ESTRATEGIA | En foco I

Detrás de este proceso aparecen varios factores. En primer lugar, operaron drivers exógenos, como la sequía (primero, y las inundaciones después), que dañaron sustancialmente la cosecha agropecuaria. El ámbito externo también impactó negativamente a través de la apreciación del dólar (por la crisis europea), y especialmente vía desaceleración de Brasil.
Un espacio importante ocupa la política económica llevada adelante por el Gobierno, que no hizo más que agravar los problemas existentes. Las restricciones a las importaciones generaron dificultades en diversas cadenas productivas, ante la dificultad de importar insumos y bienes de capital. Mientras que las dudas sobre la evolución futura del dólar y las restricciones cambiarias han deteriorado la confianza, afectando los planes de consumo e inversión.
Cada uno de los sectores de la economía se vio afectado en alguna medida por estas distintas restricciones que se presentaron en 2012 y que llevarían a crecer al país a menos de la mitad de lo registrado durante el año pasado.
Los súper precios del agro trajeron alivio
La sequía supuso un importante golpe para el campo, con estimaciones para la campaña que se vieron fuertemente afectadas por la escasez de lluvias de los primeros meses del año. Los cultivos más afectados fueron la soja y el maíz. Para el primero se pasó de una campaña estimada en 52 millones de toneladas en noviembre del año pasado a menos de 40 millones toneladas. En el caso del maíz, se proyectaban 29 millones de toneladas, que terminaría siendo menos de 20.
Esta caída en la cosecha fue compensada parcialmente por el ascendente precio de los commodities como consecuencia primero de la sequía en Sudamérica y luego por la extendida sequía en Estados Unidos. Ello permitió vender gran parte de la producción a valores superiores a los US$ 500 por tonelada, valor impensado al momento de la siembra en el verano 2011/2012.
Hoy el valor de la soja está tocando el techo de US$ 600, sin embargo para lo que resta vender, la limitación pasa una vez más por el factor incertidumbre. Muchos productores no quieren pesificarse y prefieren esperar para vender. Ello no permite que se aproveche todo el potencial del efecto derrame que genera el sector en las economías de las provincias, hoy muy necesitadas de recursos. Esto ocurre por una sencilla razón: de quedarse con los pesos, los productores no sabrían qué hacer con ellos. Y ante esta duda, que es la de gran parte de los argentinos, la mejor opción pasa por el “ahorro” en un bien que está cotizado en dólares.
El escenario actual de menor cosecha también está repercutiendo sobre las industrias relacionadas con el agro. En el caso de los agroquímicos se registró una importante desaceleración de las ventas, mientras que para la maquinaria agrícola se produjo directamente una caída.
Las restricciones a las importaciones operaron de forma diferente para ambas industrias. En el caso de los agroquímicos, sumó nuevos inconvenientes ya que en el proceso de producción se cuenta con una gran cantidad de insumos importados. Esta situación pudo suplirse en un primer momento con stocks, aunque poco a poco se están agotando y dejan un manto de dudas sobre la adaptación de la industria a este nuevo contexto. En cuanto a la maquinaria agrícola, las trabas a las importaciones terminaron jugando a favor ya que, pese a la caída general de las ventas, la producción local pasó a ganar una gran participación.
Para la campaña 2012/13 las proyecciones para el agro son positivas. En el caso puntual del trigo, los principales inconvenientes pasan por la menor área sembrada, a raíz de las problemáticas generadas con la intervención del sistema de comercialización en los últimos años. El Gobierno finalmente anunció la liberación de un cupo de 6 millones de toneladas antes de que comience la cosecha de la campaña 2012/13; sin embargo al momento de hacerlo los productores ya tenían definida la siembra, por lo cual las novedades llegaron tarde.
Distinta es la situación del maíz, debido a que al igual que la soja todavía no se ha comenzado con el período de siembra y ya se ha pautado el cupo de 15 millones de toneladas, con lo cual todo indica que favorecerá la superficie a sembrar.
En general para los principales cultivos del agro las perspectivas para el año 2013 son positivas, ya que a los precios se le sumaría el buen clima, generando iguales o más ingresos y beneficiando a todas los encadenamientos industriales relacionados con esta actividad. El fenómeno de “El Niño”, sumado a precios que se mantendrán en buenos niveles otorgará mayores ingresos en dólares,
La industria pisa el freno
Para la industria uno de los termómetros siempre pasa por Brasil, fundamentalmente por la complementariedad que alcanza con la industria automotriz local. Justamente este es el sector que hoy muestra una mayor caída (10%), como consecuencia del demorado repunte del país vecino.
Durante el primer semestre del año la producción automotriz sufrió, primero una fuerte desaceleración, y luego una retracción respecto del año pasado. En números esto implica unos 60.500 vehículos menos.
Las exportaciones a Brasil cayeron 30,6% en el primer semestre, lo que equivale a 59.600 unidades menos que en el mismo período de 2011 (casi la totalidad de la caída en la producción).
Las ventas domésticas, por su parte, pudieron amortiguar en parte la contracción de la producción que impuso el mercado externo. En el semestre, las ventas mayoristas de vehículos nacionales crecieron 11,5%.
Dado que casi toda la contracción de la producción se debe a la menor demanda del mercado brasileño, la eventual recuperación durante el segundo semestre y el año que viene dependerá de la velocidad a la que las ventas en Brasil retomen el crecimiento.
Esta caída general del sector automotor ha repercutido de forma negativa sobre los rubros directamente relacionados como el de neumáticos, la siderurgia y la industria del plástico (por los materiales para interiores).
En la actividad de la siderurgia durante los primeros cinco meses del año, la producción local de acero primario se incrementó 1,7% con respecto al mismo período de 2011, aunque la producción de laminados en caliente y planos terminados en frío (ambos etapas productivas más avanzadas del acero primario) cayó alrededor de 2,5% en el mismo período.
En los meses de abril y mayo, como consecuencia de la caída de demanda, la industria experimentó un freno, reduciendo su producción 3,2% en términos interanuales. De todos modos la producción podría llegar a repuntar más cerca de fin de año y 2013 sería más auspicioso, de la mano de una mejora del panorama interno y de un mundo con mejores condiciones para la demanda.
El costo de la inflación en el sector textil
Sin dudas uno de los grandes inconvenientes para sectores como el textil, que tienen una gran dependencia del mercado interno, es la galopante inflación que si bien favoreció un adelantamiento de consumo, en épocas de estancamiento como las actuales comienzan a erosionar los ingresos reales de los consumidores. Asimismo, su impacto sobre el nivel de costos lleva a una continúa pérdida de competitividad en el sector y a una fuerte dependencia de las medidas de protección.
Si vamos a los números, la demanda del sector, reflejada en las ventas de indumentaria y accesorios deportivos en los centros de compras, muestra una fuerte desaceleración a partir de 2012, con una caída de 1% en el primer trimestre frente a 10% del cierre de 2011 en cantidades. El deterioro en el nivel de actividad de la cadena de insumos se viene reflejando desde el segundo semestre del año pasado y durante 2012 continuó esta tendencia, acumulando una caída para el bloque superior a 3%. Sin embargo en el sector se observan caídas superiores a 20% como en el segmento de fibras sintéticas y artificiales.
Por otra parte, el recrudecimiento del control de importaciones atenta contra el circuito productivo en el sector de insumos textiles dado que no se distingue entre insumos con capacidad de abastecimiento y bienes de capital, como así también en las ventas de indumentaria en temporada por no contar con la mercadería a tiempo.
Durante 2012, con un mercado estancado, las medidas de protección no alcanzarían para evitar el deterioro del sector industrial. Si bien el escenario tendería a estabilizarse en 2013, dependerá del sostenimiento de los ingresos reales de los consumidores.
Faltan señales en el sector energético
Hacia fines de 2011, se anunció una quita selectiva de subsidios a algunas actividades económicas y sectores residenciales de altos ingresos (principalmente de CABA), a lo que le siguió la habilitación de la renuncia voluntaria al público en general.
Sin embargo, esto alcanzó un porcentaje reducido del universo subsidiado y no repercutió en mejores pagos a las generadoras, ni en indicios de una actualización tarifaria para las distribuidoras. Las últimas enfrentan una situación financiera particularmente complicada, con dificultades para afrontar gastos operativos, como el mismo pago a CAMMESA por la energía que demandan.
Por otra parte, ante la falta de abastecimiento de gas natural, las usinas térmicas continúan recurriendo a los combustibles líquidos, y en especial al gas natural licuado. Esto presiona sobre las importaciones del sector energético, que se estima que estarían por encima de los US$ 11.000 millones en 2012, entre combustibles líquidos, gas natural licuado y los envíos desde Bolivia.
El rubro energético continuará siendo uno de los principales sectores por donde se drenen los dólares tan necesarios para afrontar el calendario de pagos de deuda, aunque en 2013 la carga de vencimientos sea menor que este año. El déficit energético no se revertirá mientras no se encare el problema estructural en el upstream, y en particular en el gas natural.
La estatización de YPF trajo renovadas expectativas sobre un sector en el cual durante los últimos años se ha verificado una continua caída de reservas, tanto de crudo como de gas. La nueva gestión buscó poner en marcha la producción de áreas y equipos improductivos de la gestión anterior, por lo que se espera cierto rebote que ya se observó en el mes de abril, con una suba de 12% en la producción de petróleo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que se parte de un año de comparación muy bajo cuando la caída de la producción fue acentuada a causa de los conflictos gremiales durante el año pasado. Esta será una cuestión a monitorear, de hecho este año la extensión del conflicto en Cerro Dragón llegó a casi un mes.
Una de las grandes incógnitas del sector pasará por las reservas de combustible no convencional, la “estrella” del sector. En un comienzo puede observarse un gran interés por conocer la realidad geológica por parte del sector privado, con cierta reactivación de la actividad perforatoria en exploración mediante pozos horizontales. Estos se orientan a poner en marcha la producción de shale oil, principalmente en Neuquén tanto de parte de empresas privadas como de YPF, que también retomó las inversiones en Chubut.
Sin embargo, aún persisten las dudas. Harán falta muchas inversiones para poner en valor los recursos del shale en especial del gas y dar inicio al camino de la recuperación del autoabastecimiento.
Actualmente, las dificultades para importar obstaculizan las inversiones en equipos de perforación necesarios para llevar a cabo los pozos horizontales. Las restricciones de giro de utilidades desincentivan las grandes inversiones necesarias del sector privado. Pero el gran interrogante que aún no encuentra respuesta es si los precios obtenidos en boca de pozo del gas natural serán suficientes para amortizar los mayores costos de producción del shale como también el esquema de precios que se adoptará en el downstream.
Construcción: el más afectado
Al ser uno de los sectores dolarizados, es claro que el sector de la construcción ha sido uno de los más perjudicados por la política oficial del cepo al dólar. Y la actividad se ha tenido que adaptar a dos nuevas reglas: dólar “blue” y la pesificación.
En lo que va del año la actividad de la construcción registró una merma de 0,7% en la comparación interanual. En tanto que la tasa promedio de caída de los meses de abril y mayo rondó 6,5%.
Durante los últimos dos meses todos los bloques indicaron importantes caídas. En el caso del bloque de “edificios para vivienda” (el de mayor peso en el sector y con una gran incidencia del sector privado) es la primera vez desde mayo de 2009 que registra dos caídas consecutivas en la actividad. La merma interanual promedio fue de 5,6%, la más pronunciada desde el año 2002.
El sector público también se frenó. Aquí fueron las restricciones financieras del fisco las que influyeron a la baja. La obra pública está siendo una de las variables de ajuste en el Gobierno nacional y también en los provinciales.
Por otro parte, los guarismos de insumos dan cuenta de que tanto los inicios como la finalización de obras sufrieron el freno. La incertidumbre reinante lleva a postergar las decisiones de inversión. A su vez, el mercado inmobiliario todavía no se amoldó a las nuevas reglas de juego y tuvo una importante caída en sus operaciones durante la primera mitad de este año.
Si bien la coyuntura actual y la política económica han generado una fuerte incertidumbre que impactó negativamente sobre el sector de la construcción y la actividad inmobiliaria, este sector continuará siendo una alternativa de inversión, frente a tasas de interés aún bajas y un dólar oficial que mostrará una devaluación menor que el alza de precios.
El mercado paralelo aún es chico. La mayor parte de los costos de la construcción son en pesos, con lo cual los desarrollistas están en una mejor posición para adaptarse a las nuevas condiciones imperantes.
Mejores perspectivas
Para 2013 el mundo volverá a dar un impulso y dejará abierta una puerta para que la economía local pueda volver a despegar. Los factores externos que podrían dar el nuevo impulso vendrán por el lado de las mejores perspectivas para el agro, con precios históricos y un clima que acompañará, y por la posible mejora en el crecimiento de Brasil.
Aprovechar o no esta oportunidad que se presenta en el horizonte va a depender de lo que se haga en materia de la política económica interna, específicamente con las restricciones sobre las importaciones y sobre la compra de dólares. Dichos controles, que se instrumentaron como soluciones de corto plazo para compensar por la merma en la competitividad y la debilidad del peso, tuvieron un evidente impacto tanto en las expectativas como en el aspecto productivo, y no terminaron de resolver la causa madre de los principales desequilibrios en la economía local: la inflación.
El presente es un informe llevado a cabo por abeceb.com



