A la fuerza los japoneses están cambiando
En Japón había un contrato social tácito entre la empresa (especialmente las grandes corporaciones) y sus empleados. Ellas garantizaban empleo vitalicio a cambio de lealtad y dedicación absolutas. El mundo de hoy es otro y la cultura empresarial se ve obligada a transformarse.
Fue el milagro económico japonés de la posguerra. Empresas como Mitsubishi, Toyota, Honda, Hitachi, Nissan, Canon, Kawasaki, crecían y se conocían por todo el mundo. Y el mundo miró hacia Japón y observó con mucho detenimiento la cultura de trabajo que hacía posible ese milagro.
Aquel extraordinario éxito se construyó alrededor de prácticas empresariales muy diferentes de las que imperaban en el mundo occidental. Las grandes empresas prometían empleo de por vida y pago por escalafón, o sea, a más años trabajados, mayor sueldo. Había un contrato tácito entre la empresa y el trabajador: la empresa se comprometía a darle trabajo toda la vida a cambio de una lealtad absoluta por parte del empleado.
Hoy, empujadas por una nueva realidad, las empresas japonesas están cambiando. Necesitan una fuerza laboral multidisciplinaria capaz de cambiar no solo de empresa sino también de campo de especialidad. La garantía del empleo de por vida ya no está y por lo tanto se resquebraja la buena disposición de los empleados que comienzan a sentir el piso flojo bajo sus pies. Ya no están dispuestos, como antes, a trabajar hasta 10 y 11 horas diarias los seis días de la semana.
Las empresas reaccionan y comienzan a cambiar. Advierten, por ejemplo, que necesitan incorporar más mujeres a la fuerza laboral, tan abrumadoramente masculina hasta ahora. Necesitan, también abandonar el pago por escalafón, un obstáculo que ha tenido consecuencias no pensadas. Una, por ejemplo, es que durante los difíciles 20 últimos años, muchas empresas se abstuvieron de tomar gente y confinaron a los jóvenes a trabajos temporarios. Eso dañó salarios, habilidades, productividad y demanda agregada.
Otra novedad es la introducción del horario flexible de trabajo que, entre otras cosas, termina con el horario inhumano de trabajo. Según datos de la OCDE el empleado promedio trabajaba 1.728 horas al año en 2011 y 1809 en 200. Cualquiera de las dos cifras significa 100 horas más que en Gran Bretaña y 300 horas más que en Dinamarca.
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