Durante los últimos años se ha vuelto prácticamente un latiguillo afirmar que la Argentina se quedó afuera el mundo o, en términos más suaves y justos, que se fue quedando a un costado. Pero, lamentablemente, no se trata tan solo de una simple expresión de malestar o, incluso, una sensación. Por el contrario, fue y es una preocupante realidad.
En particular, buena parte de las medidas tomadas en la última década y, con más énfasis, en los últimos cinco años, han derivado en una pérdida de participación local en la economía mundial en dos aspectos más que relevantes: El comercio exterior de bienes y de servicios y los flujos de capitales.
En el primer aspecto, la Argentina adoptó una estrategia claramente mercado internista e, incluso, llegó a penalizar a sus propias exportaciones. En cambio, en promedio, América latina y el Caribe adoptaron una estrategia pro-exportadora. Asimismo, el coeficiente de apertura, indica que la Argentina se cerró comercialmente sobre sí misma, al tiempo que sus compañeros regionales se abrían.
En el segundo aspecto, mientras la región continuó siendo una receptora neta de flujos de capitales e, incluso de inversión extranjera directa (IED), incrementando su participación en el total mundial, la Argentina se transformó en una clara emisora en lo que hace a los flujos totales netos y perdió capacidad de atracción de IED.
Profundizando por el lado de la cuenta corriente. De acuerdo a la información del Indec, durante los últimos 11 años (2002-2012) las exportaciones de bienes y servicios (metodología PIB) acumularon un alza nominal en torno de 386%, que se tradujo en un promedio anual de 17,1%.
En tanto, si descontamos el impulso que implicó desde el punto de vista de los valores exportados el alza experimentada durante el mismo período por los precios internacionales de nuestros productos de exportación, la expansión real acumulada asciende a 64,1% y, en consecuencia, el ritmo promedio anual a poco más de 5%.
Durante ese mismo período, y siempre según la información oficial, el PIB acumuló un alza nominal de 590%, que se tradujo en un promedio anual de 21,3%. En consecuencia, el peso de las exportaciones en el producto nominal se redujo, pasando de 28,4% en 2002 a poco más de 20% en 2012 (8 puntos porcentuales menos).
En tanto, si consideramos los datos reales, el alza acumulada por el PIB fue de casi 100% (se duplicó), con un ritmo promedio anual de 7,1%. En consecuencia, el peso de las exportaciones de bienes y servicios cayó desde 14% en 2012, a poco más de 11,6% en 2012 (2,4 pp menos).
Conclusión. El peso del sector exportador de bienes y servicios en la economía local se redujo, producto de una estrategia de crecimiento centrada en el mercado interno, en general, y el consumo, en particular. Aún más, esa estrategia castigó en buena medida a los principales bloques o sectores exportadores, vía la imposición de relativamente altos Derechos de Exportación, en clara oposición a la tendencia regional y mundial, subsidiando de esa forma, implícita y explícitamente, el sendero de expansión del consumo local.
El mundo, a la inversa
Exactamente lo contrario ocurrió a escala mundial y regional. Pues, en primer lugar y de acuerdo a la información de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las exportaciones mundiales de bienes y servicios pasaron de representar 24,4% del PIB en 2002 a poco más de 30,5% en 2012 (+6 pp).
En segundo lugar, y de acuerdo a la misma fuente de información, en el caso de América latina y el Caribe, el guarismo correspondiente se ubicó en torno a 13,2% en 2002 y a 15,7% en 2012, acumulando un alza de 2,5 pp en los últimos 11 años (2002-2012).
Asimismo, y como era de esperarse, la Argentina estuvo por detrás de la región en lo que se refiere al dinamismo de las exportaciones perdiendo, en consecuencia, peso en el correspondiente agregado regional (pasó de 13,3% a 11,2%).
En tanto, si consideramos el comúnmente denominado coeficiente de apertura (exportaciones + importaciones vs PIB) observamos similares resultados. En particular, en el plano local el mencionado indicador se ubicaba en torno a 42% en 2002 y logró promediar un valor de 37,6% en 2012, reduciéndose en poco más de 4 puntos porcentuales durante el período consolidado y poniendo en evidencia una estrategia de cierre progresivo de la economía local.
A escala regional el citado guarismo promedió un valor levemente encima de 31%, ubicándose 5 pp por encima del nivel alcanzado 11 años antes (2002 = 26%), mostrando una tendencia claramente opuesta a la local, que más allá de las turbulencias de los últimos años, pone de relevancia nuevamente una estrategia de crecimiento y desarrollo orientada a la apertura económica.
Analicemos ahora las divergencias por el lado de la cuenta capital. De acuerdo a la información suministrada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), durante 2012 la región (América latina y el Caribe) concentró flujos de capitales privados netos por US$ 131.000 millones, que representaron 2,3% del PIB regional y, en consecuencia, apalancaron la tasa de inversión y el ritmo de crecimiento regional durante todo el período.
De esos flujos privados, unos US$ 122.500 millones (93,5%) fueron flujos netos de Inversión Extranjera Directa (IED), que equivalieron a 2,1% del PIB regional y amplificaron, al pasar a engrosar directamente la inversión bruta fija, el efecto positivo sobre la tasa de crecimiento regional. No hay que dejar de resaltar que durante el año en cuestión, la región concentró casi un tercio de los flujos de IED privada a los países emergentes (31,1%).
No hay que creer que lo dicho en lo párrafos previos es solo patrimonio exclusivo de 2012. Por el contrario, ha sido una constante de la última década. En particular, entre 2002 y 2012, los flujos netos de IED privada a la región acumularon el equivalente de casi US$ 800.000 millones (promedio anual de US$ 74.500 millones), representando 2,1% del PIB regional generado durante el mismo lapso y concentrando 22% del flujo neto de capitales privados a los emergentes.
Durante el mismo período y de acuerdo a la información suministrada por el Indec (proyectando 2012 a partir del primer semestre), los flujos de capitales privados netos de la balanza de pagos del país fueron negativos en poco menos de unos US$ 40.000 millones, poco menos de -1,5 puntos porcentuales del PIB local valuado en dólares.
Es decir, que los flujos de capitales privados estuvieron lejos de apalancar la tasa de inversión y crecimiento local, como en el resto de América latina y, además, como es lo esperable para una economía emergente. Por el contrario, tuvieron el efecto opuesto, ya que la salida de capitales privados, más que compensó los ingresos, quitándole recursos a la tasa de inversión local y, en consecuencia, reduciendo la tasa de crecimiento sustentable local respecto de su potencial.
La IED privada
En lo que hace a IED privada, durante los últimos 11 años (2002-2012) la Argentina acumuló flujos netos por US$ 55.100 millones. Es decir, menos de 6,5% del total captado durante el mismo lapso por toda Latinoamérica, cifra que se ubicó bastante por debajo de su participación promedio en el PIB regional (7,5%) y, en consecuencia, equivalió a 1,9% del PIB local en dólares (debajo del promedio regional).
Con lo cual, hay dos elementos a remarcar:
1- Durante los últimos 11 años la Argentina perdió participación en los flujos netos de IED privada a la región.
2- Si bien los flujos netos de IED privada fueron positivos, resultaron más que compensados por flujos netos negativos en lo que hace a inversiones privadas en activos y derivados financieros y, por sobre todas las cosas, simple atesoramiento privado de moneda extranjera (desconfianza creciente de los locales).
En consecuencia, mientras toda la región fue receptora de capitales privados, la Argentina se transformó en un claro emisor.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Cuenta corriente
La contracción fue
la regla a rajatabla
El Gobierno inició el año pasado con un objetivo claro: lograr un superávit comercial igual o superior a US$ 10.000 millones y restringir todos los demás puntos de fuga de divisas, tanto por el lado de la cuenta corriente, como de la cuenta capital, de forma que los dólares pudieran ser compradas sin mayores inconvenientes por el BCRA.
Naturalmente, para ser posteriormente giradas al Tesoro nacional, que las utilizaría para saldar sus obligaciones en moneda extranjera.
Con ese norte en mente, hacia febrero de 2012 se implementó un esquema de predeclaración de importaciones, que en la práctica funcionó como un mecanismo discrecional de control, y se llegó incluso a solicitar, para lograr la aprobación de la operación de importación, que se realizara una venta al exterior de productos locales por un monto equivalente. Es decir, en buena parte de los casos se exigió que la operatoria fuera neutra en materia de divisas.
Posteriormente el control de importaciones fue complementado por otras medidas. Primero, llegaron los acortamientos en los plazos para liquidar las divisas resultantes de las operaciones de exportación. Esta medida buscaba corregir un efecto negativo del control de cambios, ya que el mismo incentivaba a los exportadores a tomarse el mayor plazo disponible para hacerlo.
Más entrados en el año se endureció hasta el absurdo el control de cambios y se restringieron las autorizaciones de compra de divisas para turismo (balance de servicios). Asimismo, se aplicaron todas las acciones formales e informales necesarias para reducir al mínimo los giros de dividendos al exterior (rentas de la propiedad), e incluso llegó a utilizar la Comisión Nacional de Valores para presionar a las empresas con acciones cotizantes en el exterior, a no distribuirlos.
12 meses después, los datos indican que el objetivo oficial se alcanzó con creces. Pues el saldo comercial habría superado los US$ 12.600 millones y el BCRA logró comprar durante todo 2012 divisas por un valor equivalente a 75% de ese monto (US$ 9.000 millones), debiendo tan solo convalidar un alza del tipo de cambio oficial en torno a 14%.
Los costos que pagó la economía real por el lado del dinamismo perdido en materia de producto, inversión y las exportaciones, por un lado, y el daño producido sobre relaciones comerciales que deberían ser consideradas estratégicas (Brasil y China), por el otro, son lo suficientemente significativos como para ahogar cualquier festejo.
Centrémonos en el análisis del balance de mercancías con la información oficial disponible a la fecha de cierre (primeros 11 meses de 2012)
Importaciones de bienes: los valores importados durante los primeros 11 meses de 2012 totalizaron US$ 63.050 millones, cifra que al ubicarse 7% por debajo del registro comparable de 2011, se tradujo, desde la estrecha óptica del objetivo oficial, en un ahorro de divisas de US$ 4.890 millones. El resultado fue propiciado por una caída de igual magnitud en las cantidades importadas, en un contexto de estabilidad de los precios de importación.
El lado adverso del ahorro
Los dos rubros más relevantes desde el punto de vista de ese ahorro, resultaron ser también los más correlacionados con el dinamismo del nivel de actividad, en general, y la inversión y la producción industrial, en particular.
Con lo cual, el ahorro de divisas vía menores importaciones se pagó en su mayor parte con menor dinamismo industrial, por un lado, y menor dinamismo de la inversión (crecimiento futuro), por el otro lado.
• Bienes de capital. Los valores importados cayeron más de 16% respecto de los primeros 11 meses de 2011 y, en consecuencia, aportaron US$ 2.132 millones (44%) al ahorro total de divisas vía reducción de importaciones. La contracción fue resultado de una caída interanual de 17% en las cantidades importadas, que resultó parcialmente compensado por la suba de los precios de importación específicos (+4%).
• Bienes intermedios. Se contrajeron 8% en valor respecto de los primeros 11 meses de 2011, como resultado de una caída de las cantidades importadas de 3% y una de los precios de importación de 5%. En consecuencia, aportaron al ahorro total vía menores importaciones US$ 1.675 millones (34%).
Obsérvese que en conjunto, la contracción de las compras al exterior de ambos rubros, capital e intermedios, aportó cerca de 80% del ahorro total de divisas logrado vía restricción de importaciones.
La contracción también fue la regla para la mayor parte de los restantes rubros de importación. En particular, los valores comprados al exterior de partes y piezas de capital cayeron a un ritmo de 2,3% interanual y los correspondientes a los bienes de consumo hicieron lo propio en 9,3%. En ambos casos, fue determinante la caída de las cantidades importadas.
En tanto, los valores importados de combustibles y lubricantes se mantuvieron prácticamente constantes, en un contexto de estabilidad de la demanda local (recesión y estancamiento), demostrando que la Administración nacional no tenía, crisis energética mediante, demasiado espacio para intentar forzar ahorro de divisas en ese rubro.
Desde el punto de vista de nuestros socios comerciales, lo más damnificados por el esquema de control de importaciones fueron, aunque parezca paradójico, dos de nuestros principales compradores, de los cuales, con uno tenemos un acuerdo de integración regional, Brasil, y con el otro tenemos grandes oportunidades de complementariedad, China. Con lo cual, el costo pagado en materia de estrategia comercial de mediano-largo plazo fue elevado.
En particular, los envíos provenientes del Mercosur (90% brasileños) acumulados durante los primeros 11 meses de 2012 se contrajeron 18% interanual en valor, aportando US$ 3.769 millones al supuesto ahorro de divisas logrado vía reducción de las importaciones (77%). En tanto, los provenientes del “gigante asiático” cayeron 6% interanual en valor durante el mismo período, aportando unos US$ 630 millones al supuesto ahorro (13%).
Exportaciones de bienes. La otra cara de la moneda del ahorro logrado vía contracción de las importaciones fue el mal desempeño de las exportaciones. Pues, si bien hubo un porción relevante de la contracción de estas últimas que fue explicada por el impacto de la sequía (aproximadamente la mitad), la otra mitad fue resultado del mal desempeño de las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial afectadas negativamente por las trabas impuestas en respuesta por nuestros socios comerciales, la apreciación del tipo de cambio real y los problemas de abastecimiento de insumos claves (importados).
Los valores vendidos al exterior totalizaron US$ 75.200 millones durante los primeros 11 meses de 2012, reduciéndose 3% respecto del valor correspondiente al mismo período del año anterior. La merma de divisas correspondientes fue de US$ 2.420 millones.
En cuanto al comportamiento de los distintos rubros de exportación, vale la pena resaltar lo siguiente:
• Productos primarios: cayeron casi 4% en valor respecto del registro correspondiente a los primeros 11 meses de 2011, producto de una caída de 5% en las cantidades, parcialmente compensada por un suba de 1% de los precios. Aportaron a la merma total de divisas por menos exportaciones US$ 818 millones (34%). En este caso fueron claros los efectos negativos de la sequía vía menores exportaciones de semillas y frutos oleaginosos.
• Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA). Cayeron 3% en valor en términos interanuales, producto del mal desempeño de las cantidades exportadas (-8%), movimiento parcialmente compensado por el alza de los precios internacionales. El aporte a la merma total de divisas por menores exportaciones fue de US$ 700 millones (29%). Nuevamente, la mayor parte de la caída fue explicada por la seguía, ya que se debió a la menores cantidades exportadas de grasas y aceites.
• Manufacturas de Origen Industrial (MOI). Cayeron 4% en valor en términos interanuales, nuevamente como resultado del mal desempeño de las cantidades (-5%). En consecuencia, terminaron explicando casi 45% (US$ 1.050 millones) de la merma de divisas por menores exportaciones. En este caso los envíos sufrieron por problemas de abastecimiento de insumos clave (importados), trabas y desaceleración de socios comerciales y apreciación real del peso.
• Combustibles y energía. El único rubro que logró incrementar sus valores en términos interanuales (+2%), compensando parcialmente el efecto negativo sobre la disponibilidad de divisas que implicó la caída del resto (US$ 150 millones).
En cuanto a los mercados destino, las contracciones fueron la regla y, aunque resulte paradójico nuevamente, fueron especialmente profundas en aquellos casos en los cuales las compras de nuestro país no se habían visto retraídas. Sino más bien, lo contrario. En tanto, Venezuela, Japón y Corea fueron los únicos destinos que incrementaron significativamente sus compras.
En particular, los valores de los envíos a la Unión Europea y el Nafta encabezaron la lista de contracciones. Ambos habían sido de los pocos socios comerciales que habían conseguido incrementar el valor de sus ventas a la Argentina.
De lo dicho se desprende una triangulación de saldos comerciales con consecuencias no menores. En particular, durante 2012, la combinación de trabas, sequía, desaceleración mercados destino y apreciación del peso, se tradujo en un deterioro de los saldos comerciales bilaterales con el Nafta, la UE y China y una mejora de los mismos respecto del Mercosur y Venezuela.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Cuenta capital y financiera
Cierre progresivo y
además, muy efectivo
Durante 2012 la cuenta capital y financiera de la balanza de pagos local fue objeto de mayores controles y presiones que la cuenta corriente. Sobre todo, en lo que se refiere a la cuenta del sector privado no financiero. Respecto del saldo comercial existió un objetivo explícito: que, como mínimo, se ubicara al mismo nivel que el año previo.






