Precios mayoristas: el dólar barato contiene importados, pero la actividad no termina de ordenar costos
El nuevo informe del INDEC sobre precios mayoristas dejó una señal que el Gobierno buscará leer en clave de desinflación, pero también un dato que abre otra discusión: la contención del índice no provino de una desaceleración homogénea de la estructura de costos, sino de una combinación entre dólar

El nuevo informe del INDEC sobre precios mayoristas dejó una señal que el Gobierno buscará leer en clave de desinflación, pero también un dato que abre otra discusión: la contención del índice no provino de una desaceleración homogénea de la estructura de costos, sino de una combinación entre dólar relativamente apreciado, retroceso de los importados y una actividad que todavía avanza con desequilibrios sectoriales. En febrero, el Índice de precios internos al por mayor (IPIM) aumentó 1,0%, mientras el IPIB y el IPP subieron 0,7%. En términos interanuales, las variaciones fueron de 25,6%, 25,1% y 26,0%, respectivamente.
El dato más relevante del mes fue la divergencia entre productos nacionales e importados. Dentro del IPIM, los nacionales aumentaron 1,3%, pero los importados cayeron 2,7%. En el IPIB ocurrió algo similar: suba de 0,9% en nacionales y baja de 2,6% en importados. Ese comportamiento no parece aislado. En un contexto en el que el tipo de cambio mayorista de referencia se ubicó en $1.394,655 por dólar el 16 de marzo, con expectativas de mercado que lo proyectan en un promedio de $1.429 para marzo, la nominalidad cambiaria siguió corriendo por debajo de otros precios de la economía.
Esa diferencia refuerza una dinámica conocida en los últimos meses: el dólar actúa como ancla para los bienes transables, en especial para los importados y para segmentos industriales expuestos a la competencia externa. El problema es que un ancla cambiaria no equivale, por sí sola, a una desinflación estructural. En febrero, entre los rubros de mayor incidencia positiva del IPIM estuvieron petróleo crudo y gas, alimentos y bebidas, productos agropecuarios, refinados del petróleo y energía eléctrica. Es decir: aun con importados en baja, los núcleos vinculados a energía, alimentos e insumos básicos siguieron presionando.
El efecto del tipo de cambio
En la lectura macroeconómica, el informe mayorista vuelve a mostrar que la política cambiaria conserva capacidad para moderar la velocidad de traslado a precios. La caída mensual de los importados no solo explica parte de la diferencia entre IPIM e IPC; también ayuda a entender por qué varios sectores manufactureros están encontrando menos margen para remarcar. En febrero, el IPC había marcado 2,9%, casi tres veces el ritmo del IPIM. Esa brecha sugiere que la presión inflacionaria se está desplazando desde los bienes hacia otros componentes de la economía, en especial servicios, regulados y segmentos menos expuestos al comercio exterior.
Sin embargo, esa misma estrategia tiene costos. Un tipo de cambio que se mueve más lento que la inflación abarata importaciones, pero al mismo tiempo comprime márgenes en sectores que producen localmente y enfrentan costos en alza. El informe del INDEC muestra, por ejemplo, una suba mensual de 2,6% en productos primarios dentro del IPIM, de 2,1% en alimentos y bebidas y de 7,1% en energía eléctrica. La señal es clara: la desinflación mayorista existe, pero no es uniforme. Hay ramas en las que el proceso de recomposición de precios relativos todavía sigue abierto.
Tampoco debería perderse de vista el dato acumulado del año. Entre enero y febrero, el IPIM subió 2,7%, mientras que los importados mostraron una baja de 1,2% y la energía eléctrica acumuló un alza de 8,3%. La economía, por lo tanto, no exhibe una simple desaceleración lineal, sino una reasignación de tensiones: el frente externo contiene, pero tarifas, energía y algunos insumos básicos siguen ajustando.
Actividad con dos velocidades
El informe de precios mayoristas termina de confirmar que la desinflación no avanza sobre una economía homogénea. Mientras el tipo de cambio contiene el valor de los bienes importados y ayuda a moderar parte de la nominalidad, la actividad sigue mostrando un comportamiento desigual. Hay sectores que empiezan a recuperar volumen, pero otros todavía operan con demanda débil, menor margen para trasladar costos y una competencia externa más intensa.
Esa combinación explica buena parte del dato de febrero. La baja de los importados funciona como alivio para algunos rubros, pero no resuelve las tensiones de fondo en ramas vinculadas a energía, insumos difundidos y producción primaria. En otras palabras, la desaceleración mayorista convive con una estructura de costos todavía despareja y con un nivel de actividad que no ofrece una señal uniforme para toda la economía.
Por eso, el dato del INDEC no debería leerse solo como una confirmación del proceso desinflacionario. También expone las condiciones que hoy lo hacen posible: un dólar que corre por detrás de otros precios y una recuperación que todavía no alcanza a todos. La clave de los próximos meses estará en ver si esa combinación puede sostenerse cuando la actividad gane tracción o si, por el contrario, empiezan a reaparecer las tensiones entre costos, competitividad y tipo de cambio.
