Responsabilidad de la empresa
Las relaciones que existen entre la libre empresa, democracia y capitalismo

No es exclusivamente con los accionistas. Su mayor obligación es para con la sociedad (que involucra a todos los
stakeholders
). La empresa no puede tener éxito si la sociedad fracasa. Esta simple afirmación está detrás de la gran conmoción política y económica que sacude al mundo. Vastos sectores de la población –tal vez, incluso, más numerosos en el mundo desarrollado que en el emergente o paupérrimo – están convencidos que han sido dejados atrás. Que el famoso “derrame” de la teoría económica predominante durante décadas, es una mera fantasía. La globalización se impuso en todo el planeta, pero no todas sus promesas se cumplieron. Y los efectos están a la vista: un populismo en auge cambia las reglas de juego del viejo escenario. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hace una década, la combinación de libre empresa, democracia y capitalismo funcionó muy bien. Ahora ha dejado de hacerlo. Especialmente desde la inmensa crisis financiera de 2008/9, llamada también “la verdadera Gran Recesión”. La mejor explicación que encuentran los analistas, es que falló la distribución. Las empresas han tenido excelentes ganancias durante décadas, pero vastos sectores de la sociedad no las han disfrutado. Se estancaron sus ingresos, se acentuó la desigualdad en la distribución de los frutos del conocimiento, y se desinduatrializaron vastos territorios con historia productiva. La globalización no ha sido inocente en ese proceso. Muchas empresas se trasladaron adonde –en todo el planeta- era más ventajoso producir, pagando menores salarios y menos impuestos. Por eso la desindusrializaión en todo el centro de Gran Bretaña, en buena parte de la geografía europea, y en la zona central de Estados Unidos, casualmente los estados que votaron por Donald Trump y que declaran su intención de reelegirlo. Lo que se están gestando es una nueva alianza, un realineamiento entre la empresa, la sociedad, la democracia y el capitalismo. Abundan las voces de los que pregonan que hay que refundar al capitalismo. Que hay que flexibilizar –para reforzar- el sistema democrático, y que es menester reinventar el capitalismo para que esté en consonancia con la nueva realidad. ¿Cómo se manifiesta la reacción de las empresas ante el complicado escenario en el que están situadas? A veces con tímidos intentos de innovar, en otros casos con jugadas mucho más audaces y de algo impacto. A veces también, ignorando la realidad como si en nada les afectara.
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