UE: fusiones en un mercado bancario difícil

Contra lo que se cree, los conglomerados financieros parecen globales pero no lo son para los clientes. Tampoco cuando se trata de fusionarse por encima de fronteras nacionales, aun en la Unión Europea.

La cuestión ha sido replanteada por Banco Santander Central Hispano (BSCH) y su oferta de adquirir el británico Abbey National Bank, por unos € 12.400 millones. La operación retoma un debate iniciado en 1999, BSCH trató de “salvar” a Société Générale. Pero el Banco de Francia le cerró la puerta porque no era francés.

Ahora, Emilio Botín quiere cristalizar por fin una fusión transfronteriza. Mas, señala Boston Consulting Group, hay “dos dudas básicas. Primera, ¿cómo reaccionarán los accionistas de Abbey, cuando sus papeles en libras sobre Londres se intercambien por papeles en euros sobre Madrid?

Segunda, ¿podrá BSCH recortar costos, con tan pocos rubros compartidos por ambas entidades? Botín piensa ahorrarse € 560 millones anuales restructurando la operación interna de Abbey y mudándola a su propia plataforma tecnológica. Sin embargo, si la migración se traba, otros bancos serán renuentes a seguir el ejemplo del español.

Muchos ven esta compra como respuesta al proceso de fusiones y adquisiciones que se vive en Estados Unidos. En especial, a JP Morgan Chase-Bank One y Bank of America-FleetBoston Financial. Pero, a diferencia de esos casos, “la iniciativa de BSCH no alterará el perfil de la banca europea. Al fin, en tamaño la entidad hispánica sólo sube del undécimo al octavo puesto mundial.

Sin duda, las F&A bancarias son terreno minado, como lo demuestra la lista de vanos intentos. Entre los más sonados –en el marco británico- figuran Lloyds TSB con el belgoholandés Fortis o con Deutsche Bank y Barclay’s con ABN Amro. Otras dos frustraciones fueron la alianza de Unicredito y el alemán Commerzbank y la del mismo banco italiano con Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

En la UE, a la sazón, la banca es uno de los sectores más fragmentados. Pero sigue siendo rentable y genera mucho más capital que el requerido para reinvertir en crecimiento. Citigroup Smith Barney estima que esa banca producirá un exceso de capital por € 84.000 millones en el trienio 2004-6.

El problema es que la fragmentación financiera simplemente refleja la del propio mercado y sus normas. Diferentes regímenes tributarios y regulatorios, amén de culturas distintas, continúan trabando la “exportación” de servicios, para no hablar de los bancos mismos.

Por otra parte, según un estudio de la Reserva Federal de Nueva York (1997), no hay prueba alguna de que las F&A dentro del mismo mercado mejoren la eficiencia de las entidades. Dos años después, el Banco de Ajustes Internacionales (Basilea) advirtió que “los problemas organizacionales son sistemáticamente subestimados y los compradores tienden a pagar en exceso”.

En 2003, Deutsche Bank halló, tras analizar veinticinco acuerdos recientes en la UE, que las mayores sinergias derivaban de F&A locales, que representaban en promedio 11% en costos básicos y podían llegar a 26%. Aparte, se originaban en recortes, no en vender más servicios a más clientes.

También pesan factores políticos. Así como el Banco de Francia bloquea “predadores”, Antonio Fazio –presidente de la Banca de Italia- no permite que bancos extranjeros (Eurozona inclusive) con participaciones minoritarias en entidades italianas traten de controlarlas comprando acciones. En Alemania, donde una red decrépita debiera inspirar nuevas ideas, el gobierno urge a los bancos a fusionarse entre así, para “bloquear intentos de copamiento desde afuera”.

Ahora bien, ¿qué pasa con los clientes? “La banca global puede sonar muy bien en el plano institucional o teórico –apunta un columnista del ‘Financial Times’- , pero quienes operan con gigantes chocan a menudo con prácticas anticuadas, en cuanto tratan de transferir fondos, cuentas, etc.”. Los clientes de bancos transnacionales suelen creer que pueden hacer transferencias sin trabas, en caso de iniciar actividades en un país diferente al de su cuenta. Por el contrario, “se les pide abrir otra cuenta en el mismo banco y deben probar su identidad reiteradas veces. Esto tiene una explicación simple: los sistemas no están conectados y, en realidad, no existen los bancos globales de la ventanilla hacia fuera”.

Ni las tarjetas de crédito son transferibles cruzando fronteras, pues cada país –al margen de su agrupamiento regional- tiene códigos de emisión y sistemas de débito propios. Todavía nadie ha propuesto ni definido pautas globales. En la Eurozona, además, los bancos cobran extra por transacciones entre un país y otro, dentro de la misma entidad. Entonces, girar fondos suele implicar comisiones abusivas, aunque se trate del mismo banco y la misma moneda.

La cuestión ha sido replanteada por Banco Santander Central Hispano (BSCH) y su oferta de adquirir el británico Abbey National Bank, por unos € 12.400 millones. La operación retoma un debate iniciado en 1999, BSCH trató de “salvar” a Société Générale. Pero el Banco de Francia le cerró la puerta porque no era francés.

Ahora, Emilio Botín quiere cristalizar por fin una fusión transfronteriza. Mas, señala Boston Consulting Group, hay “dos dudas básicas. Primera, ¿cómo reaccionarán los accionistas de Abbey, cuando sus papeles en libras sobre Londres se intercambien por papeles en euros sobre Madrid?

Segunda, ¿podrá BSCH recortar costos, con tan pocos rubros compartidos por ambas entidades? Botín piensa ahorrarse € 560 millones anuales restructurando la operación interna de Abbey y mudándola a su propia plataforma tecnológica. Sin embargo, si la migración se traba, otros bancos serán renuentes a seguir el ejemplo del español.

Muchos ven esta compra como respuesta al proceso de fusiones y adquisiciones que se vive en Estados Unidos. En especial, a JP Morgan Chase-Bank One y Bank of America-FleetBoston Financial. Pero, a diferencia de esos casos, “la iniciativa de BSCH no alterará el perfil de la banca europea. Al fin, en tamaño la entidad hispánica sólo sube del undécimo al octavo puesto mundial.

Sin duda, las F&A bancarias son terreno minado, como lo demuestra la lista de vanos intentos. Entre los más sonados –en el marco británico- figuran Lloyds TSB con el belgoholandés Fortis o con Deutsche Bank y Barclay’s con ABN Amro. Otras dos frustraciones fueron la alianza de Unicredito y el alemán Commerzbank y la del mismo banco italiano con Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

En la UE, a la sazón, la banca es uno de los sectores más fragmentados. Pero sigue siendo rentable y genera mucho más capital que el requerido para reinvertir en crecimiento. Citigroup Smith Barney estima que esa banca producirá un exceso de capital por € 84.000 millones en el trienio 2004-6.

El problema es que la fragmentación financiera simplemente refleja la del propio mercado y sus normas. Diferentes regímenes tributarios y regulatorios, amén de culturas distintas, continúan trabando la “exportación” de servicios, para no hablar de los bancos mismos.

Por otra parte, según un estudio de la Reserva Federal de Nueva York (1997), no hay prueba alguna de que las F&A dentro del mismo mercado mejoren la eficiencia de las entidades. Dos años después, el Banco de Ajustes Internacionales (Basilea) advirtió que “los problemas organizacionales son sistemáticamente subestimados y los compradores tienden a pagar en exceso”.

En 2003, Deutsche Bank halló, tras analizar veinticinco acuerdos recientes en la UE, que las mayores sinergias derivaban de F&A locales, que representaban en promedio 11% en costos básicos y podían llegar a 26%. Aparte, se originaban en recortes, no en vender más servicios a más clientes.

También pesan factores políticos. Así como el Banco de Francia bloquea “predadores”, Antonio Fazio –presidente de la Banca de Italia- no permite que bancos extranjeros (Eurozona inclusive) con participaciones minoritarias en entidades italianas traten de controlarlas comprando acciones. En Alemania, donde una red decrépita debiera inspirar nuevas ideas, el gobierno urge a los bancos a fusionarse entre así, para “bloquear intentos de copamiento desde afuera”.

Ahora bien, ¿qué pasa con los clientes? “La banca global puede sonar muy bien en el plano institucional o teórico –apunta un columnista del ‘Financial Times’- , pero quienes operan con gigantes chocan a menudo con prácticas anticuadas, en cuanto tratan de transferir fondos, cuentas, etc.”. Los clientes de bancos transnacionales suelen creer que pueden hacer transferencias sin trabas, en caso de iniciar actividades en un país diferente al de su cuenta. Por el contrario, “se les pide abrir otra cuenta en el mismo banco y deben probar su identidad reiteradas veces. Esto tiene una explicación simple: los sistemas no están conectados y, en realidad, no existen los bancos globales de la ventanilla hacia fuera”.

Ni las tarjetas de crédito son transferibles cruzando fronteras, pues cada país –al margen de su agrupamiento regional- tiene códigos de emisión y sistemas de débito propios. Todavía nadie ha propuesto ni definido pautas globales. En la Eurozona, además, los bancos cobran extra por transacciones entre un país y otro, dentro de la misma entidad. Entonces, girar fondos suele implicar comisiones abusivas, aunque se trate del mismo banco y la misma moneda.

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