miércoles, 22 de abril de 2026

    Es el mundo quien empuja crecimiento con equidad

    DOSSIER |


    Ilustración: Matías San Juan

    Por Lucio Castro (*)

    El motor es el proceso estructural de urbanización, industrialización y transformación alimentaria que experimentan las economías asiáticas.
    Estas tendencias continuarán empujando la demanda de productos alimentarios en el próximo lustro y brindan grandes oportunidades para la Argentina. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), hacia 2050 la población mundial alcanzaría los 9.600 millones de habitantes. Para satisfacer esta fuente de demanda adicional, la producción global de alimentos debería aumentar un improbable 70%.
    El consenso proyecta un crecimiento de más de 3% de la economía mundial este año, cercano a 4% en 2013, con los países en desarrollo creciendo más del doble. La reacción de política de los dos motores externos de la Argentina en el segundo semestre, Brasil y China, sugieren un mayor crecimiento hacia fines de 2012 y principios de 2013. Pero nuestro país está dominado por políticas de restricción de importaciones y controles de capitales y cambiarios con complejas consecuencias domésticas e internacionales.
    Según el Global Trade Alert (GTA), la Argentina se ha convertido en el principal impulsor de medidas de proteccionistas en el mundo. La ruptura de los acuerdos comerciales y tributarios con México y Chile y los repetidos conflictos comerciales con los principales socios afectan la integración virtuosa con la economía mundial. A las múltiples barreras comerciales y administrativas, se suman las restricciones para el financiamiento para exportación.
    La suspensión de Paraguay y la inclusión de Venezuela abren interrogantes sobre las modalidades, alcance y profundidad del Mercosur. La virtual parálisis de la agenda externa, signada por la escalada de los conflictos comerciales de la Argentina en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), agrega tintes ominosos al horizonte del bloque regional.
    En este contexto, mejorar la infraestructura de transporte y logística para el comercio exterior permanece como una asignatura pendiente. Niveles relativamente moderados de inversión y un fuerte sesgo hacia el transporte automotor, aumentan los costos de la producción nacional y magnifican los problemas de congestión de los principales nodos de salida del sistema.

    Internacionalización productiva
    Es posible aprovechar el guiño del mundo a partir de una estrategia de internacionalización productiva. En primer lugar, es necesario pasar del régimen de restricciones a las exportaciones a un sistema menos distorsivo que no castigue la producción. Dadas las necesidades fiscales de corto plazo, es importante mantener en el mediano plazo los derechos de exportación a la soja. Pero es fundamental eliminar las cuotas y otras restricciones no arancelarias, que no generan recaudación, incentivan comportamientos de búsqueda de renta y fomentan la concentración productiva, al focalizarse en las actividades y cultivos alternativos a la soja.
    Paralelamente, es necesario eliminar gradualmente las retenciones al resto de los cultivos en dos años. Para el maíz, el trigo y la carne bovina, la reducción de las retenciones debe ser aún más progresiva, en un plazo de cinco años, y combinada con el refuerzo de los sistemas de protección social existentes para compensar la suba en los precios alimentarios en la población de menor ingreso relativo. Como propuesta de mediano plazo, el régimen de retenciones, incluida la soja, debe ser remplazado por un sistema de pago a cuenta de ganancias.
    También es fundamental remover las medidas administrativas de restricción de las importaciones, como las licencias no automáticas (LNA), y eliminar políticas informales de coacción que evitan la importación de alimentos y otros bienes. Estas medidas no generan recaudación para el fisco, incentivan comportamientos de búsqueda de renta en las empresas y discrecionalidad en el Estado. Además, aumentan el costo de insumos y bienes importados para familias y empresas, generan ineficiencias en la asignación de recursos e incertidumbre para la inversión en capital reproductivo.
    Una apuesta de política de más largo aliento es crear un organismo único con rango ministerial para nuclear todos los programas y agencias en el plano nacional que promueven la internacionalización empresaria, hoy distribuidos entre el Ministerio de Industria y la Cancillería. Este Ministerio de Internacionalización Productiva (MIP) asistiría a las empresas en todas las etapas de su proceso de internacionalización: desde la exportación potencial, pasando por la primera exportación y la exportación persistente, hasta la localización de filiales o empresas asociadas en el exterior.
    Un objetivo fundamental del MIP sería promover la diversificación de las exportaciones con el apoyo a nuevos sectores de exportación, con foco en la resolución de problemas de coordinación y la provisión de bienes públicos sectoriales esenciales para su desarrollo. Particular esfuerzo debe hacerse en la promoción de nuevas empresas exportadoras en sectores innovadores, donde los costos de entrada a la actividad exportadora son más elevados.


    Lucio Castro

    Tareas fundamentales
    Para lograr este objetivo, el nuevo ministerio debería desarrollar tres tareas fundamentales: negociaciones comerciales internacionales, promoción de exportaciones y políticas y programas de competitividad con incidencia en la oferta exportable, incluidas las políticas de atracción de la inversión extranjera directa.
    Para ello, es necesario atraer la inversión nacional y extranjera a “nuevos” productos con potencial transable, fomentar el desarrollo de encadenamientos productivos y mejorar la imbricación productiva entre pequeñas y grandes empresas. También es posible promover una mejora en la calidad de la participación de las empresas transnacionales en el entramado productivo local, simplificar las regulaciones que afectan el negocio exportador y mejorar el vínculo del sector exportador con el sistema nacional de innovación tecnológica.
    La experiencia de países como Australia o Nueva Zelanda sugiere la necesidad de reformar los esquemas de incentivos existentes en el país para, en primer lugar, establecer objetivos claros y medibles de desempeño y, en segundo lugar, implementar incentivos con fechas de finalización preestablecidas para disminuir el riesgo de dependencia y captura. También es importante generar instancias de evaluación externa al Estado para determinar la eficiencia de los incentivos ofrecidos, e impulsar un enfoque comercial de las actividades de I+D relacionado con el sector privado.
    Para apuntalar al nuevo ministerio es esencial una ley nacional que ordene las políticas de internacionalización empresaria. Esta norma permitiría eliminar duplicaciones innecesarias, y asignar más eficientemente el gasto destinado promover los productos y servicios argentinos en el exterior. Además, actuaría como marco de incentivos estable para las estrategias de internacionalización de las empresas nacionales.
    Es preciso reformular el Mercosur para completar el mercado regional y aumentar las posibilidades de realizar acuerdos extra regionales. La Argentina puede tomar la delantera, al eliminar los obstáculos al comercio intra Mercosur e implementar programas de reestructuración productiva focalizados en sectores con problemas de competitividad sistemática.
    Al mismo tiempo, es vital avanzar en la integración productiva de sectores con gran potencial de complementariedad con Brasil, como el automotor, las energías renovables y la cadena agroindustrial. Para ello, es clave fortalecer primero el sistema financiero local, pieza fundamental para que las empresas argentinas aprovechen el crecimiento del consumo en Brasil, con una clase media que ya se acerca a los 40 millones de personas.
    También es necesario discutir con Brasil y el resto de los países miembros la posibilidad de pasar a formas más flexibles de vinculación con respecto a terceros países. La Argentina debe ser el principal impulsor de una ofensiva negociadora con los países de alto crecimiento, de tamaño medio y grande de Asia. Las posibilidades del comercio y la inversión asiáticas deben ser explotadas a través de acuerdos de libre comercio que cristalicen en normas las ganancias de acceso a mercados y oportunidades de inversión. Siguiendo el ejemplo del Foro del Arco Pacífico, la Argentina podría impulsar un Foro del Arco Atlántico que promueva el vínculo económico-comercial con el Asia Pacífico, particularmente con China e India.

    Costos logísticos
    Para reducir los costos logísticos es fundamental crear un Consejo Nacional de Logística (CoNaL), integrado por los principales referentes públicos del sector (como los ministerios de Planificación, de Economía y el MIP que aquí sugerimos crear). El CoNaL diagramaría y articularía una Estrategia Nacional de Logística para la Competitividad orientada a resolver los nudos de transporte en los puertos de Rosario y Buenos Aires; reasignar y garantizar la integración modal del transporte de cargas; fortalecer los pasos de frontera y los corredores de integración regional, y agilizar los procesos de documentación e inspección del comercio exterior.
    Paralelamente, es posible crear una Red Federal de Centros de Logística (ReFeCeL), a partir de un nodo a escala nacional y distintas agencias provinciales que funcionarían descentralizadamente. Su meta sería asistir a las pequeñas y medianas empresas exportadoras (PYMEX) en cuestiones de transporte y logística para el comercio exterior. Tal como la Agencia
    de Promoción de Inversiones de Corea del Sur (KOTRA), podría apoyar a las PYMEX en trámites de aduana, llenado de formularios, servicios de consolidación de carga, almacenamiento, despacho y distribución de pedidos, y gestión de inventarios.
    En el frente interno, estas políticas exigen una delicada ingeniería política para reducir los potenciales costos de eliminar las restricciones a las exportaciones. En eso, es clave reforzar los sistemas de protección social para amortiguar los efectos en los precios de la canasta de consumo de la población de menor ingreso relativo.
    Desarmar el actual régimen de restricción a las importaciones también supone un tratamiento especial, que debe ser combinado con programas de reestructuración para sectores con problemas de competitividad sistémica.
    A su vez, el diagrama institucional de las agencias con incidencia en la oferta exportadora debe ser remodelado. Es clave incluir mecanismos de evaluación de impacto, cláusulas gatillo y otras medidas que maximicen la eficiencia y transparencia de la asistencia estatal al sector privado.
    En el área de transporte y logística, la actual política de subsidios y precios reprimidos y el débil entorno regulatorio e institucional crearon un complejo entramado de intereses que dificultan las medidas pro-competitividad exportadora. Sin embargo, las principales provincias exportadoras podrían brindar soporte vital a una estrategia integral, enmarcada en una apuesta de cambio global del sector.
    Estas medidas reclaman una cuidadosa estrategia de negociación con Brasil para mejorar la arquitectura institucional del Mercosur y lograr una mayor capacidad de acordar con terceros países y profundizar la integración productiva en sectores clave en los dos países.
    Consolidar una mayor y mejor inserción internacional argentina, capaz de contribuir con un crecimiento económico sostenible con equidad social, no puede ser solo el resultado de la política comercial. Por eso, es preciso sumar la dimensión productiva y alcanzar una tasa de crecimiento del ingreso por habitante más rápida, con sustanciales mejoras sociales.

    (*) Lucio Castro es director del Programa de Integración Global de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).