzadas (aquellas con una puntuación de 40 o más) están en la etapa más madura de la digitalización.
    Para el mundo en su conjunto, la progresión de digitalización se está acelerando. A países desarrollados como Alemania, Reino Unido y Estados Unidos les llevó casi cuatro años pasar de la etapa emergente a la transicional; ahora, países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Estonia están haciendo el mismo pase en menos de dos años.
    Esta aceleración resulta de una serie de factores. Los países emergentes están siguiendo un camino que ya abrieron las naciones desarrolladas y están aprendiendo de sus éxitos y de sus fracasos. Además, las economías jóvenes pueden aprovechar tecnologías más maduras y también reducciones de precio. Cuando las habilidades son transferidas a más países, por lo general la implementación y el uso de nuevas tecnologías se acelera.

    Impacto económico y social
    El efecto de la digitalización en la economía de un país es muy visible. En los 150 países estudiados, un aumento de 10% en la digitalización genera un aumento en el PBI per cápita de 0,50 a 0,62. Por el contrario, el acceso, tal como se mide en los estudios de penetración de banda ancha contribuye a un aumento de apenas 0,16% en el PBI per cápita. Cuanto más avanzado el país, mayor parece ser el impacto de la digitalización, lo cual establece un círculo virtuoso: un país refuerza y acelera su propio progreso mientras más avanza por esa línea. Sobre la base de datos de 2009 y 2010, el estudio estima que el impacto económico global de la digitalización, en términos de PBI agregado, fue de US$ 395.000 millones por año.
    El índice de digitalización puede ser una herramienta valiosa para países que buscan mejorar su posición en el mundo. La inversión en infraestructura de banda ancha asegura el acceso rápido a Internet y los servicios de comunicaciones. Pero esa inversión no basta. Como tampoco el paso siguiente de invertir más dinero, aunque lo hubiera. En cambio, los políticos pueden jugar un papel fundamental enfocándose en cinco imperativos clave.

    1. Elevar la digitalización en la agenda nacional. Todo país, cualquiera sea su nivel de madurez en digitalización, necesita una agenda nacional, con control en la rama ejecutiva del Gobierno. De otro modo, el sector ITC puede convertirse en una batalla campal donde muchos competidores, en su lucha por vender productos y servicios online, impiden el progreso.
    Los Gobiernos también pueden elevar la agenda de digitalización creando un sistema eficaz de medidas y controles para demostrar el impacto de cada peso invertido. Las economías en las cuatro etapas de desarrollo todavía están desarrollando y refinando las métricas pertinentes.

    2. Desarrollar un mejor modelo de gobernanza. Los Gobiernos tienen cuatro roles complementarios en fomentar la digitalización. Fijar la política, regular compañías y actividad, invertir en desarrollar el sector y habilitar servicios públicos en la Web. Cada rol es distinto pero debe coordinarse con los demás. Para asegurar sinergia y eficiencias, la mayoría de los países pone las cuatro funciones dentro de una única organización.
    Las estructuras de gobernanza más eficaces son las que permiten la colaboración abierta entre empresas privadas y organismos oficiales, a través de foros industriales. Muchos países desarrollados han obtenido beneficios directos de la colaboración entre sectores.

    3. Adoptar una filosofía de ecosistemas. No es posible detener la convergencia de las telecomunicaciones, medios e industrias de tecnología o la integración de la cadena de valor, que incluye infraestructura, aplicaciones y uso. En todos los países, hasta los más pequeños, las compañías de ICT están mirando más allá de sus mercados locales para expandir sus negocios. Estos cambios en la tecnología y el ecosistema de medios significarán abandonar o cambiar muchas prácticas establecidas de los Gobiernos.

    4. Facilitar la competencia. Aunque el de las telecomunicaciones fue un negocio monopólico durante casi todo el siglo 20, el sector conoció el valor de la competencia desde mediados de la década del 80. Que haya competencia en la provisión de infraestructura de banda ancha y software significa fomentar la innovación y la adopción, dos factores críticos para que los países progresen en sus esfuerzos de digitalización.

    5. Estimular la demanda. Los países pueden progresar rápidamente en digitalización fomentando la adopción de nuevas aplicaciones por parte de particulares, empresas y sus propios organismos. Una manera de estimular demanda es asegurar que los ciudadanos puedan operar en todas las áreas relacionadas con el Gobierno –tales como pagar impuestos, renovar licencias de conducir o inscribirse en escuelas– usando redes de banda ancha.
    Más allá de eso, la demanda de servicios de ICT depende de la alfabetización tecnológica y las habilidades del capital humano. Los políticos pueden invertir en digitalización ofreciendo programas de capacitación e incentivos para la educación. También pueden incrementar el uso fomentando los servicios de banda ancha de alta velocidad y asegurando que esas redes sean a la vez accesibles.