DOCUMENTO (II) |
Por Yuri Doudchtizky

Tanto Brasil como la Argentina han levantado barreras para contener las importaciones, especialmente las chinas, pero también de otras latitudes. Un proceso que añade tensiones en el Mercosur (ver nota de la página 24) y gatilla discusiones y represalias entre los Gobiernos integrantes del acuerdo.
Las grandes empresas consiguen hacer llegar sus mensajes y proteger de algún modo sus estrategias. En cambio las Pyme no están invitadas a deliberar o gravitar en este escenario.
Esa es, en síntesis, la tesis de Rubén Ascúa, presidente de la Asociación Civil Red Pymes Mercosur, y vicepresidente del International Council for Small Business (ICSB).
–¿Promovió el Mercosur la integración regional de las Pyme?
–El Mercosur no tiene ningún departamento dedicado a las Pyme, porque en sí mismo es un acuerdo que tiene muy poca estructura orgánica. Tiene grupos de trabajo, de integración, pero están planteados desde el punto de vista de lo que son aspectos laborales, asimetrías económicas, cuestión medioambiental. Pero no hay nada vinculado con una actividad que pueda tener visibilidad.
Ha habido encuentros relativos a las Pyme y siempre está el tema dentro de la agenda. Incluso hay una definición de Pyme establecida por el Mercosur. Pero hay una versión distinta de lo que significa este tipo de empresas en los diferentes países. El Mercosur no tiene la profundidad que uno puede encontrar en la Unión Europea. Está claro que la evolución ha sido positiva, pero menos profunda que lo que se esperaba.
Digamos que la Pyme es un espectador de lo que sucede. En su momento, una de las cosas que se planteaban era que con estos grupos de trabajo se pudiera llegar a generar una influencia respecto a la toma de decisiones que beneficien en particular a este segmento de empresas, pero desde ese punto de vista no se ha avanzado.
Aparte las Pyme están muy lejos de las reuniones, de los foros. Cuando hay un encuentro del Mercosur, –no estoy hablando de Pesidentes, sino de los distintos grupos– es difícil encontrar empresarios. A veces están los representantes de las cámaras y por supuesto representantes del sector público.
Paulatinamente se ha ido diluyendo también la participación de los Gbiernos provinciales. En su momento había mucha inquietud de parte de los Gbiernos provinciales de fronteras, por ejemplo, la Mesopotamia argentina, estaba muy preocupada por el tema. Ese grupo de integración fronteriza quedó en el olvido. No pasó nada. Tampoco ha habido avance significativo de empresas binacionales en el ámbito Pyme, más allá de algunas fusiones de empresas grandes. Tampoco se han instalado Pyme brasileñas en la Argentina. A pesar de que en Brasil este mundo es mucho más grande, tiene una estructura industrial bastante más poderosa y deberíamos estar invadidos por este tipo de empresas. Pero nada de eso ha sucedido.
Aun así, la mayoría de estas empresas encuentran en los países del acuerdo regional una buena plataforma de lanzamiento a escala internacional.
En particular Uruguay y Paraguay son grandes clientes de pequeñas empresas industriales de la Argentina. Si uno analiza, por ejemplo, los exportadores Pyme de la provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que son las tres principales, va a encontrar que en general venden a países limítrofes y que Brasil exporta mucho más, porque la competencia allí es mucho más fuerte. Por otro lado, muchas Pyme de Paraguay y Uruguay se inician en la exportación con los mercados del Mercosur, especialmente la Argentina.
–¿Qué efecto han tenido las últimas medidas proteccionistas adoptadas por Brasil y la Argentina?
–Las medidas proteccionistas aplicadas desde fines de 2011 han tenido un efecto negativo en el movimiento del Mercosur, pero no tanto como las regulaciones rápidas de divisas o la posibilidad de hacer pequeñas exportaciones. Por ejemplo, una exportación de US$ 2.000 es prácticamente una venta al menudeo, pero existe y es muy posible y sin embargo los costos involucrados en esa exportación son enormes.
Ese tipo de inconvenientes se ven a diario si uno charla con empresarios pequeños.
Las restricciones a las importaciones obviamente han tenido un efecto negativo, pero no de la magnitud que pueden existir en el caso de una industria automotriz.
Es decir, las Pyme, en particular a escala industrial, no han sido muy afectadas.
–¿Cuál es el papel de las Pyme en la industria automotriz y en la agroindustria?
–La industria automotriz ha sido el motor de la reactivación de la actividad industrial Pyme en los 90. Por el contrario, la industria agroalimenticia que crece en los 2000 es básicamente una actividad de grandes compañías y la cadena es relativamente corta.
La participación de las Pyme en esa actividad es menor, en cambio en la industria automotriz es muy importante. Desde el productor de una caja en donde va la pieza, o la pieza misma. Si uno se pone a ver son miles de piezas las que lleva un auto, hay una integración enorme.
Lamentablemente, la participación de los productores argentinos, si uno la compara con principios de los años 90, ha caído prácticamente en 40% del valor de aquel entonces. Es cierto que la producción de autos de –por ejemplo– 1992 era insignificante comparada con la que hay actualmente. Estamos hablando de por lo menos una cuadruplicación de la cantidad de automóviles que se fabrican en la Argentina. El monto total ha crecido pero la producción se ha concentrado.
Al no poder acompañar el requerimiento tecnológico de parte de estos clientes, las Pyme tuvieron que dedicarse a otros segmentos de mercado que generan menos dinámica y menor probabilidad de éxito. Productores de autopartes que se dejaron de demandar, no abordaron la fabricación de nuevas partes, sino que siguieron con la misma producción pero con otros clientes. Ese mercado fue absorbido por las grandes empresas y es por eso que hay una proporción cada vez mayor de partes integradas.

–¿Ve positivo el ingreso de Venezuela?
–Parecería que en el largo plazo va a ser positivo. Más allá de lo que pueda significar desde el punto de vista político, por el hecho de que está gobernada por Chávez, la estructura productiva del país es altamente complementaria de las de la Argentina y Brasil. Eso da una oportunidad no solo en el plano comercial sino también de la diversificación y complementaridad productiva.
Venezuela tiene un buen mercado interno y si tiene oportunidad de mayor acceso a bienes, esto generará oportunidades de nuevas inversiones con productos brasileños y argentinos y eventualmente el desarrollo de una industria en aquel país más allá del intercambio lineal de alimentos versus energía. Incluso en el mediano plazo pueden surgir competidores de Venezuela.
La base de ampliación del mercado no se da simplemente porque uno vende y otro compra, sino porque las productividades van creciendo y de esa manera se va generando una mayor capacidad productiva y una eficiencia que permiten acceder a niveles más altos. Por otro lado, Paraguay es una economía que se ha beneficiado por este boom de los commodities y ha tenido en los últimos años un crecimiento interesante de la inversión externa y hay demanda de tecnología, de equipos, y de bienes que ofrecen nuestras empresas Pyme y representa una impresionante plataforma de exportación para ellas. La suspensión de Paraguay va a afectar en cierta manera a nuestras Pyme porque la reciprocidad sigue existiendo y si la Argentina cierra el comercio, Paraguay también. Aunque las importaciones paraguayas desde la Argentina no son muy grandes.
–¿Qué podemos esperar de un acuerdo comercial con China?
–En una primera instancia parecería que China no es una amenaza para las Pyme de la región. La internacionalización de la economía china se da en bienes altamente seriados. Entonces si uno mira la industria textil hace años que está amenazada y no solamente por China; en su momento era Brasil, después Perú, el sudeste asiático…
En ese aspecto no hay forma de poder competir. El sistema de producción chino, de alto nivel de aglomeración y complementariedad, es increíble. Es un sistema que permite que muchos pequeños productores se transformen en un gran jugador (por ejemplo, una ciudad –o zona– se dedica a la fabricación de ropa interior y hay allí un montón de empresas dedicadas a producir ropa interior, o anteojos, u osos de peluche).
Pero, por ejemplo, las empresas que se están desarrollando al amparo de este programa de protección de la industria electrónica en la Argentina, (computadoras, televisores, teléfonos móviles), no solo en Tierra del Fuego, también en Buenos Aires, San Luis y Córdoba, automáticamente se van a ver afectadas por un acuerdo con China, Indirectamente afectaría a todos los proveedores que se puedan desarrollar en ese proceso productivo local. Pero una Pyme china aislada, no va a venir a la Argentina.
–¿Qué debería hacer la Argentina para ganar competitividad?
–Está costando competir por la ecuación de costos internos. Cuesta competir con Brasil e incluso con Estados Unidos. En el corto plazo los empresarios están demandando que haya un mejor valor del dólar. Pero como país se necesita una estrategia a largo plazo. Y las políticas de largo plazo están reñidas con la lógica del político que cada dos años tiene que rendir examen.
La tentación a dejarse seducir por políticas de corto plazo es alta y eso es lo que de alguna manera está impidiendo que se generen políticas de largo plazo para aumentar la competitividad.
En cuanto a incrementar la productividad hay que introducir dosis crecientes de inversión, proceso que tiene que ver más con conocimiento que con capital. Las Pyme por lo general tienen una dosis menor de capital y por eso necesitan un aporte mayor de conocimiento. Ahí es donde aparece la externalidad pública. Que pueda tener acceso a ingenieros bien preparados que se formen en la universidad tecnológica; que los torneros se formen en las escuelas técnicas públicas; que el acceso a prueba y error –que es una cosa importantísima dentro de la dinámica Pyme– se pueda lograr a través de laboratorios que no sean restrictivos para estas empresas.
Más allá de las cuestiones de corto plazo, como por ejemplo decir que el dólar debería estar a $6, que es lo que generalmente un empresario atina a decir. En ese sentido la brecha entre la Argentina y Brasil creció mucho. Sumemos el FONTAR, el programa Pyme, las acciones del Ministerio y la Secretaría de Industria y Comercio, más los programas provinciales y si lo comparamos con el SEBRAE de Brasil, ni siquiera arrancamos.
SEBRAE es el organismo de apoyo a las Pyme más importante del mundo. Y no solo porque tiene recursos. Estamos organizando nuestro congreso de la Asociación Civil Red Pymes del Mercosur en Brasil y es impresionante el apoyo que recibió la Universidad de Sao Paulo para organizar nuestro congreso. No solo desde lo económico sino desde lo institucional. Por ejemplo, vamos a hacer un panel de análisis de un tema relevante, y automáticamente aparecen tres disertantes. Independientemente de que sea disertantes de fuste o no, que haya que pagarlos o no. Aquí uno va a organizar algo y no aparece ningún representante público, tiene miedo de hablar. O hay que armar algo que solamente asegure que van a estar exclusivamente amigos, y que van a aplaudir cualquier cosa que diga el funcionario.

