Que haya rebote no es sinónimo de crecimiento
Es de esperar que después del histórico frenazo que sufrió la actividad económica en 2020 (-9,9% según los datos oficiales) se produzca un rebote.

Tras una caída histórica del PBI de 16,0% en el segundo trimestre del 2020, en términos desestacionalizados, que superó la que sufrimos en los últimos dos de 2001 y el primero de 2002 y que dejó a la economía en el mismo nivel que tenía en 2006, la actividad exhibe números algo mejores desde fines del tercer trimestre 2020, producto del rebote mencionado a medida que se normalizan las distintas actividades productivas. Así lo recuerda el capítulo respectivo del informe producido por el área de Asuntos Económicos de Llorente y Cuenca de Argentina. Las proyecciones oficiales de crecimiento y las privadas que releva el BCRA ubican el aumento del PBI real de 2021 en un 6,7%. Ahora bien, las mejoras de los últimos meses de 2020 dejan un arrastre estadístico de más de cinco puntos para 2021, de lo cual se desprende que, en realidad, el crecimiento esperado para este año es bastante pobre; y, de resultar, es de esperar que se vuelva imperceptible para una gran mayoría de los argentinos. La perspectiva de una campaña agrícola buena (que se sustenta en altos precios internacionales de los principales
commodities
de exportación argentina) hará un aporte no despreciable en el segundo trimestre de 2021, período en el que es probable que se observe una tasa de crecimiento superior a 15% anual, debido a la baja base de comparación (el 2T-2020 fue el trimestre más afectado por las restricciones sanitarias en el contexto de la pandemia). A su vez, el sector de la construcción dinamizará la actividad y generará efectos de derrames positivos en ramas industriales asociadas al aprovisionamiento de insumos, además de ser una fuente rápida de creación de puestos de trabajo. Todo esto en el marco de un programa de obra pública que se anticipa “récord” (aun cuando quedan dudas sobre las fuentes de financiamiento de tales recursos) justo en la antesala de las elecciones de octubre. Sin embargo, pasado el efecto rebote, no queda claro cuáles serán los impulsores del crecimiento. En ausencia de un cambio de expectativas y de un programa económico integral y sin que se hubiese podido revertir la crisis de confianza desatada en abril de 2018 y profundizada durante el proceso electoral de 2019, ya a comienzos de 2020 no se percibía en base a qué o cómo podría recuperarse un sendero de reactivación y crecimiento económico. Ahora, post pandemia esas ausencias siguen tan vigentes como entonces.
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