Los salarios suben frente al dólar, pero vuelven a correr detrás de la inflación
En febrero, el índice salarial avanzó 2,4% mensual, por debajo del IPC de 2,9%. En la comparación interanual, el promedio general todavía supera a los precios y al dólar oficial, pero esa mejora se explica casi por completo por el sector no registrado. En la economía formal, los ingresos siguen rezagados.

El nuevo dato de salarios dejó una foto menos favorable que la que sugería la desaceleración inflacionaria de meses previos. En febrero de 2026, el índice de salarios subió 2,4% mensual y 35,8% interanual, con un alza acumulada de 5,0% en el primer bimestre. Dentro del total, el sector privado registrado avanzó 1,6% en el mes y 27,6% interanual; el sector público, 2,3% y 27,4%; y el privado no registrado, 4,6% y 75,1%.
La comparación con la inflación cambia el tono de esa lectura. El IPC nacional fue de 2,9% en febrero, acumuló 5,9% entre enero y febrero y mostró una suba interanual de 33,1%. En otras palabras: en el mes, el salario promedio perdió cerca de medio punto real; en el acumulado del año, quedó también por debajo de los precios. Sólo en la comparación interanual el índice general conserva una mejora real, del orden de 2%.
Ese promedio, sin embargo, esconde una fractura relevante. Los salarios registrados —que son los que mejor reflejan la situación del empleo formal— crecieron 27,5% interanual, bastante por debajo del 33,1% del IPC. Traducido: el salario formal siguió perdiendo poder de compra frente a los precios, con una caída real superior al 4% interanual. La mejora agregada del índice total se sostiene, sobre todo, en el salto de 75,1% del segmento no registrado.
El dólar como vara
Medidos contra el dólar oficial, los salarios muestran otra dinámica. El tipo de cambio nominal promedio mensual del BCRA pasó de $1.058,46 en febrero de 2025 a $1.409,66 en febrero de 2026, una suba de 33,2%. Como el índice salarial total creció 35,8% en ese mismo período, el salario promedio quedó apenas por encima del dólar oficial. Pero, otra vez, el detalle importa: los salarios registrados crecieron menos que el tipo de cambio y, por lo tanto, siguieron perdiendo en términos de salario en dólares dentro de la economía formal.
Incluso en el corto plazo la apreciación cambiaria modificó la percepción de los ingresos. Entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, el dólar oficial promedio mensual bajó de $1.447,84 a $1.409,66, mientras el índice salarial acumuló una suba de 5,0%. Esa combinación produjo una mejora del salario medido en dólares oficiales. Pero esa ganancia cambiaria no equivale, necesariamente, a una mejora del poder adquisitivo interno: con inflación todavía en 2,9% mensual en febrero y 3,4% en marzo, la capacidad de compra local siguió bajo presión.
PBI, masa salarial y límites de la recuperación
La evolución del PBI ayuda a entender por qué la mejora salarial luce parcial. En el cuarto trimestre de 2025, el producto creció 2,1% interanual y 0,6% frente al trimestre previo en la serie desestacionalizada. En enero de 2026, el EMAE mostró un alza de 1,9% interanual y de 0,4% mensual. Hay, por lo tanto, recuperación de actividad. Pero no se trata de una expansión homogénea ni especialmente robusta: en el último trimestre de 2025 crecieron el consumo privado y las exportaciones, mientras la formación bruta de capital fijo cayó 2,8%.
Ese punto es central. Cuando el PBI crece con inversión débil, la mejora salarial encuentra un techo más rápido. Sin expansión sostenida del capital productivo —maquinaria, construcción, capacidad instalada— resulta más difícil que los aumentos de ingresos en el sector formal se vuelvan duraderos. El dato de generación del ingreso refuerza esa idea: en el cuarto trimestre de 2025, la remuneración al trabajo asalariado subió 32,5% interanual, pero su participación en el valor agregado bruto cayó a 44,4%, con un descenso de 0,97 puntos porcentuales frente al mismo período de 2024. Al mismo tiempo, la participación del excedente de explotación bruto subió a 42,1%.
La conclusión es menos lineal que el promedio general. Los salarios argentinos muestran una recuperación frente al dólar oficial y, en el agregado, todavía conservan una mejora interanual frente a la inflación. Pero ese resultado no describe a toda la economía. En el empleo registrado, los ingresos siguen por detrás de los precios y del dólar. Y aunque el PBI volvió a terreno positivo, la caída de la participación de los asalariados en el ingreso sugiere que la reactivación todavía no se traduce en una recomposición homogénea de los ingresos laborales. La economía crece, pero no distribuye esa mejora con la misma intensidad.

