Economía regenerativa: un nuevo paradigma empresarial
En la última década, se ha venido gestando una transformación en la manera de hacer negocios, que ya poco tiene que ver con los modelos de 10 o 15 años atrás.
Criterios ESG o ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo), economía regenerativa, capitalismo de stakeholders, son todos nuevos conceptos que surgen con fuerza e imponen otros paradigmas. Entre las compañías de mayor envergadura, son pocas las que se han mantenido en la mera filantropía y asistencia a la comunidad vecina. Hoy, ya sea por imposición, por convicción o por ambas, las organizaciones han debido cambiar su mirada respecto de la forma de hacer negocios. Mismo los conceptos fueron mutando y de la Responsabilidad Social Empresaria se pasó a la sustentabilidad, a la vez que su propio significado se fue tornando cada vez más complejo. Las crecientes demandas de una sociedad más informada, conectada y consciente, las mayores regulaciones, la presión de los inversores y, también, la aceptación de que una gestión sustentable genera mejores resultados son algunos de los factores que explican este proceso. Se trata de un nuevo contrato social y un camino de transformación que, más temprano que tarde, las compañías deberán adoptar para poder seguir creciendo en este mundo acelerado e incierto. Hoy, una gestión sustentable parte de la base de contemplar el triple impacto, económico, social y ambiental, y garantizar una gobernanza corporativa sostenible, ética, transparente y con coherencia entre el decir y el hacer. También debe actuar con una mirada interna sobre los talentos en la que prime la diversidad, la inclusión, la valoración de la unicidad y la promoción del desarrollo de cada persona, en un modelo de trabajo más horizontal y colaborativo. Por supuesto, no alcanza con que la compañía en sí misma implemente buenas prácticas internas, sino que estos mismos requerimientos se exigen a su cadena de valor. El concepto de economía regenerativa surge con fuerza y trasciende por lejos el minimizar el impacto negativo de la operación. Se trata de un compromiso profundo por mejorar el ambiente y la sociedad; de aportar valor a largo plazo en lo económico, social y ambiental a partir de un modelo de negocios y una gestión sustentable que garantice un futuro mejor. En este contexto, las alianzas vuelven a ser la clave y el trabajo sinérgico y en red, entre empresas, actores sociales públicos y privados, ONG, academia y sociedad en general, se muestra como la única alternativa para potenciar los resultados: ante problemas globales, soluciones conjuntas.
(Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Mercado)
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