El consumo en supermercados cae en un contexto de inflación persistente
Las ventas retroceden en términos reales mientras los precios mantienen inercia alcista y los ingresos no logran recomponerse de forma sostenida.

Las ventas en supermercados registraron en febrero de 2026 una caída de 3,1% interanual a precios constantes, según el Indec. El dato se inscribe en un escenario de inflación persistente, con ingresos que aún no recuperan poder adquisitivo y un nivel de actividad que se mantiene débil.
Caída real del consumo
El informe oficial indica que, en términos reales —esto es, descontando el efecto de la inflación—, el consumo masivo continúa en contracción. En el primer bimestre del año, la caída acumulada alcanza el 2,1% interanual.
En la medición desestacionalizada, el indicador muestra una leve suba mensual de 0,3%. Sin embargo, la serie tendencia-ciclo se mantiene prácticamente sin variaciones, lo que refleja un estancamiento del consumo más que un cambio de tendencia.
En contraste, las ventas a precios corrientes crecieron 23,5% interanual y totalizaron $2.214.141 millones. La brecha entre la dinámica nominal y la real continúa siendo significativa.
Inflación sin descenso sostenido
El índice de precios implícitos del relevamiento —que aproxima la evolución de los precios dentro de la canasta de consumo— registró en febrero una suba interanual de 27,4%.
Este comportamiento confirma la persistencia de la inflación en niveles elevados. A diferencia de fases previas, no se observa una desaceleración sostenida, sino una dinámica con alta inercia.
La composición de las ventas refuerza esta lectura. Rubros vinculados al consumo básico, como carnes (+46,9%) y frutas y verduras (+37,0%), lideraron las subas nominales. Se trata de categorías con fuerte incidencia en el gasto de los hogares.
Ingresos que no consolidan recuperación
Los salarios dentro del sector muestran una suba nominal relevante. El salario promedio creció 34,2% interanual , por encima del índice de precios implícitos del propio relevamiento.
Sin embargo, esta mejora no se traduce plenamente en mayor consumo. La recomposición se produce sobre niveles previos deprimidos y convive con una reducción del empleo: el personal ocupado cayó 2,0% interanual.
La combinación de ingresos en recuperación parcial y menor cantidad de ocupados limita la expansión del gasto agregado.
Financiamiento y medios de pago
El análisis por medios de pago muestra una fuerte participación del crédito. Las tarjetas de crédito explican el 43,6% de las ventas, mientras que el efectivo representa el 16,8%.
Los denominados “otros medios de pago”, que incluyen billeteras virtuales y pagos con QR, crecieron 54,9% interanual. Este aumento refleja cambios en los hábitos de pago, pero también una mayor dependencia de instrumentos de financiamiento.
Consumo y nivel de actividad
El comportamiento del consumo masivo se vincula de forma directa con la evolución del producto interno bruto (PBI). La persistencia de caídas reales en supermercados sugiere que la economía no ha consolidado una fase de expansión.
Durante 2025, la actividad mostró señales de estabilización tras la contracción previa. Sin embargo, el consumo privado continúa condicionado por la inflación persistente y la recomposición incompleta de ingresos.
En este contexto, el leve crecimiento mensual registrado en febrero no alcanza para modificar el cuadro general.
Un escenario de inercia
Los datos del Indec configuran un escenario en el que la inflación deja de desacelerar y mantiene una dinámica elevada, mientras el consumo no logra recuperarse.
La economía transita una etapa de ajuste con características definidas: precios con inercia, ingresos en recuperación parcial y actividad sin impulso suficiente.
La evolución del consumo dependerá de la capacidad de los salarios reales para sostener una mejora continua en un contexto en el que la inflación no muestra, por el momento, una trayectoria descendente.
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