Construcción: la reactivación pierde impulso y expone un rebote desigual
El ISAC cayó 0,7% interanual en febrero y 1,3% frente a enero en la medición desestacionalizada. Aunque el bimestre todavía muestra una mejora de 0,3%, los insumos exhiben una recuperación fragmentada y el sector sigue sin consolidar una tendencia uniforme.

La actividad de la construcción volvió a mostrar en febrero una señal de enfriamiento. Según el Indec, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) cayó 0,7% frente al mismo mes de 2025 y retrocedió 1,3% respecto de enero en la serie desestacionalizada. En el acumulado del primer bimestre, sin embargo, todavía conservó una mejora de 0,3% interanual.
El dato se inscribe en una dinámica ya conocida en otros indicadores recientes de la economía: una recuperación menos lineal que la sugerida por algunos registros parciales. En términos de Mercado, no se trata de un derrumbe del sector sino de una reactivación con tracción irregular, donde conviven segmentos que repuntan con otros que siguen en retroceso.
La serie tendencia-ciclo avanzó 0,6% mensual, un dato que sugiere que el nivel de actividad todavía no quebró su trayectoria de mejora. Pero la caída desestacionalizada de febrero introduce una señal de cautela: el rebote posterior a la recesión no alcanza, por sí solo, para consolidar un ciclo expansivo sostenido.
Un rebote con ganadores y perdedores
La composición de los insumos refuerza esa lectura. En febrero crecieron 17,0% interanual el rubro “resto” —que incluye grifería, tubos de acero sin costura y vidrio plano—, 15,7% el hormigón elaborado, 14,0% las pinturas para construcción, 7,9% las cales y 3,8% el asfalto. También registraron subas los artículos sanitarios de cerámica y el hierro redondo y aceros para la construcción.
Pero al mismo tiempo persistieron bajas relevantes en otros materiales: pisos y revestimientos cerámicos cayeron 25,0%; mosaicos graníticos y calcáreos, 21,5%; yeso, 18,9%; ladrillos huecos, 12,1%; y cemento portland, 5,3%. Ese mapa confirma que la actividad no avanza de manera homogénea entre las distintas etapas y tipologías de obra.
También el acumulado del bimestre deja una señal ambigua. Mientras el hormigón elaborado subió 16,1% y pinturas 12,2%, el cemento portland cayó 5,3%, el hierro redondo 4,9% y las cales 5,2%. En otras palabras, la mejora agregada del sector todavía descansa sobre bases parciales.
Empleo y permisos, dos señales menos negativas
En este contexto, el empleo formal privado en la construcción mostró una evolución más favorable. En enero de 2026 —último dato disponible para esa variable— los puestos registrados alcanzaron 386.177, con una suba de 3,6% interanual. El dato resulta relevante porque sugiere que, aun con oscilaciones mensuales en la actividad, el sector conserva capacidad de sostenimiento en el mercado laboral formal.
Algo similar ocurrió con la superficie autorizada por permisos de edificación. En enero de 2026 llegó a 1.322.763 m², un aumento de 3,1% frente al mismo mes del año anterior. Ese indicador suele leerse como una señal adelantada de actividad futura, aunque no siempre se traduce de inmediato en obra ejecutada.
Visto en perspectiva, ambos datos moderan la lectura negativa del ISAC de febrero. No alcanzan para hablar de una expansión firme, pero sí para mostrar que el sector mantiene núcleos de actividad, sobre todo en la obra privada y en segmentos asociados a decisiones de inversión que no se interrumpieron por completo.
La obra privada sostiene; la pública sigue condicionada
La encuesta cualitativa del Indec aporta otro matiz. Entre las empresas dedicadas principalmente a obras privadas, 69,3% prevé que la actividad no cambiará entre marzo y mayo, 17,8% estima que aumentará y 12,9% que disminuirá. En el caso de la obra pública, 63,2% espera estabilidad, 20,0% una mejora y 16,8% una caída.
Entre quienes anticipan una suba, las constructoras privadas mencionan como principales factores el crecimiento de la actividad económica y la estabilidad de precios. En la obra pública, en cambio, aparecen con más peso los nuevos planes de infraestructura y el eventual reinicio de proyectos. Del lado de los riesgos, la caída de la actividad económica, los costos de construcción y los atrasos en la cadena de pagos siguen ocupando un lugar central.
Ese diagnóstico dialoga con otras notas recientes sobre la economía argentina: la desaceleración inflacionaria y cierta normalización financiera mejoran el clima de decisión, pero no eliminan los obstáculos estructurales. La construcción enfrenta todavía un triángulo exigente: costos relativos altos, crédito insuficiente y una obra pública con menor capacidad de arrastre.
Las propias empresas ubican entre las políticas que más podrían incentivar al sector a las vinculadas con cargas fiscales, estabilidad de precios y crédito para la construcción. Es una agenda que confirma que la discusión ya no pasa solo por el nivel de actividad presente, sino por las condiciones para volver sostenible la inversión.
En ese marco, el dato de febrero deja una conclusión sobria: la construcción no volvió a caer en una fase recesiva profunda, pero tampoco logró aún transformarse en un motor claro de expansión. El sector sigue en terreno de transición, con repuntes puntuales, señales mixtas y una mejora que, por ahora, luce más estadística que consolidada.
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