El verdadero costo de un ladrillo no está en el ladrillo
Por Paula Chmielnicki, CEO de PCH, consultora especializada en la profesionalización de PYMEs

En el real estate argentino, la rentabilidad rara vez se pierde en la obra: se pierde en los procesos que la sostienen.
El mundo del real estate suele mirarse a sí mismo con un prisma técnico: precio del metro cuadrado, curva del acero, tipo de cambio, anticipo de clientes, preventa, costo financiero del fideicomiso. Todos indicadores relevantes… pero ninguno explica por qué proyectos que “se venden bien” terminan con márgenes erosionados, cronogramas estirados o cajas al límite.
La causa casi nunca está en el ladrillo. Está en lo que no se ve: los procesos.
En un sector que combina complejidad, oficios múltiples, plazos sensibles y proveedores que forman parte del éxito y del caos en partes iguales, los problemas no aparecen por default: aparecen cuando las secuencias no están claras. La obra no se atrasa porque “pasó algo”; se atrasa porque la organización de fondo nunca estuvo del todo ordenada.
Compras que llegan antes y se deterioran en depósito; compras que llegan tarde y dejan al contratista frenado; materiales que se pagan dos veces; oficios que se pisan por falta de un RACI claro; certificaciones abiertas que traban la cadena de pagos; decisiones que dependen de una sola persona que está en otra obra o directamente no está. Todo eso convive cada día en desarrolladoras, constructoras, inmobiliarias y
empresas satélite del sector.
Y todo eso cuesta dinero, aunque no figure en el Excel original.
La paradoja es que las empresas del rubro pueden proyectar con precisión milimétrica cómo quedará el último piso de un edificio de 30 niveles, pero les cuesta proyectar con la misma claridad cómo será el flujo de compras, aprobaciones y pagos necesarios para llegar ahí. Se construyen obras impecables desde lo
técnico, montadas sobre procesos débiles desde lo operativo.
En un escenario macro más ordenado y con un cliente más exigente, la diferencia de rentabilidad no está en renegociar el precio de un insumo: está en que ese insumo llegue cuando debe, en la cantidad que debe, con la aprobación que corresponde y sin que nadie tenga que correr detrás del problema.
Un proyecto rentable y uno que “llega con lo justo” se distinguen por minutos: los minutos perdidos en aprobaciones eternas, en correcciones evitables, en llamadas que no deberían existir, en materiales que no entraron a tiempo, en llevar la caja como si fuera un Excel casero.
La industria del real estate argentino está madura en técnica, diseño y capacidad constructiva. Lo que le falta —lo que hoy hace toda la diferencia— es madurar en procesos.
Procesos que den previsibilidad, orden, trazabilidad. Procesos que permitan que la dirección de obra deje de ser bombero. Procesos que conviertan la obra en un sistema y no en una secuencia de urgencias.
Porque al final del día, el verdadero costo de un ladrillo nunca es el ladrillo.
Es el desorden que lo rodea.
- Etiquetas
- Paula Chmielnicki
- PCH
- procesos
Artículos relacionados

Hábitat para la Humanidad Argentina impulsa una inmobiliaria social para activar viviendas vacías
Con foco en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde CIPPEC relevó 150.000 viviendas vacías, la organización plantea que el déficit habitacional es un problema de desconexión y avanza en el diseño de un modelo para recuperar inmuebles en desuso y generar vivienda asequible

Alquileres y precios de venta en CABA: variaciones de julio 2026, según Zonaprop
En julio de 2026, los alquileres en la Ciudad de Buenos Aires subieron 1,6% y acumularon 30,7% interanual, mientras que el metro cuadrado de departamentos se ubicó en US$ 2.471 con un alza de 1,3% en 12 meses, datos que aportan referencias para inquilinos, propietarios e inversores

Miami-Dade suma nueve meses de suba y 38,7% de compras al contado
En mayo de 2026, el condado registró un alza interanual de 7,9% en ventas residenciales y un volumen de US$ 2.300 millones, con una participación de operaciones en efectivo por encima del promedio nacional y un repunte del segmento de lujo que superó las 400 transacciones

