ESTRATEGIA | Empresas
Por Florencia Álvarez

Manuel Benítez
La Argentina cuenta con una geología inmejorable en lo que a minería se refiere. Solo 20% del territorio ha sido explorado, por lo que se estima que tiene un potencial incalculable en cuanto a recursos minerales. Un potencial que para las empresas dedicadas a la actividad se transforma, literalmente, en una mina de oro.
Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (Ymad) tiene a su cargo la explotación industrial de los yacimientos vetiformes Farallón Negro y Alto de la Blenda, de donde se extrae oro y plata. Dentro de su concesión se encuentra también el yacimiento de cobre, oro y molibdeno Bajo La Alumbrera, uno de los 10 mayores yacimientos de cobre y oro del mundo que opera desde 1997.
Manuel Benítez es el presidente de la compañía y dice que los cuestionamientos hacia la minería a cielo abierto se deben a que es una actividad muy nueva y con un futuro promisorio. “Hay mucha desinformación, los mensajes contra el sector son mal intencionados y sin sustento científico, y es fundamental que los argentinos puedan conocer a fondo una actividad que tiene, sin lugar a dudas, un futuro incalculable poco comparable con el de otras ramas de la economía”, asegura.
Según el presidente de Ymad, la operación de una mina a cielo abierto o de manera subterránea tiene que ver básicamente con fundamentos técnicos, y afirma que ambos sistemas son sustentables. “Desde el año pasado estamos trabajando con un ambicioso plan de comunicación, que hoy ya se ve plasmado en la campaña publicitaria sobre la importancia de los minerales en la vida cotidiana de las personas”.
Las operaciones mineras que se encuentran en actividad actualmente dentro de la concesión de Ymad, de 344 km² ubicada en el noroeste de la provincia de Catamarca, generan alrededor de 1.600 fuentes de trabajo en forma directa y aproximadamente 11.000 empleos indirectos.
A pesar de todas las voces en contra, la realidad es que la minería ya es una parte importante de la economía nacional. Según los mineros, “una fuente de progreso económico y social para todo el país”. El sector se desarrolla generalmente en zonas alejadas de los centros urbanos, zonas de montañas donde las alternativas económicas para la población son escasas y de ahí se sostienen para afirmar que los trabajos que ofrecen son dignos, ya que permiten a los lugareños desarrollarse en sus lugares de origen. “La minería brinda fuentes de trabajo genuinas, tanto para la construcción de las minas como para la producción. Asimismo, el aporte que otorga a las provincias es inmenso. En promedio, se calcula que la minería deja en el país –entre contribuciones al fisco en los tres niveles del Estado, salarios, cargas sociales, insumos, bienes y servicios– alrededor de 75% de la facturación de la empresa minera”, asegura Benítez. Agrega que las mineras pagan muchos impuestos: a las ganancias, IVA, compra, impuestos provinciales, municipales, derechos bancarios, retenciones y que además realiza fuertes inversiones en programas de RSE en la zona de influencia de los emprendimientos.
Un estudio realizado por Abeceb.com indicó que en el año 2010 la minería aportó $5.600 millones a las arcas nacionales (77,5%) y provinciales (22,5%).
Seguimiento y control
Otra de las críticas contra la minería es la relacionada al impacto ambiental que, según los ambientalistas, es devastador e irreversible. Pero Benítez lo desmiente asegurando: “Todas las etapas del proceso productivo están provistas de la tecnología más eficiente. Se trabaja por la optimización continua del uso de los recursos naturales y la energía, aplicando las más estrictas medidas de control y seguridad”.
Para cuidar el medio ambiente, la empresa realiza estudios de flora y fauna, sistemas de reutilización del agua, monitoreos ambientales y de gestión de residuos. Benítez dice que el país cuenta con una altísima capacitación de técnicos y trabajadores, y todos ellos cumplen con la Ley Ambiental Minera y las normas ambientales nacionales, provinciales e internacionales.
Por otra parte, explica que el cierre de una mina es una etapa cuyo desarrollo se planifica a partir de los primeros estadios del proceso minero. Consiste en el cierre de los accesos de las zonas con labores mineras, túneles, piques, chimeneas y el alambrado de áreas con riesgo de hundimiento. Además, se reforesta con especies autóctonas para conservar el entorno paisajístico. Estas acciones apuntan a dejar el área en condiciones similares a las originales.

