Argentina descuida las bases democráticas que Chile y Uruguay protegen

Existe una diferencia entre saber que una ciudad tiene agua potable y saber en qué estado están sus cañerías. El primer dato tranquiliza; el segundo informa. La diferencia entre los índices democráticos de titular y los instrumentos de diagnóstico institucional es, en muchos aspectos, análoga. International IDEA —el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral— opera en ese segundo registro: no pregunta si la democracia existe, sino en qué condición se encuentran sus tuberías.

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Su informe Democracy Tracker para la Argentina revela una imagen que tiene más capas de lo que los informes estándar suelen mostrar. Y adquiere su mayor potencia analítica cuando se la lee en paralelo con los perfiles de los cuatro países de referencia: Chile, Uruguay, Brasil y México.

Una cartografía de atributos

El marco conceptual de International IDEA organiza la calidad democrática en cuatro grandes atributos: representación, derechos, participación y Estado de derecho. Cada uno se desagrega en indicadores específicos. Para Argentina, el mapa es heterogéneo: representación alta, Estado de derecho y derechos en rango medio, con declives en la tendencia quinquenal en dos indicadores que no son accesorios sino vertebrales: la libertad de expresión y la independencia judicial.
Esos dos indicadores no son accesorios en la arquitectura democrática. Son su columna vertebral. Una democracia puede celebrar elecciones limpias y, simultáneamente, tener un espacio público donde el disenso acumula costos informales y una justicia donde los fallos responden a presiones que no figuran en ningún expediente.

Chile y Uruguay: el piso que Argentina no alcanza

En el mapa de IDEA, Chile y Uruguay representan el estándar regional en los atributos que más importan para la calidad institucional. Chile combina altos puntajes en Estado de derecho con tendencias estables o positivas en independencia judicial y libertad de expresión. Uruguay mantiene, desde hace décadas, los niveles más consistentes de la región en todos los atributos del marco IDEA, lo que explica por qué V-Dem lo clasifica como democracia liberal y la EIU lo ubica en el grupo de las democracias plenas. No es coincidencia ni buen karma institucional: es el resultado acumulado de décadas de inversión deliberada en organismos de control, prensa libre y justicia con autonomía efectiva.
La brecha entre Argentina y esos dos países en los atributos de IDEA no es dramática en términos absolutos, pero es persistente y se mueve en la dirección incorrecta. Argentina mejora en acceso a la justicia —más personas pueden acercarse al sistema judicial— pero deteriora en independencia judicial, que es la variable que determina si ese acceso produce resultados justos o resultados políticamente condicionados. La cantidad y la calidad no siempre se mueven en la misma dirección.

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Brasil: la reconstrucción institucional como proyecto político

El caso de Brasil en el mapa de IDEA es el más dinámico de la región. Después del ciclo Bolsonaro —que deliberadamente debilitó instituciones de control, atacó a la prensa independiente y culminó en un intento de ruptura institucional abierta el 8 de enero de 2023— el gobierno de Lula da Silva inició un proceso de reconstrucción de los atributos que IDEA mide. El fortalecimiento del Tribunal Superior Electoral, la recomposición de la Corte Suprema y las políticas activas de protección de periodistas son registradas por el Democracy Tracker como tendencias positivas en los indicadores de Estado de derecho y libertad de expresión.
Brasil parte de una base más baja que Argentina en varios atributos del marco IDEA. Pero la dirección de su movimiento —hacia una mayor calidad institucional— contrasta con la dirección que el mismo marco registra para la Argentina en el período 2023-2024. Dos países que comparten el podio de las mayores economías latinoamericanas se mueven, en términos de calidad democrática, en sentidos opuestos.

México: cuando las cañerías se rompen desde arriba

El caso mexicano en el mapa de IDEA es el más instructivo sobre cómo el deterioro institucional puede ser orquestado desde el propio Estado. La reforma judicial de 2024 —que reemplazó el sistema de designación de jueces por elecciones populares directas, redujo mandatos y sometió a la Suprema Corte a una renovación forzada— es registrada por IDEA como un golpe directo a la independencia judicial, el atributo que más claramente diferencia a una democracia liberal de una democracia meramente electoral.
No es que en México los ciudadanos no puedan elegir: pueden hacerlo. Es que los mecanismos que deberían garantizar que ese voto tenga consecuencias institucionales reales —una justicia independiente, organismos de control autónomos, una prensa sin presiones sistémicas— están siendo desmantelados en tiempo real. Lo que IDEA mide, en ese caso, no es la democracia que se proclama sino la democracia que funciona.

La pregunta que los atributos de IDEA plantean

Karl Popper sostuvo en La sociedad abierta y sus enemigos que la democracia no es un régimen que se instala de una vez para siempre: es un conjunto de procedimientos que requieren mantenimiento activo, porque su naturaleza es frágil y su degradación, posible. La metáfora del mantenimiento no es retórica: las instituciones, como las cañerías, se deterioran cuando nadie las revisa con regularidad.
El mensaje que IDEA le envía a la Argentina es específico. No es que el sistema esté roto: es que dos de sus piezas más críticas —la libertad de expresión y la independencia judicial— muestran señales de desgaste en el período más reciente, mientras los países que comparten con Argentina el pelotón de mayor desarrollo humano en la región —Chile y Uruguay— invierten activamente en mantener y mejorar esas mismas piezas.
Un país que es la tercera economía de la región y tiene el segundo IDH latinoamericano no puede darse el lujo de descuidar los atributos que convierten ese desarrollo en algo sostenible y acumulable para las generaciones que vienen. El desarrollo humano alto se construye con educación, salud e ingresos. Pero se sostiene en el tiempo únicamente con instituciones que funcionen.

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