martes, 26 de mayo de 2026

    En sustentabilidad, Trump puso al clima en la cima del debate

    El equilibrio, el balance de estos tres integrantes de la fórmula se ha alterado en este momento por razones excepcionales: la repercusión que tuvo la decisión del gobierno estadounidense al retirarse del Acuerdo de París, trabajosamente obtenido a finales de 2015.
    El clima y el medio ambiente parecen monopolizar la totalidad de la agenda de la sustentabilidad. Hay que reconocer la nueva realidad, pero no perder de vista las dimensiones reales del tema.
    Como todos los años, pasamos revista a los ingredientes sustentables, entregamos una nueva versión del ranking sobre empresas sustentables en nuestro país, y ofrecemos los valiosos testimonios de gerentes que están, en esta materia, en la primera línea de fuego.

    La coyuntura, en perspectiva
    Es tiempo de hacer un balance más sereno. La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París es muy desafortunada, pero no es el fin del mundo. Algo positivo ha tenido: salvo que aparezcan algunos otros imitadores, el resto del planeta mantiene firme su decisión de luchar activamente contra la degradación climática.
    Incluso dentro de Estados Unidos, hay varios estados encabezados por California y Hawai que pretenden cumplir, en los términos acordados en la capital francesa por el ex presidente Barack Obama, las metas sobre combate contra el cambio de clima (la agrupación es llamada “la alianza climática de Estados Unidos”).
    El envión de París continúa, entre otras cosas, porque los empresarios han descubierto que es un buen negocio operar en el campo de las energías renovables y en de las industrias que las sirven.
    A lo cual debe añadirse, en el caso estadounidense, que no hay negocio en los yacimientos casi agotados de carbón, justo cuando hay abundancia de gas provisto por los yacimientos shale.
    Para tener una idea de lo que está pasando con lo renovable, basta recordar que la energía solar estadounidense da ocupación al doble de trabajadores que la extracción de carbón.
    Entre tanto China, que se apresura a tomar un rol de liderazgo en este campo, está disminuyendo las emisiones derivadas de la dependencia carbonífera, pero además logra una posición hegemónica en toda la energía renovable y sus insumos.
    El gran efecto de la decisión de Trump puede ser acelerar la consolidación del estatus de China como superpotencia, sumándole influencia y hasta gravitación moral por su apoyo decidido en temas como el clima.
    El análisis final –por ahora– de los analistas de todo tipo es que la decisión trumpiana dañará la relación con aliados clave, y con muchos de sus actuales socios comerciales. Además de ceder oportunidades económicas que serán aprovechados por terceros países, en especial por China.
    Tampoco puede olvidarse en el análisis que la situación de los europeos y otros signatarios del tratado no es la mejor del mundo. No abundan políticas coherentes para bajar la contaminación ambiental. Claro está que si el Gobierno asume compromisos es probable que esté dispuesto a avanzar y a hacer algo en este terreno. 
    Un nuevo pensamiento se vislumbra para ambos lados del Atlántico. Hay enormes mayorías que respaldan las acciones contra el deterioro climático. Pero también hay vastos sectores, con populismo y nacionalismo en alza, que sienten que económicamente están cada vez peor y que pagan más costos que el resto de la población.

    Nuevos caminos
    Hace falta explorar otros caminos. Una gran coalición de empresas de primera línea, de líderes de opinión y de grupos mediambientalistas se acaba de formar para producir respuestas a la nueva situación.
    Empresas como BP, ExxonMobil, General Motors, Johnson & Johnson, PepsiCo, Procter & Gamble, Santander, Schneider Electric, Shell, Total y Unilever. Líderes notables de ambos partidos estadounidenses. Demócratas y Republicanos se han unido con entusiasmo a esta alianza.
    Este Consejo del Liderazgo Climático propone un nuevo consenso, basado en los dividendos del carbón. La propuesta es: creciente aumento impositivo al carbón; con ingresos que retornarán como dividendos mensuales a la población; igualar el campo en materia de comercio de carbón para que mantenga la competitividad de la economía nacional; y finalmente, eliminar todas las otras regulaciones y gravámenes, innecesarias con la el nuevo gravamen propuesto.
    La propuesta tiene chances de ganar adhesión amplia en ambos grandes partidos. Satisface a Republicanos, ya que respeta los principios del libre mercado. Agrada a los Demócratas, ya que retorna de inmediato los impuestos cobrados a los ciudadanos, por igual. Se calcula que nada menos que 223 millones de estadounidenses tendrán beneficios directos de los avances en el campo del cambio climático.
    Se ha estimado que un impuesto de US$ 40 por tonelada de carbón puede lograr el doble de las reducciones en las emisiones, previstas por la batería de medidas de Obama, desmanteladas por el actual Gobierno.

    Gran alianza contra Trump
    La nueva Declaración del Clima representa a 120 millones de ciudadanos estadounidenses y tiene una significación económica equivalente a US$ 6,2 billones (millones de millones) de la economía de ese país.
    Más de 1.200 personalidades, entre ellas gobernadores, alcaldes, empresarios, inversores, facultades y universidades de Estados Unidos o con operaciones significativas en ese país reafirmaron su objetivo de continuar asegurando la posición de liderazgo de EE.UU. en la reducción de emisiones de carbono.
    Esta es la más amplia coalición transversal de la economía estadounidense unida en busca de la acción climática. Entre los signatarios de la Declaración del Clima están líderes de 125 ciudades, nueve estados, 902 empresas e inversores y 183 facultades y universidades. Las ciudades y los estados participantes representan a 120 millones de estadounidenses y contribuyen con US$ 6,2 billones a la economía estadounidense, incluyendo California, Hawai y Oregón, ciudades como Nueva York, Los Ãngeles y Houston, así como ciudades más pequeñas como Pittsburgh, Pensilvania y Dubuque, Iowa.
    Una mezcla de universidades privadas, escuelas estatales y colegios comunitarios, pequeños y grandes se unió a la iniciativa. En total, las empresas signatarias y los inversores representan un ingreso anual total de US$ 1,4 billones e incluyen varias empresas del Fortune 500, como Apple, eBay, Gap Inc., Google, Intel, Microsoft y Nike, además de cientos de pequeñas empresas. Juntos, estos líderes están enviando una señal clara a la comunidad internacional y a los otros 194 países firmantes del Acuerdo de París, sobre la continuidad del compromiso de EE.UU. con la ambiciosa acción sobre el cambio climático, a pesar de la ausencia de liderazgo a escala federal.
    La declaración clasifica “El anuncio de la administración de Trump [como uno que] mina un pilar clave en la lucha contra el cambio climático [y que está] fuera de compasión con lo que está ocurriendo en Estados Unidos”. Los signatarios entienden que el Acuerdo de París es un modelo para la creación de empleo, estabilidad y prosperidad global y que acelerar la transición de la energía limpia de los Estados Unidos es una oportunidad –no una responsabilidad– para crear empleos, estimular la innovación, promover el comercio y garantizar la competitividad estadounidense. Al declarar que “todavía estamos dentro”, los firmantes están poniendo los mejores intereses de sus constituyentes, clientes, estudiantes y comunidades en primer lugar, asegurando al resto del mundo que el liderazgo estadounidense sobre cambio climático se extiende mucho más allá del Gobierno federal.  

    La explicación de Trump
    “Es hora de dejar el Acuerdo de París”. Como ya se sabía antes de que saliera a hablar al jardín de la Casa Blanca, el presidente dijo que EE.UU. sale del Acuerdo pero deja abierta la puerta para negociar otro acuerdo ambiental que no dañe al país o sus habitantes.
    “Para cumplir con mi solemne obligación con Estados Unidos y sus ciudadanos, el país se retira del acuerdo de París pero comenzará negociaciones para re–entrar al Acuerdo de París o a otra transacción totalmente nueva”.
    “Más que sobre el clima, ese acuerdo significa que los demás países obtienen ventaja financiera sobre el nuestro”, dijo. Con una retahíla de cifras explicó que el Acuerdo de París le exige a Estados Unidos sacrificios que no pide a los mayores contaminantes del mundo, como China e India. Aseguró que luchará por obtener con el resto del mundo otro tratado que no signifique sacrificios para su pueblo. Un tratado que permita al país usar tanto las energías renovables como el carbón, el petróleo y el gas para así dar empleo al pueblo estadounidense.  
    Con esta decisión Trump ignoró los pedidos de Naciones Unidas, de los líderes mundiales, de los jefes de empresas desde Apple hasta ExxonMobil y también el Papa.
    La Unión Europea y China le respondieron de inmediato formando una nueva alianza verde con intención de llenar el vacío de deja Estados Unidos del pacto climático global.
    Barack Obama reaccionó inmediatamente diciendo que serán los países que quedaron dentro del Acuerdo (todos menos tres) los que se beneficien con crecimiento de industrias y empleo.
    La Unión Europea también lamentó la decisión: “Hoy es un día triste para la comunidad global porque un socio clave le da la espalda a la lucha contra el cambio climático”, dijo Miguel Arias Cañete, presidente de la comisión del clima de la Unión Europea.
    Pero además, todo espacio vacío se ocupa de inmediato, como lo demostró rápido el Gobierno de Beijing que cerró filas con los europeos en torno al acuerdo de París sobre el clima, y prometió liderar el proceso global.

    Sin margen de renegociación
    Contra la voluntad de 195 países signatarios del pacto climático, de las opiniones favorables a permanecer dentro de ese marco de parte de todas las encuestas de opinión pública, de la mayoría de empresarios y organizaciones de la vida civil de su país.
    Trump lo hizo. Desvinculó a Estados Unidos del Acuerdo de París. El gran argumento ideológico del Presidente y de su círculo es que la defensa del clima es un argumento falaz de una élite equivalente a 1% de la población del país.
    Para que la píldora pasara más suavemente dejó la puerta entornada. EE.UU. podría reingresar si se discuten nuevamente las cláusulas del acuerdo y se aceptan condiciones planteadas por Washington.
    Hay dos alternativas: o Trump dice esto para demostrar que todavía tiene espíritu negociador aunque no espera nada en esta dirección, o bien ha cometido un grueso error de cálculo. Piensa que el resto del planeta borrará lo acordado para suscribir nuevas condiciones solamente porque se le ocurre a Estados Unidos. Una postura muy pretenciosa como para imponerla a la Unión Europea, a China o a India, por mencionar solo a los grandes actores.
    Es algo parecido a lo que le pasó a Gran Bretaña con el Brexit. La presunción era que tras la partida se negociaría todo con el resto del bloque y que se obtendrían mejores condiciones. Nada de eso ha ocurrido ni parece probable que acontezca. Al contrario, el temor británico es perder poder y quedar muy aislado.
    Además falta por ver cómo reacciona en este particular asunto, el mismo electorado que votó a Trump para ocupar la Casa Blanca. En las encuestas por lo menos, está a favor del acuerdo sobre clima. Ser una de las tres naciones en todo el planeta que se oponen a este acuerdo, no es para dejar feliz a nadie. Los firmantes del convenio son 195 países, de los cuales 147 ya prestaron ratificación formal.
    Salir del acuerdo es, además, un desaire a las Naciones Unidas, a los líderes mundiales y a los CEO de muy importantes empresas globales que rogaron a Trump permanecer en el marco del acuerdo. Sin hablar del Papa.
    En forma expresa, la minería del carbón y sectores de la industria petrolera estuvieron de acuerdo con la resonante medida.
    Sin embargo la tendencia firme hacia el decrecimiento en el uso de combustibles fósiles continúa al margen de las decisiones políticas.