Alejandro Pérez de Rosso, socio de Bain & Company: "Medir el impacto de la innovación es esencial"
“La innovación cumple un rol estratégico clave en el crecimiento sostenible y la ventaja competitiva de las compañías. Les permite adaptarse a los cambios del mercado, desarrollar nuevas ofertas y diferenciarse frente a la competencia. Sin embargo, potenciarla implica varios desafíos”, considera Alejandro Pérez de Rosso, socio de la consultora.

Al ser consultado por Mercado en el marco del especial sobre innovación, Alejandro Pérez de Rosso, socio de Bain & Company y responsable de la oficina de Buenos Aires, detalla los retos que las compañías deben afrontar para impulsarla. Entre ellos, enfatiza en la falta de alineación entre la innovación y la estrategia de negocio, dificultades para gestionar el portafolio de iniciativas, resistencia cultural al cambio, baja tolerancia al riesgo y problemas para escalar ideas exitosas. “Para superarlos –reflexiona el especialista– las empresas deben integrar la innovación en su agenda ejecutiva, fomentar una cultura que la valore y establecer procesos claros. Adoptar una mentalidad de fundador –con visión ambiciosa, foco en el cliente, agilidad y toma de decisiones basada en el valor– ayuda a impulsar iniciativas con propósito y resiliencia. Las compañías que lo hacen están mejor preparadas para liderar y crecer de manera sostenida”, asegura.
¿Qué tan preparados están los equipos –y los liderazgos– para asumir la incertidumbre y el error como parte del proceso innovador? ¿Qué aprendizajes dejan las experiencias fallidas de innovación?
Debido a la implementación de procesos innovadores, muchas veces los resultados son inciertos y las organizaciones a menudo no saben qué es lo mejor hasta después de haber empezado. Por esto, no todas las compañías están preparadas para la incertidumbre y el error que genera iniciar un proceso innovador. Los líderes desempeñan un papel importante a la hora de decidir cómo adaptarse al contexto y avanzar asumiendo que el riesgo y la ambigüedad son inherentes a innovar con impacto. Identifican las señales débiles y fuertes, separan las modas pasajeras de las tendencias y traducen las percepciones en un conjunto de prioridades significativas y proactivas para enmarcar e impulsar los objetivos estratégicos de una organización. La clave está en cultivar una cultura que vea el error como una fuente de aprendizaje, no como un fracaso. La visión global es fundamental, y los altos ejecutivos están en una posición única para coordinar la orquestación de nuevas iniciativas, en lugar de adoptar un enfoque menos productivo, descentralizado y aislado.
¿Cómo se evalúan los resultados de la innovación? ¿Qué métricas se utilizan?
Medir el impacto de la innovación es esencial para garantizar que los esfuerzos se traduzcan en resultados concretos para el negocio. En Bain, entendemos que esto requiere un enfoque sistemático, basado en cinco capacidades esenciales: una estrategia clara, una cultura que promueva la innovación, procesos sólidos, un portafolio bien gestionado y la capacidad de escalar lo que funciona. Combinamos indicadores adelantados –como velocidad de desarrollo, adopción interna y porcentaje de ideas escaladas– con métricas de resultado: ROI, ingresos incrementales, ahorro de costos y NPS.
Una métrica clave es el Time to Impact, que refleja cuán rápido una innovación empieza a generar valor. Medir con rigurosidad permite tomar mejores decisiones, asignar recursos de forma más eficiente y escalar con impacto.
¿Qué impacto tiene la coyuntura global (crisis, inflación, cambios geopolíticos) en las estrategias de innovación? ¿Cuáles son los principales retos y oportunidades?La coyuntura global tiene un impacto profundo en las estrategias de innovación de las empresas. Hoy operamos en un entorno marcado por disrupciones constantes: crisis económicas, inflación, tensiones geopolíticas, exigencias medioambientales y una aceleración tecnológica sin precedentes. Estos factores no solo coexisten, sino que se potencian entre sí, generando contextos altamente dinámicos donde la velocidad del cambio puede superar la capacidad de reacción de las organizaciones.
Frente a este escenario, las compañías más preparadas son aquellas que integran la innovación como eje estructural de su estrategia. Un ejemplo claro es la inversión en capacidades de inteligencia artificial. No se trata solo de sumar perfiles técnicos, sino de construir equipos interfuncionales capaces de aplicar la IA a problemas reales del negocio, generar ventajas competitivas y anticipar escenarios. Esto fortalece la resiliencia, acelera la toma de decisiones y permite escalar soluciones con impacto tangible.
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