ANÁLISIS | Perspectiva
Por Gustavo Baiman
La ortodoxia perdió ¿Ganó la heterodoxia? En un artículo publicado en Le Monde y reproducido por el suplemento económico del diario Clarín el domingo 25 de marzo, se destaca un informe de la organización suiza Global Trade Alert (GTA) que afirma que desde mediados del año pasado se tomaron en todo el mundo tres medidas proteccionistas por cada una de liberalización.
El mismo trabajo indica que la Argentina tomó 156 medidas comerciales que afectan intereses comerciales de algún otro país, pero a su vez, 276 medidas comerciales que se tomaron en otros Estados afectan intereses comerciales de la Argentina. A partir de una mirada macro a escala global, es evidente que los mercados ya no pueden equilibrarse sin la aplicación de medidas gubernamentales; lo que resta para el debate es saber de qué manera el Estado puede intervenir de manera eficiente.
La política económica “kirchnerista” planteó desde el comienzo –tal vez anticipándose al escenario mundial de los últimos años– una visión heterodoxa. Desde el discurso y en los hechos pusieron fin a la etapa “liberal” de la Argentina y se propuso un nuevo modelo. Cuando Cristina Fernández de Kirchner asumió su primer mandato en diciembre de 2007 anunció claramente que iba a profundizar el modelo y, en marzo de este año, cuando abrió el período de sesiones ordinarias del Congreso ante la Asamblea Legislativa, dijo que iba a haber cambios en la gestión sin cambiar el modelo.
La pregunta es recurrente: ¿Cuál es el modelo? En un trabajo publicado en el diario Página 12 en diciembre del 2010, el actual viceministro de Economía, Axel Kicillof, decía que el famoso “modelo” en su aspecto macroeconómico es, en lo fundamental, un cóctel de tipo de cambio alto y retenciones.
“Así visto, en su esencia, poco tiene de original: a grandes trazos, se trata de un esquema de protección de la industria basado en la transferencia de parte del excedente del agro. Podría decirse que se trata de la misma receta de todos los programas de desarrollo de los países periféricos de producción primaria, entre ellos, la misma Argentina durante la edad de oro de la industrialización sustitutiva (1945-1974)”.

Débora Giorgi
Las medidas de emergencia
Para el economista Dante Sica, director de la consultora Abeceb.com, las bases del actual modelo se encuentran en las medidas de emergencia que requirió la crisis de 2001 y que contempla diversos aspectos: Devaluación, pesificación asimétrica y licuación de pasivos domésticos públicos y privados, default y reestructuración de pasivos externos, licuación salarial y nuevos impuestos (retenciones a las exportaciones e impuesto al cheque). Por cierto, medidas todas tomadas antes de que asumiera Néstor Kirchner.
Por otra parte señala que el Gobierno tuvo una estrategia de maximizar el crecimiento a través de políticas fiscales (tarifas pisadas, elevado gasto público y presión tributaria), política agresiva de ingresos (jubilaciones, salario mínimo, políticas sociales) y políticas monetarias (tasas de interés reales negativas, acumulación de reservas y financiamiento del Gobierno).
“Hay que mirar desde diciembre de 2001 para entender el ciclo de recuperación desde el punto de vista, si se quiere, del modelo. la Argentina tenía una aguda deuda pública y privada, y la crisis fue una espectacular licuación de los pasivos tanto del sector público como del sector privado. Del sector privado a partir de lo que fue la devaluación y la pesificación asimétrica, y en el sector público, también la devaluación y tiempo después, la reestructuración de la deuda, que en parte comenzó con el default en el año 2002 y terminó durante el año 2005-2006”.
“Esto resultó importante porque le quitó una mochila enorme al sector privado y al sector público que estaba endeudado en moneda dura y le generó, además, un efecto de riqueza positiva a las empresas que pudieron empezar nuevamente de cero. Por otra parte, hubo una licuación salarial producto de lo que fue la devaluación, que pasó el costo laboral promedio de US$ 950 a US$ 350, prácticamente de un día para el otro. Habría que agregar que eso fue posible, también, porque había 25% de desocupación; la CGT entendió que primero se necesitaba empleo y después recuperar salario”, señala Sica.
Para la ministra de Industria, Débora Giorgi, desde 2003 se lleva adelante un modelo productivo que promueve el desarrollo con un criterio federal que aplica, además, políticas activas en temas clave como el financiamiento, el asociativismo empresarial, la exportación y el cuidado de la producción nacional a fin de brindar estímulos adicionales en aquellas regiones históricamente relegadas de la producción industrial.
“Estamos transitando el período de industrialización más fuerte de las últimas décadas. Sostenemos un crecimiento que es inédito por su dinamismo, dimensión y permanencia, y que no se explica por el viento de cola sino por decisiones económicas que lo hacen sustentable y de largo plazo, que tienen que ver con el aumento de la inversión pública en infraestructura, energía, desarrollo social y educación, entre otras. Hubo muchos momentos históricos en la Argentina de buenos precios internacionales y con vocación industrial, y sin embargo el crecimiento no perduró”, afirma Giorgi.

Dante Sica
El modelo sigue, el ciclo no
En economía el concepto de modelo apunta a buscar aquellas relaciones simplificadas que explican, de alguna manera, el comportamiento de la actividad económica. Sin embargo, esta definición actualmente en la Argentina encierra una contradicción: si bien el modelo sigue siendo el mismo que inauguró Kirchner en 2003, la actividad económica no. El punto es que ya no alcanza con hablar de modelo, lo que importa es el ciclo.
Sica opina en esa dirección: “No creo que haya que entrar en la discusión sobre si existe o no un modelo, uno debería centrarse en explicar por qué Argentina pudo a partir del 2002-2003 crecer a las tasas que creció y entender que pasó a partir de 2008 para que esas cuestiones que explicaron gran parte de la recuperación se hayan ido agotando”.
En el trabajo anteriormente citado de Kicillof, el economista también advierte sobre los ciclos y afirma que lo que resultó efectivo durante un quinquenio comenzó a mostrar señales de debilidad durante 2007, antes de que se desatara el conflicto con el campo. Y da una explicación: “El talón de Aquiles del esquema no fue otro que la inflación. Pero no porque genere ‘incertidumbre’ sino porque el crecimiento de los precios internos socava las bases de la protección cambiaria”
El diagnóstico de Sica reafirma un cambio; asegura que la Argentina puede ir a un ciclo de crecimiento sostenido a futuro pero con tasas mucho más bajas y más compatibles con su dotación factorial. Las tasas de 8 y 9% son productos de un abundante stock en la capacidad instalada, un porcentaje alto de mano de obra desocupada y sin restricción energética.
“A partir de 2008 se empezó a sentir un desequilibrio en la macro que implicó una inflación de dos dígitos que no baja y que generó una fuerte apreciación del tipo de cambio. La devaluación es la mitad, por lo menos, que el proceso inflacionario y existe un agotamiento de los stocks que ya están trabajando a alta capacidad con un mercado laboral que empieza a transformarse en rígido (la desocupación en el sector formal es muy baja). Y además, un punto importante es que el sector energético empezó a dar señales de quiebra. De alguna manera da la sensación de que hay que hacer algunos cambios en la política económica, porque ya con empujar la demanda agregada es evidente que no alcanza”, afirma Sica.
Para la ministra Giorgi, la salida de los ciclos descendentes se tiene que dar desde la política: “Tenemos el liderazgo político necesario y las herramientas para sortear las turbulencias de la crisis y en este punto es donde hay que hablar de la sintonía fina, que anunció la Presidenta de la nación y que hace referencia a ser más competitivos en todos los sectores, y eso se logra reinvirtiendo utilidades, mejorando la logística, alcanzando un nivel de salarios adecuado y con una relación más eficiente entre productores e industria”.

Axel Kicillof
El dólar, bien estratégico
Uno de los rasgos más significativos que marcaron el comienzo de un nuevo ciclo en el actual modelo, es la disminución o el quiebre –depende de quién lo mida– del superávit fiscal y el balance comercial. Desde este punto de vista, se puede destacar que en el sector público hay un gasto que viene creciendo al doble de lo que crece el gasto público, que son los gastos en subsidios y que significan una considerable transferencias de recursos del Estado hacia las empresas de energía y transporte.
“Si el gasto público crece a 30% y los salarios crecen a 25%, el gasto de la energía crece a 70%. Hay tres factores que se conjugaron sobre estas circunstancias, por un lado, la demanda de combustible y energía crece fuertemente por los precios bajos a una tasa de 8 y 9%, pero por otro lado la producción cae. El otro tema es que como tenemos precios internos subsidiados con respecto a los precios internacionales y dejamos de ser exportadores de energía, ahora el precio lo determina el mercado internacional, con lo cual el monto de los subsidios es cada vez mayor”.
“El problema es que siempre se subsidió la oferta, se pone baja la tarifa del colectivo pero le doy la plata al dueño de la empresa. Lo mismo pasa con la electricidad. Ahora eso nos demuestra que es una política ineficiente, no está mal dar subsidios, pero es mejor que vayan a la demanda antes que a la oferta”, dice Sica.
También es cierto que los subsidios no se mueven solo en esa dirección, según Giorgi están vigentes más de 30 herramientas para beneficiar a las pequeñas y medianas empresas de todo el país. “Durante 2011 movilizamos más de $8.000 millones para financiamiento del sector, el doble del año pasado. Por otro lado, 60% de los créditos otorgados a través del Fondo Productivo del Bicentenario, –orientado a todo tipo de empresas– se destinaron a pequeñas y medianas empresas. También tenemos vigente el régimen de bonificación de tasas a través del cual bonificamos los créditos que las Pyme solicitan en los bancos, para que esta no sea superior a 10%. Y para aquellas empresas que aún no pueden obtener crédito bancario contamos con el Programa Fonapyme, un fondo crediticio con tasas de 9%, que dispone de $100 millones para el segundo semestre del año.
Control de cambio
Otro dato que se identifica con un cambio en el ciclo es que, si bien el modelo apunta a continuar con una creciente industrialización, cada vez más se restringe el mercado cambiario y, además, de acuerdo a los reclamos de un importante grupo de empresarios, el peso está apreciado por encima de un nivel competitivo. La respuesta a esta contradicción es que en esta etapa del ciclo el dólar se transformó para el Gobierno en un recurso estratégico que indispensablemente tiene que cuidar.
“El Gobierno pasó de tener un mercado libre, donde solamente administraba el comercio exterior en aquellos sectores que tenían dificultades, a un sistema de control de cambio con administración total del comercio exterior. Esto se debe a que perdimos uno de los principales aportantes de dólares que es el balance energético. Hasta 2010 tuvimos superávit en el balance comercial energético pero a partir del año pasado fue negativo. El problema está en que el Gobierno en vez de solucionar las causas, es decir la apreciación del tipo de cambio y la inflación, lo que hace es controlar el efecto, que es la salida de capitales para tratar de retener el dólar. Como existe una importante salida de capitales entonces el Gobierno intenta retenerlos con control de cambio. La esencia de este problema es que hay una pérdida de confianza en la política económica”, concluye Sica.
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Se sacaron la lotería “El Gobierno tiene razón de quejarse cuando algunos críticos lamentan (o así parece) que hoy la Argentina tenga suerte”, decía Mercado en julio de 2005. Buena parte de las críticas opositores al “modelo” tienen ese punto de partida. |

