Los supermercados siguen sin acompañar la recuperación económica: las ventas acumulan cuatro meses de caída pese al repunte del PBI
EL consumo masivo continúa mostrando una dinámica débil. En abril, las ventas en supermercados cayeron 3,7% interanual en términos reales y acumulan un retroceso de 3,3% en el primer cuatrimestre, confirmando que la recuperación sigue siendo muy heterogénea.

La recuperación de la actividad económica todavía no logra trasladarse plenamente al consumo cotidiano de los hogares. Esa es la principal conclusión que deja la Encuesta de Supermercados publicada por el INDEC correspondiente a abril, un indicador que vuelve a mostrar el contraste entre una economía que crece y un consumo masivo que permanece rezagado.
Las ventas en supermercados, medidas a precios constantes, retrocedieron 3,7% interanual durante abril. En el acumulado de los primeros cuatro meses del año la caída alcanza 3,3%, prolongando un desempeño negativo que ya se había observado en los informes de enero, febrero y marzo.
Sin embargo, el dato mensual ofrece un matiz algo más favorable. La serie desestacionalizada mostró un incremento de 0,8% respecto de marzo, mientras que la tendencia-ciclo avanzó apenas 0,1%, señales compatibles con una estabilización luego de varios meses de deterioro, aunque todavía insuficientes para modificar la tendencia anual.
La divergencia con el resto de la economía resulta cada vez más evidente.
Durante los primeros meses de 2026, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró una expansión sostenida, acumulando varios meses consecutivos de crecimiento y ubicando al nivel de actividad claramente por encima del piso alcanzado durante la recesión de 2024. Sectores como la industria, la construcción, la intermediación financiera y parte de los servicios comenzaron a consolidar la recuperación, impulsando al PBI hacia una trayectoria positiva.
Sin embargo, esa mejora todavía no se refleja con la misma intensidad en las compras habituales de los hogares.
Una parte importante de la explicación proviene de la evolución del ingreso disponible. Si bien los informes salariales del propio INDEC muestran que los salarios registrados recuperaron terreno frente a la inflación durante buena parte del último año, esa mejora fue desigual entre sectores y todavía convive con niveles de consumo afectados por la pérdida acumulada de poder adquisitivo registrada durante 2024.
Los relevamientos salariales difundidos por Revista Mercado en los últimos meses muestran precisamente esa dualidad: los ingresos formales comenzaron a recomponerse en términos reales, pero el proceso avanza más lentamente entre trabajadores informales y jubilados, segmentos que destinan una proporción mayor de sus ingresos al consumo básico y explican buena parte de la demanda en supermercados.
A ello se suma otro fenómeno que viene modificando los hábitos de compra. La desaceleración de la inflación redujo las compras preventivas y favoreció decisiones de consumo más racionales. Con menores expectativas de aumentos inmediatos de precios, muchos hogares dejaron de adelantar adquisiciones y volvieron a comprar únicamente lo necesario, reduciendo el volumen vendido aun cuando el gasto nominal continúa creciendo.
En términos corrientes, las ventas alcanzaron $2,4 billones, un incremento de 21,5% interanual. Sin embargo, ese crecimiento quedó prácticamente explicado por la evolución de los precios, ya que el índice implícito de las ventas aumentó 26,1%, muy por encima del crecimiento nominal de la facturación.
Entre los distintos rubros, las mayores subas nominales correspondieron a Carnes (37,3%), Alimentos preparados y rotisería (25,7%) y Artículos de limpieza y perfumería (25,2%), mientras que indumentaria y artículos para el hogar continuaron mostrando una evolución más moderada.
También se consolidan cambios estructurales en las modalidades de pago.
Las tarjetas de crédito siguen siendo el principal medio utilizado, concentrando 42,5% de las ventas, aunque crecieron apenas 11,5%, muy por debajo de la inflación implícita. En contraste, los llamados “otros medios de pago” —que incluyen billeteras virtuales, códigos QR y aplicaciones— aumentaron 57,8% interanual y ya representan 15,1% de las operaciones, reflejando la rápida digitalización de los pagos minoristas.
Las ventas online, por su parte, crecieron 37,4%, bastante por encima del canal tradicional, aunque todavía representan apenas 3,1% del total facturado por los supermercados.
Otro dato que refleja el contexto es el mercado laboral del sector. El personal ocupado descendió 2,4% interanual, hasta 96.516 trabajadores, una reducción consistente con la necesidad de las cadenas de mantener elevados niveles de eficiencia en un escenario donde el volumen vendido continúa deprimido.
El panorama que surge del primer cuatrimestre confirma así una de las principales características de la actual recuperación económica argentina: el crecimiento no avanza con la misma velocidad en todos los sectores.
Mientras el PBI y varios indicadores de actividad consolidan una fase expansiva, el consumo masivo continúa mostrando señales de cautela. La mejora del salario real constituye una condición necesaria para revertir esa tendencia, pero todavía no parece suficiente para compensar la pérdida acumulada de poder de compra ni para modificar de manera significativa el comportamiento de los consumidores.
Los próximos informes permitirán evaluar si el leve avance desestacionalizado observado en abril representa el inicio de una recuperación más firme o simplemente una pausa dentro de un proceso que sigue mostrando al consumo como el eslabón más débil de la reactivación económica.
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