El nivel de actividad económica local promedió un ritmo de crecimiento prácticamente nulo durante 2012 –según nuestras estimaciones– y la economía volvió a experimentar un episodio recesivo. Hubo dos trimestres consecutivos con variaciones interanuales negativas: el segundo con un caída de 2,1% real interanual y el tercero con una de 1,7% real interanual.
Se trató, en consecuencia, de la segunda interrupción del proceso de crecimiento local y el segundo episodio recesivo desde la crisis de 2001-2002.
Esto contrasta significativamente con lo ocurrido durante el bienio previo (2010-2011), períodos anuales durante los cuales la economía local, de acuerdo a nuestras cifras, logró promediar una tasa de crecimiento superior a 6% real anual, quedando en evidencia el proceso de aterrizaje abrupto que se produjo como resultado de la imposibilidad de lograr el ajuste de precios relativos necesario para superar el desequilibrio de la balanza de pagos local en forma ordenada y relativamente rápida.
En tanto, las estadísticas oficiales indicaron un crecimiento promedio de 2,2% para lo primeros 10 meses de 2012, que si bien resultan bastante más optimistas que las nuestras, en particular, y el resto de las privadas, en general, aun así implican una más que profunda desaceleración respecto del bienio previo, durante el cual el PIB habría promediado un ritmo de crecimiento en torno a 9% real anual.
Profundizando: de acuerdo a nuestras estimaciones y desde el punto de vista del desempeño de la demanda, resalta el abrupto aterrizaje del componente interno y externo.
Consumo e inversión
En particular, la demanda interna se vio afectada por el estancamiento del consumo privado y el profundo derrape de la inversión, que supuso el brusco deterioro de las expectativas de los agentes económicos y un ajuste fiscal mezquino centrado en la inversión pública. Todo esto, aun cuando el consumo público (gasto corriente) sostuvo su nivel de dinamismo real respecto de los años previos.
El mencionado deterioro de las expectativas fue resultado de la repentina profundización del proceso de pérdida de confianza en la sustentabilidad del esquema de política económica en curso, con el consecuente incremento del nivel de riesgo de volatilidad macroeconómica, en general, y nominal, en particular. Situación ante la cual, los agentes buscaron cobertura en activos que históricamente han demostrado ser reserva de valor (por ejemplo, divisas = fuga de capitales privados).
Con lo cual, creer que ese deterioro de las expectativas no se basó en elementos concretos, sino más bien en cuestiones comunicacionales o culturales es subestimar la gravedad de la situación. Pues, básicamente, lo que se fue haciendo cada vez más evidente es que no era posible lograr un ajuste ordenado del desequilibrio emergente por el lado de la balanza de pagos en un contexto de continuidad del esquema de política económica que, justamente, lo generaba vía el atraso cambiario asociado a la relativamente alta tasa de inflación local y una política fiscal sostenidamente pro-cíclica.
Para colmo de males existía una negativa expresa de la flamante administración a avanzar en un replanteo profundo de buena parte de ese atraso. Por el contrario, el mensaje apuntaba en pos de su profundización y, en todo caso, en la adopción de restricciones cuantitativas necesarias para sostenerlo sin mayores cambios.
En otras palabras, las medidas tomadas por la gestión de Cristina Kirchner con posterioridad a la victoria electoral de octubre de 2011 lograron retrasar el ajuste de la balanza de pagos por el lado de los precios relativos, pero a costo de profundizarlo vía cantidades o flujos. Y, al mismo tiempo, impulsaron un deterioro aún mayor de las expectativas al confirmar la percepción de volatilidad económica relativamente inminente.
En tanto, el mal desempeño de la demanda externa fue explicado por factores externos e internos. Los externos fueron, por un lado, los efectos negativos de la sequía sobre las exportaciones del agro y la agroindustria y, por el otro lado, el mal desempeño de las demandas internas de nuestros socios comerciales más importantes (Brasil, la UE y el Nafta).
Respecto de los efectos de la sequía sobre las exportaciones agrícolas y de manufacturas de origen agropecuario, vale la pena observar que aun en un contexto de alza de los precios de exportación, los valores exportados de semillas oleaginosas, cereales y sus derivados industriales se redujeron en unos US$ 1.120 millones respecto de los correspondientes a los primeros 11 meses de 2011, explicando cerca de la mitad de la contracción experimentada por los valores exportados totales.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Sector inmobiliario y construcción
Clara contracción:¿hay daño colateral?
Nuestras estimaciones indican que el nivel de actividad de la construcción promedió un ritmo de contracción interanual en torno a 3% durante 2012, convalidando técnicamente la ocurrencia de un episodio recesivo durante el segundo (-4,4% interanual), tercer (-6,4% interanual) y cuarto trimestre (-3% interanual).
De acuerdo con estos datos, se trató del tercer año contractivo y el segundo episodio recesivo desde la crisis de 2001-2002. Anteriormente, habían sido contractivos 2008 (-4,5% interanual) y 2009 (-6,2% interanual) y se había verificado la ocurrencia de un proceso recesivo del sector entre el segundo trimestre de 2008 y el cuarto trimestre de 2009 (7 trimestres).
Los datos del Indec son similares. Sugieren una contracción promedio anual en torno a 2,7% para los primeros 11 meses de 2012, explicada por una caída de poco menos de 2% para las construcción de estructuras con destino residencial y una en torno a 4% para aquellas otras con destino comercial o industrial.
En tanto, la obra pública vial, ajuste fiscal implícito mediante, fue contractiva en torno a 6%. En el mismo sentido aportó la inversión en obras de infraestructura, mayormente pública, con una caída levemente inferior a 7%. Por último, el único bloque que actuó en sentido contrario fueron las construcciones petroleras con un alza promedio en torno a 7%.
Otros datos sectoriales que apuntan en el mismo sentido son:
• La inversión en construcción. El Indec reconoció que la inversión en construcción valuada a precios constante de 1993, pública y privada, promedió un ritmo de contracción interanual en torno a 1,9% durante los primeros nueve meses de 2012. Incluso convalidó técnicamente la ocurrencia de un episodio recesivo, al indicar dos trimestres consecutivos de caída (segundo y tercero, -3% y -5,1% interanual, respectivamente). Recordemos que el componente privado representa poco menos de 90% de esta variable.
• El empleo sectorial. Los datos elaborados por el IERIC sugieren que el nivel de empleo sectorial, principal insumo de la actividad, promedió un ritmo de contracción interanual en torno a 3,4% durante los primeros 10 meses de 2012.
• Los permisos de la construcción. La superficie autorizada en los principales 42 municipios del país se redujo en más de 9,3% respecto del nivel alcanzado durante período enero – noviembre 2011. Esto sería indicativo de que la construcción continuará en zona contractiva por algún tiempo más.
• La escrituras de compra-venta de inmuebles. El número de escrituras realizadas en el ámbito de Ciudad Autónoma de Buenos Aires durante los primeros 11 meses de 2012 se ubicó casi 25% por debajo del correspondiente al mismo período de 2011, de acuerdo a la información presentada y publicada por el Colegio de Escribanos de esa ciudad.
Diagnóstico y análisis
Las medidas de la actual administración orientadas a establecer y profundizar un esquema omnipresente de control de cambios como forma de evitar un ajuste más o menos abrupto del desequilibrio de la balanza de pagos local (por atraso cambiario) superaron ampliamente la realidad sectorial e, incluso, inicialmente ni siquiera hacían referencia a la misma. Sin embargo, terminaron abarcándola directa e indirectamente, dado el papel de los inmuebles como activo de reserva (sustituto del dólar) y posible punto de fuga (mecanismo de fuga).
En tanto, el ajuste fiscal centrado en el recorte de la inversión pública en construcción (directa y transferencias de capital) también aportó lo suyo. Aunque, dado el peso del gasto privado en construcción, su papel fue necesariamente accesorio.
En ese sentido, nuestro diagnóstico es que el control de cambios y la inevitable pesificación forzada del mercado inmobiliario dificultaron y profundizaron un proceso de ajuste en el precio relativo de las propiedades, en particular, y la dinámica del mercado inmobiliario, en general, que ya venía insinuándose de forma mucho más progresiva y, por lo tanto, menos traumática desde por lo menos, mediados de 2008.
El ajuste de precio, y las pérdidas de capital asociadas, eran tan significativas y al mismo tiempo poco claras, que se retrasaron más de la cuenta. Y ya se sabe: “lo que no ajusta por precio, ajusta por cantidad”. El mercado se achicó y cambió su dinámica abruptamente, produciéndose la recesión sectorial cuantificada en la sección previa.
Profundizando: el control de cambios se tradujo en un desdoblamiento del mercado cambiario. Surgieron, el dólar comercial u oficial (al que se liquidan las operaciones del comercio exterior de bienes, los fletes y los títulos públicos nacionales) y el dólar financiero o informal (al que acceden los privados con fines de atesoramiento).
Aún más, el ritmo de devaluación nominal divergió entre ambos segmentos. En particular, durante todo 2012 el dólar oficial acumuló un alza que apenas alcanzó 14%. En tanto, el dólar informal se encareció 43%. En consecuencia, hacia fines de 2012 la brecha entre ambos se ubicaba en torno a 40%. En este punto, hay que hacer una salvedad. Hasta junio o julio de 2012 el grueso del sector privado accedía, al menos parcialmente, al dólar formal y hacia fines de 2012 (seis meses después), prácticamente solo lo hacía en el segmento informal. Es decir, que la devaluación nominal para los ahorristas privados fue de 60%.
Lo que implica que, en un contexto de incremento generalizado de precios, salarios y honorarios en torno a 25% durante el mismo período, el poder adquisitivo del sector privado en términos del “dólar ahorro” se redujo en torno a 22%.
En tanto, si se considera que el índice de costo de la construcción elaborado por Indec no incluye el terreno, habría acumulado un alza en torno a 25% durante el mismo período. Por lo cual, se concluye que el costo de la construcción medido al valor del “dólar ahorro” se redujo también en torno a 22%.
En otras palabras, se impuso un ajuste del precio de las propiedades en dólares levemente superior a 20%. En ese contexto, el número de operaciones cayó significativamente, sobre todo en el segmento de unidades usadas, dada la inflexibilidad a la baja de sus precios en dólares.
Por el lado de la demanda, y dado el no ajuste de precios en el corto plazo, quienes tenían los dólares estuvieron mucho más interesados en guardarlos en forma líquida que en destinarlos a la compra de bienes inmuebles (Ley de Gresham).
Quedaron entonces aquellos que intentaban realizar una porción relevante de la compra en pesos y con un peso relativamente bajo del interés financiero en los motivos que justificaban la compra. Pero, las propiedades seguían siendo caras para estos últimos.
Por el lado de la oferta, la mayor parte de los propietarios de inmuebles comprados antes de la implementación del mencionado control (mayor parte de la oferta), tampoco estuvo dispuesta a cambiar esos “ladrillos” por pesos, sobre todo porque los mismos, por un lado, fueron comprados con un peso relativamente alto del motivo financiero y sin deuda y, por el otro, porque esas unidades podían ser destinadas al mercado de alquileres como solución transitoria, de forma de, como mínimo, soportar los costos de mantenimiento en el mientras tanto.
En consecuencia, la reducción de la demanda se vio compensada en parte por la reducción de la oferta y lo que quedó de ambas terminó concretando un volumen muy inferior de operaciones que, al menos parcialmente, se realizaron en pesos.
Operaciones en pesos
En tanto, los nuevos emprendimientos que fueron saliendo a la venta, que representan la menor porción de la oferta y del mercado inmobiliario, se comercializaron en pesos, pero tomando como referencia un dólar mucho más cercano al informal o, al menos, intermedio.
Es decir, trasladaron a los precios en pesos buena parte del incremento de los costos de la construcción (25%), encareciéndose, al menos, 10% en términos del dólar oficial, pero abaratándose en términos del “dólar ahorro”. En consecuencia, mantuvieron o, al menos, sostuvieron sus márgenes, lo que sumado al mayor giro del negocio, les permitió, en algunos casos, posicionarse como el segmento ganador ante la nueva coyuntura.
En ese contexto, el nivel de actividad de la construcción (producción de unidades nuevas) y el inmobiliario (comercialización de las nuevas y usadas) se fue ajustando natural y progresivamente a las dimensiones y características del nuevo mercado: inmuebles como vivienda, en pesos, al menos parcialmente, y un volumen más pequeño.
Perspectivas en 2013
De no mediar nuevas medidas contraproducentes y en la medida que el ajuste en el precio en dólares de los inmuebles se vaya transparentando, el sector inmobiliario y la construcción irán reduciendo el ritmo de contracción durante 2013 dado que, por un lado, el segmento o bloque privado irá encontrando un nuevo piso y, por el otro lado, la inversión pública recuperará dinamismo al tratarse de un año electoral (elección legislativa de medio término).
Además, tampoco se puede dejar de mencionar que el punto de comparación para las variaciones interanuales (2012) de 2013 resultará necesariamente menos exigente, dado el ajuste que experimentó el nivel de actividad sectorial durante el año pasado.
Los factores internos fueron, primero, la continuidad del proceso de apreciación real del peso y, segundo, los efectos negativos que tuvieron sobre el dinamismo de los sectores exportadores las trabas a las importaciones, ya sea porque generaron faltantes de insumos claves y/o porque obtuvimos como respuesta de nuestros socios comerciales similares tratamientos para nuestros productos.
Por el lado de la oferta, no hay que dejar de observar que la contracción del PIB u oferta local se produjo en un contexto de una fuerte contracción de la oferta externa o importaciones (-7,2% real anual), logrado trabas mediante, que aun así no lograron impedir la contracción del producto bruto.
Si cuantificamos, nuestras estimaciones indican que la demanda interna promedió un ritmo de caída en torno a 1% durante 2012, muy por debajo de las alzas de 7,9% y 8,4% real anual correspondientes a 2010 y 2011, respectivamente.
En tanto, el consumo privado, su principal componente, se estancó, luego de haber crecido a un ritmo real de 6,9% en 2010 y 7,8% en 2011. En tanto, la inversión bruta fija pasó de crecer a un ritmo real de 14% anual en 2010 y 11,7% anual en 2011, a experimentar una caída de en torno a 7,5% real anual durante 2012. En cuanto a la demanda externa o exportaciones, nuestras estimaciones indican una contracción promedio en torno a 4% real anual.
Ahora bien, como anticipo de lo que será 2013, vale la pena observar el último trimestre de 2012. Al respecto, y tal cual se venía anticipando, la economía local volvió a ingresar en zona de crecimiento, dada la reversión de buena parte de los factores exógenos negativos. En consecuencia, el episodio recesivo llegó a su fin.
Sin embargo, el ritmo de expansión interanual se ubicó bastante por debajo de 2% real y, por lo tanto, fue muy inferior a lo que venía descontando el mercado, pues los factores negativos a escala local no redujeron su intensidad. En consecuencia, la esperada recuperación local durante 2013 se perfila como anémica.
En ese contexto fijamos un previsión de tasa de crecimiento promedio en torno a 3% real anual, como resultado de la reversión de buena parte de los factores externos negativos: mejor desempeño del agro y la agroindustria, gracias a mejores condiciones climáticas, y una demanda interna brasileña e incluso estadounidense más dinámica, como resultado de las medidas anticíclicas implementadas por esos países.
En cambio, los factores locales seguirán teniendo un impacto negativo, tanto desde el punto de vista de la demanda interna como externa. El atraso del tipo de cambio oficial seguirá profundizándose vía la relativamente alta inflación local y, en consecuencia, las expectativas de volatilidad económica no se disiparán y el dinamismo del sector exportador seguirá resintiéndose por ese lado.
En sentido opuesto, y finalizando, no hay que olvidar que 2013 será un año electoral (elección legislativa de medio término), con lo cual esperamos que la inversión pública deje ser contractiva, para moverse en el sentido opuesto.
Al respecto de esto último, hay que señalar que, incluso para la mediación oficial, es prácticamente imposible que el PIB promedie una variación interanual superior a 3,26% durante 2012, con lo cual no habrá pago de cupón PIB en 2013. En consecuencia, la versión 2013 del fondo del desendeudamiento tendrá un excedente de, por lo menos, unos US$ 3.000 millones que serán susceptibles de ser utilizados para financiar obra pública, ya que la ley de presupuesto 2013 previó, por un lado, el pago del cupón y, por el otro, que en el mismo texto se estableció que los excedentes del citado fondo podían usarse para financiar gasto de capital.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Opinión El “peso” del mercado Luego de casi cuatro décadas donde el dólar ofició como unidad de cuenta y moneda de pago de la gran mayoría de las operaciones inmobiliarias en la Argentina, a partir de las medidas de restricción al mercado oficial de cambios impuestas hacia fines del año 2011 el mercado inmobiliario recibió un fuerte cimbronazo del cual aún no ha logrado recuperarse.
Por José El sector inmobiliario está aún lejos de haber hallado una nueva dinámica y mucho menos un nuevo equilibrio. La cifra de superficie de nuevas construcciones presentadas en proyectos para su aprobación en la ciudad de Buenos Aires se redujo 27% entre enero y noviembre del año pasado con respecto al mismo periodo de 2011. Mayor movilidad y ventas (*) Jose Rozados es director de Reporte Inmobiliario.
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Sector agropecuario
Hubo que lidiar con los efectos de la sequía
Durante 2012 el nivel de actividad de este sector promedió un valor que resultó 2,9% inferior al registrado durante el año previo, al experimentar un proceso recesivo durante el primer, segundo y tercer trimestre de 2012. En tanto, durante el último trimestre habría arrojado una variación interanual prácticamente nula, marcando el fin de la recesión sectorial.
En ese sentido, el mal desempeño de todo el sector fue un fiel reflejo de los efectos de la sequía, primeros tres trimestres, y las fuertes lluvias, último trimestre, sobre las actividades agrícolas, pero también sobre las pecuarias (efecto opuesto).
Si analizamos el subsector agrícola, el mal desempeño de los cultivos extensivos, en particular, y de la mayor parte la actividad agrícola, en general, como resultado de las condiciones climáticas adversas (sequía) durante buena parte de la temporada estival (desarrollo de granos gruesos) se tradujo en un ritmo de contracción real en torno a 10,4% para ese subsector.
Aun así, el área implantada con los principales granos experimentó la segunda alza consecutiva (+2,3%) durante el ciclo 2011/2012, al superar las 34,5 millones de hectáreas, marcando un nuevo récord histórico. Al respecto, la soja concentró más de 54% de ese registro, guarismo que si bien resultó inferior al máximo de 60% alcanzado en el ciclo 2009/ 10, aún continúa ubicándose por encima del promedio de la década anterior (50,4%).
En tanto, el área destinada a los cinco principales granos considerados en conjunto representó 91% del área total, cifra que se ubica muy cerca del máximo histórico en ese sentido (2006/07 – 93,1%)
Sin embargo, como ya adelantamos, el nivel de producción agregado de los cultivos extensivos se redujo respecto del ciclo 2010/ 2011 como consecuencia de las condiciones climáticas adversas (sequía).
En el caso de la soja los rindes promedio por hectárea sembrada se redujeron en 17%, ubicándose en torno a 21,5 quintales. Es decir, el segundo rinde promedio más bajo de los últimos 11 ciclos agrícolas. Incluso se ubicó bastante por encima del bajísimo nivel de 17,2 quintales por hectárea sembrada correspondiente a la campaña 2008/09, pero aun así muy por debajo (-15,2%) del promedio de los últimos 11 ciclos (25,3 QQ/Ha sembrada).
En consecuencia, el nivel de producción alcanzó las 40,1 millones de toneladas, cifra que resultó inferior en 18% u 8,8 millones de toneladas a la producción de la campaña anterior y en unos 7,2 millones de toneladas al nivel que se hubiera logrado de sostenerse los rindes en torno a los promedios recientes.
En el caso del maíz, el segundo cultivo en relevancia, el incremento del área sembrada (+9,6%) fue más que compensado por la reducción de los rindes (-20%, por la sequía), derivando en una contracción del nivel de producción en torno a 12%. En el caso de este cultivo, los rindes (41,9 QQ/Ha) también se ubicaron en el segundo nivel más bajo de los últimos 11 ciclos agrícolas.
Esta reducción de los rindes se combinó con un alza de costos directos de producción en dólares (+15%) y una contracción de los precios FOB (-13%), resultando en una significativa contracción del valor agregado y margen bruto promedio por hectárea.
Siguiendo con el trigo, el alza de 1% en el área implantada fue más que compensada por el desempeño negativo de los rindes (-12%), produciéndose un contracción en el volumen de producción en torno a 11,2% o 1,8 millones de toneladas.
A diferencia de los dos casos anteriores, la reducción de los rindes del trigo no fue tan dramática, sosteniéndose los mismos bastante por encima del promedio de los últimos 11 ciclos. Pues, básicamente, se debió más a la comparación con un máximo histórico (2010/11) que a condiciones extremadamente adversas en la etapa de desarrollo del cultivo. Recordemos que el ciclo del trigo (siembra, desde mediados de mayo a fines agosto, y cosecha, mediados de noviembre a mediados de enero) difiere del de la soja, el maíz, el sorgo y el girasol.
Los otros dos granos gruesos con peso relativo elevado, girasol y sorgo, también sufrieron en 2011/12 como resultado de la sequía y, en consecuencia, redujeron considerablemente sus niveles de producción. A saber: -9% y -14%, respectivamente. En ambos casos, se habían registrado alzas en las áreas sembradas (+5,3% y +2,5%, respectivamente) que resultaron más que compensadas por las bajas de los rindes (-13,6% y -16,5%, respectivamente)
En el caso de los cultivos industriales (algodón, caña de azúcar, te, yerba mate, tabaco y tung, entre los más importantes) la contracción del nivel de producción agregado fue explicado por la reducción del área sembrada que supone la competencia contra los extensivos y el impacto de las condiciones climáticas adversas sobre los rindes.
En este sentido, vale la pena resaltar el comportamiento del algodón, cultivo que redujo en más de un 30% su nivel de producción durante el ciclo 2011/12 como resultado de una reducción de 3% del área sembrada y una caída de los rindes superior a 25%. En tanto, en el caso de las frutas, hubo mermas en la principal producción del bloque, los cítricos (naranja y limón, principalmente) por el efecto de las heladas.
Subsector pecuario
El nivel de actividad agregado de las actividades pecuarias y de granja tuvo un comportamiento opuesto al de los cultivos, que no logró compensar el impacto de las condiciones climáticas adversas sobre la agricultura, aunque sí amortiguarlo. En particular, el nivel de actividad de este subsector se ubicó 4,5% por encima del correspondiente a 2011. En líneas generales, durante 2012 este segmento resultó favorecido como resultado de la mejora de los precios de sus productos en relación con los del maíz, el principal grano forrajero.
Asimismo, hay que tener en cuenta, que en el caso de la ganadería extensiva, por ejemplo, los efectos negativos de la sequía y el exceso de lluvias tardan más en percibirse. En particular, durante la primera etapa de ambos fenómenos el número de animales que se manda a faena se incrementa, para luego reducirse como resultado de la caída del rodeo (menor retención y mayor mortandad durante meses previos) y el hecho de haber adelantado la salida de las cabezas.
Eso es justamente lo que explica el excepcional incremento que evidenció el nivel de actividad de la ganadería vacuna, principal actividad pecuaria, durante al año pasado (+5,7%), a pesar de las condiciones climáticas adversas (sequía y luego anegamiento de campos por lluvias).
En el caso de la cría de aves de corral con destino a faena el nivel de producción logró incrementarse en 8,5%. En tanto, la producción porcina hizo lo propio en torno a 10%. En cambio, la lechería terminó el año complicada por el anegamiento de campos por las excesivas lluvias redondeando un nivel de producción solo 2% superior al del año pasado.
Perspectivas para este año
De cara a 2013 y en lo que hace a los granos extensivos, con excepción del trigo (20% de reducción en el área sembrada), se espera una recuperación de los niveles de producción como resultado de condiciones climáticas mas benignas. No así, de las áreas sembradas, que, por el contrario, se reducirán.
En particular, durante la campaña en curso el área sembrada con los principales 15 cultivos extensivos se habrían contraído en 2% respecto del ciclo precedente, ubicándose en torno a los 33,8 millones de hectáreas.
De esa superficie total, 19,35 millones de hectáreas corresponderían a la siembra de soja (57% del total y +3,6% respecto del ciclo 2011/12). En tanto, dado que las condiciones climáticas más benignas permiten ilusionarse con rindes en torno al promedio de la última década (25,33 QQ/Ha.), puede proyectarse un nivel de producción en torno a los 49 millones de toneladas (+22%).
En el caso del maíz, la superficie sembrada se habría ubicado en torno a 4,6 millones de hectáreas (-8% respecto de ciclo 11/12), lo que sumado a una previsión de rindes en torno al promedio de la última década, arrojaría un nivel de producción en torno a las 23.350 millones de toneladas (+11,4%).
En el caso del trigo, cuya cosecha 2013 ya está llegando a su fin, las estimaciones indican un nivel de producción en torno a 10,5 millones de toneladas (-23%) con un área implantada 25,5% inferior a la del ciclo previo. Es decir, que los rindes serían levemente inferiores a los de la campaña 2011/12.
Por último, en el caso de los otros dos granos gruesos relevantes, girasol y sorgo, la superficie sembrada de la campaña 2012/13 se reduciría en 12% y 5% respecto de la anterior, respectivamente.
De lo dicho se desprende que el sector agropecuario en general y el agrícola en particular volverán a ingresar en la senda del crecimiento durante el año en curso y, dados los importantes eslabonamientos productivos que el mismo genera hacia delante (agroindustria) y hacia atrás (insumos), se retomará su rol como factores dinamizadores para el resto de la economía.
Sin embargo, no debe sobreestimarse este último aspecto, ya que la continuidad del proceso de apreciación real del peso en un contexto que, a priori y en el mejor de los casos, se perfila como de estabilidad de los precios internacionales, continuará reduciendo los márgenes de rentabilidad de los cultivos de exportación de naturaleza extensiva (granos) e intensiva (frutas e industriales) y, por lo tanto, mantendrá acotadas la demanda de insumos y niveles de inversión asociados.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Industria
Entre Brasil, la cosecha
y la falta de insumos
De acuerdo a nuestras estimaciones el nivel de actividad industrial promedió en 2012 una contracción similar a la correspondiente al año 2009. En particular, el ritmo promedio de caída fue de 2,1% real anual en 2012 (similar al -1,9% de 2009). De esta manera, el proceso de crecimiento industrial experimentó la segunda interrupción desde la crisis de 2001-2002.
Aún más, por segunda vez en los últimos 11 años se convalidó técnicamente un episodio recesivo como sector (segundo y tercer trimestres). Lo dicho es cierto incluso desde la óptica de los indicadores oficiales. Aunque, como era de esperarse, las contracciones son más moderadas y menos persistentes.
En cuanto al comportamiento de la demanda interna de productos industriales locales (incluye inversión en stocks) y la demanda externa (exportaciones), nuestras estimaciones sugieren que el componente interno logró promediar una alza en torno a 3% real anual, en tanto que las exportaciones cayeron poco más de 10% anual.
En otras palabras, los datos agregados sugieren que las trabas a las importaciones (como mecanismo de reserva del mercado local para la producción nacional) no lograron evitar la caída del producto industrial, sino solo amortiguarla.
Más aún, cuando se considera que, en primer lugar, si bien la mayor parte de los mercados destino de las exportaciones industriales desaceleraron, ninguno se contrajo a un ritmo similar al de los valores exportados. Es decir, las trabas tuvieron bastante que ver con la contracción de las exportaciones.
En segundo lugar, los problemas de abastecimiento de insumos importados en sectores con alta dependencia de componentes de origen externo, como la industria automotriz, la metalmecánica y sectores de las industrias plástica y química que originaron las mencionadas trabas, también ayudaron a explicar una parte relevante del mal desempeño industrial.
En lo que hace al mal desempeño de las exportaciones, hay dos frentes más que relevantes.
A) La mala cosecha y, en consecuencia, menor nivel de producción y saldo exportable de la agroindustria. La cosecha de granos gruesos correspondiente al ciclo 2011/2012 arrojó un volumen 18% inferior al de la campaña precedente en el caso de la soja, 12% inferior en el caso del maíz, 6% mas baja para el girasol y poco menos de 14,4% menor en el caso de sorgo. En tanto, el principal cereal fino, el trigo, arrojo un volumen de producción 13% inferior al del ciclo 2010/2011.
El nivel de actividad de la industria molinera se contrajo significativamente ante la menor disponibilidad de materia prima. En el caso de la molienda de oleaginosas el volumen de grano procesado durante todo 2012 se ubicó más de 5% por debajo de 2011. En el caso del trigo la contracción promedio fue de poco más de 3%.
En consecuencia, los volúmenes exportados de derivados industriales de la molienda de cereales y oleaginosos se contrajeron cerca de 20% respecto de 2011, explicando por sí solos cerca de un tercio de la contracción experimentada por los volúmenes exportados de derivados industriales.
B) La dinámica comercial de la Argentina con sus mercados destino, en general, y Brasil, en particular. El principal mercado destino de nuestras exportaciones industriales, Brasil, aporta datos esclarecedores al respecto. Los indicadores oficiales a escala local indican que las ventas argentinas de productos industriales a Brasil promediaron una contracción interanual de 5,7% durante los primeros 11 meses de 2012. De esta manera, Brasil explicó cerca de 22% de la caída experimentada por las exportaciones totales de derivados industriales y 25% de las denominadas manufacturas de origen industrial (sin considerar derivados industriales del agro).
En tanto, durante los primeros nueve meses de 2012 Brasil desaceleró fuertemente, aunque, gracias a las medidas de estímulo en el plano fiscal y monetario logró mantenerse a flote. En particular, el PIB de nuestro vecino promedió un alza interanual real en torno a 0,7%, gracias a un alza promedio de la demanda interna en torno 1,5% real interanual durante el mismo período e importaciones que se mantuvieron prácticamente estables (+0,2% real interanual) durante el período en cuestión y para los mismos términos de comparación. Algo similar ocurrió con las exportaciones (-0,1% real anual). Todo indica que los ritmos de crecimiento del PBI y la demanda interna se incrementaron perceptiblemente durante el último trimestre del presente.
Es decir, la fuerte contracción experimentada por las exportaciones industriales a Brasil no puede ser explicada por el mal desempeño de la demanda de ese país. Pues esa variable, por sí sola, solo alcanza para explicar una desaceleración perceptible.
En consecuencia, toman relevancia otros dos factores adicionales:
1) La apreciación real de la moneda local respecto de la brasileña. Durante el año en curso, el tipo de cambio oficial entre el peso y el real acumuló una depreciación nominal de 0,9%, que resultó más que compensada por un diferencial de inflación entre ambas economías de 18,4%, encareciéndose la economía local casi 15% respecto de su principal socio comercial.
2) La respuesta brasileña a las trabas impuestas por la Argentina a las importaciones fue imponer trabas a los productos argentinos, con lo cual el encarecimiento de estos últimos respecto de sus sustitutos en el mercado brasileño fue aún mayor.
Ahora bien, profundicemos el análisis de los comportamientos intrasectoriales para tener una visión más acabada de las causas últimas de la contracción industrial experimentada en 2012 y las perspectivas 2013.
El mal desempeño del producto industrial durante el año pasado fue liderado por el bloque automotor (-7,8% interanual) y el siderúrgico (-7,7% interanual). También aportaron lo suyo la industria alimentaria (-1,6% interanual), la producción de minerales no metálicos (-5,8% interanual) y el bloque metalmecánico (-3,5% interanual).
Obsérvese que los mencionados fueron los únicos cinco bloques industriales que promediaron variaciones interanuales negativas durante 2012, pues los restantes siete promediaron variaciones interanuales positivas o, la menos, prácticamente nulas.
Sin embargo, el elevado peso relativo de esos cinco sectores (en conjunto representan 57% del producto industrial), por un lado, y la magnitud de las mencionadas contracciones interanuales, por el otro, fue lo suficientemente importante para determinar la caída del agregado o promedio sectorial.
Profundizando: en el bloque automotor fue claro el impacto negativo que tuvo el mal desempeño de las exportaciones, en general, y los envíos a Brasil, en particular, y también del mercado interno. En particular, las exportaciones promediaron un ritmo de caída interanual de poco más de 18%, en tanto que las ventas al mercado interno hicieron lo propio en torno a -6%.
En el caso de la industria alimenticia la contracción se explica en su mayor parte por el mal desempeño de la molienda de oleaginosas y cereales y uno mediocre en el caso de la faena de vacunos y porcinos.
En el caso de la industria siderúrgica y metalmecánica la explicación vuelve a ser doble, como en el caso automotor. Por un lado, el mal desempeño del mercado interno ante la fuerte caída de de la inversión y el consumo durable del sector privado, dados los mayores niveles de incertidumbre y las perspectivas crecientes de volatilidad macroeconómica. Por el otro, el menor dinamismo e, incluso, contracción de las exportaciones dada la apreciación real del peso, la desaceleración de la demanda interna de los principales mercados destinos y la implementación de medidas paraarancelarias en respuesta a las trabas implementadas a escala local.
Por último, en el caso de la producción de minerales no metálicos el determinante es claro: el mal desempeño del sector de la construcción, su principal demandante en el plano local, dados los efectos perniciosos del cepo cambiario y las expectativas de volatilidad macroeconómica sobre la inversión en inmuebles.
Perspectivas en 2013
Es de esperar que la industria comience a recuperarse durante el segundo trimestre de 2013 producto del mejor desempeño de los mercados externos, una cosecha gruesa bastante más auspiciosa (no así la fina), cierto impulso adicional a la demanda interna desde el plano fiscal (año electoral) y, en consecuencia, una tibia recuperación del consumo durable del sector privado. Por lo tanto, esperamos una tasa de crecimiento sectorial en torno a 4% / 5% anual.
A priori, esos valores, más que un piso, deben ser considerados un techo, ya que habrá varios factores negativos que seguirán profundizándose. A saber: el proceso de apreciación real del peso, la reducción de los márgenes de rentabilidad, las expectativas de volatilidad macroeconómica y la alta incertidumbre. Pues, no hay que olvidar que 2013 se perfila como el séptimo año consecutivo con una tasa inflación local por encima de 15% anual y el cuarto consecutivo durante el cual la misma se ubica en torno o, incluso, por encima de 25%.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
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Nadie resultó indemne
Nuestras estimaciones indican que el nivel de actividad del sector productor de servicios logró promediar una alza interanual en torno a 1% durante 2012. Aunque no logró evitar la ocurrencia de un episodio recesivo. Pues, básicamente, se registraron dos trimestres contractivos consecutivos (segundo y tercero, ambos con bajas en torno a 0,4% interanual).
En tanto, y si bien no se registró caída respecto del año previo, no podemos dejar de resaltar que el bloque servicios experimentó una desaceleración abrupta en su nivel de actividad, ya que durante el bienio previo había logrado promediar un ritmo de crecimiento promedio anual en torno a 7% real.
El comportamiento intra-sectorial no fue para nada heterogéneo. Por un lado, tenemos la intermediación financiera, el transporte de pasajeros urbano y suburbano, las telecomunicaciones y los servicios de educación, salud, administración pública, defensa y servicios personales. Todos ellos, en mayor o menor medida, lograron que las correspondientes variaciones interanuales se sostuvieran en zona positiva.
Por lejos el sector proveedor de servicios de mejor desempeño fue el las telecomunicaciones, muy apalancado por la telefonía móvil e Internet. En particular, el crecimiento sectorial alcanzó a 12% real anual en 2012, desacelerando levemente respecto del bienio 2010-2011(+19,5% real anual).
En el caso de la educación, la salud y la administración pública, la clave estuvo por el lado del gasto público, ya que el componente estatal en ese sentido es más que importante. De esta manera, este sector logró promediar una tasa de crecimiento en torno a 4,5% real anual durante todo 2012 y ni siquiera experimentó desaceleración respecto del bienio 2010-2011 (4,5% real anual)
En tanto, en lo que se refiere a la intermediación financiera, las trabas progresivas impuestas a la adquisición de divisas por parte del sector privado terminaron impulsando la formación de depósitos y la búsqueda de otras alternativas de aplicación financiera de los flujos en pesos como forma de minimizar la pérdida de poder adquisitivo. Esto terminó favoreciendo el desempeño del nivel de actividad del sistema financiero en lo que hace a las actividades transaccionales y el otorgamiento de crédito a corto plazo. No así en el caso de las líneas orientadas al mediano-largo plazo.
En este sentido, el nivel de actividad sectorial correspondiente promedió una tasa de crecimiento interanual en torno a 3,2% real anual durante 2012 y también evitó registrar variaciones trimestrales interanuales negativas. Sin embargo, la desaceleración respecto del bienio 2010-2011 (+7,5% real anual) fue significativa, ya que el ritmo de crecimiento se redujo a menos de la mitad.
El resto de los sectores arrojaron variaciones negativas significativos o nulas. Entre estos últimos el de peor desempeño fue el transporte de cargas, ya que su demanda se contrajo significativamente como resultado del mal desempeño de la mayor parte de sus sectores demandantes (agropecuario, industria, construcción y minería). En particular, las propias cifras de Indec indican que el PIB sectorial se contrajo a un ritmo anual en torno a 8% real durante 2012, con fuertes contracciones interanuales durante los cuatro trimestres del año.
El nivel de actividad del comercio minorista sufrió el brusco “parate” que experimentó el consumo privado, en general, y la caída del consumo de bienes durables, en general. En tanto las actividades del comercio al por mayor, en las que tiene un gran peso las de comercio exterior, sufrieron como resultado de la contracción de los volúmenes exportados e importados que implicaron las trabas impuestas a escala local, las respuestas a estas últimas de nuestros socios comerciales, la sequía, la apreciación del peso y el mal desempeño de buena parte de nuestros mercados destino.
En consecuencia, el PIB sectorial promedió un ritmo de contracción en torno a 6% real anual, con dos trimestres contractivos consecutivos: el segundo (-6% interanual) y el tercero (-3,3% interanual).
Les siguió en cuanto a la magnitud del mal desempeño, el sector de actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler, dentro del cual resaltó por su mal desempeño el mercado inmobiliario como resultado de, primero, el efecto negativo que supusieron las expectativas crecientes de volatilidad macroeconómica y, después, la implementación y posterior endurecimiento del profundo esquema de control de cambios vigente en la actualidad.
En particular, el nivel de actividad correspondiente se contrajo 2,6% durante 2012, y registró tres trimestres consecutivos con variaciones negativas: el segundo (-4% interanual), el tercero (-5,7% interanual) y el cuarto (-2% interanual).
Por último, el nivel de actividad de la comúnmente denominado industria del ocio, que engloba a la actividad hotelera, espectáculos, esparcimiento y locales de comidas, entre los principales, tampoco resultó indemne ante, por un lado, el brusco aterrizaje del consumo privado y, por el otro, la reducción del flujo de turistas extranjeros y el sostenido incremento del turismo de locales en el exterior. Entre las razones que explican el último fenómeno resalta el encarecimiento del turismo en el país como resultado del profundo proceso de apreciación real experimentado por la moneda local.
Cuantificando. El nivel de actividad sectorial registró una variación interanual en torno a 0,1% (estadísticamente igual a cero). Sin embargo, sí entró técnicamente en recesión, pues se registraron dos trimestres consecutivos con variaciones interanuales negativas: el segundo (-1,2% interanual) y tercero (-0,8% interanual).
Perspectivas en 2013
Es de esperar que, en promedio, el sector servicios acelere durante 2013 ya que así lo harán los sectores que lograron sostenerse en zona positiva durante 2012. En particular, las actividades de administración pública, educación y salud crecerán como resultado del mayor gasto público que se registrará en esa área durante un año signado por la elección legislativa de medio término.
En tanto, aquellos rubros que experimentaron variaciones interanuales negativas y de magnitud significativa, como el caso del transporte y el comercio exterior, recibirán el impulso que supone la recuperación de los sectores productores de bienes (agropecuario e industria, principalmente) como resultado de factores exógenos positivos (clima y recuperación mercado destino).
El ritmo de dinamismo se mantendrá acotado por la continuidad de factores endógenos negativos, como ser la apreciación real del peso, alta inflación mediante, y niveles de incertidumbre elevados, sobre todo en lo que se refiere a expectativas aún elevadas en materia de volatilidad económica futura y su impacto sobre el desempeño del consumo y la inversión privada.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.







