Argentina transita un bono demográfico con una ventana de 20 a 30 años
La población en edad de trabajar está en su punto máximo relativo y, según especialistas, el país tiene entre veinte y treinta años para convertir ese excedente potencial en inversión en capital físico y humano, con foco en productividad, educación y tasas de ahorro e inversión para evitar que el envejecimiento se vuelva una carga económica

Argentina atraviesa un bono demográfico que ubica a la población en edad de trabajar en su punto máximo relativo. Ese escenario abre una ventana de oportunidad estimada en veinte o treinta años, antes de que el envejecimiento gane peso y eleve la carga sobre la economía.
El bono demográfico ocurre cuando, por el descenso de la fecundidad, baja la proporción de niños mientras la de adultos mayores todavía no crece con rapidez. Ese equilibrio deja a la población activa en su máximo relativo y permite generar excedentes entre lo que se produce y lo que se consume. En términos económicos, ese margen puede sostener niveles más altos de inversión tanto en capital físico como en capital humano.
Rafael Rofman, investigador principal del CIPPEC, ubicó el inicio del proceso en Argentina alrededor de 1990 y advirtió sobre su límite temporal. “En Argentina, este bono comenzó alrededor de 1990 y se estima que desaparecerá en los próximos veinte o treinta años”, señaló. En la misma línea, precisó que hoy hay menos de siete personas en edades inactivas por cada diez en edad de trabajar, frente a nueve a principios de este siglo, y once en algunas décadas.
La discusión, en este marco, se centra en la productividad laboral. El desafío no pasa por sumar más trabajadores, sino por elevar la producción de bienes y servicios por persona. En el diagnóstico presentado, la productividad en Argentina se estancó durante décadas y se relaciona con dos factores: el capital físico —infraestructura, energía y equipamiento en las empresas— y el capital humano, con la educación como componente central.
En materia educativa, el texto señala que cada joven argentino termina su formación con habilidades equivalentes a 8,7 años efectivos de aprendizaje, lejos de los 13,9 de los países más exitosos, como Singapur. Con menos alumnos en las aulas debido a la baja natalidad, se plantea una oportunidad para que el Estado deje de concentrarse en expandir el sistema y ponga el foco en mejorar la calidad y los resultados.
Rofman también vinculó la posibilidad de capitalizar el bono demográfico con el ahorro y la inversión. “Argentina ha tenido tasas de ahorro e inversión muy por debajo de la de países de altos ingresos e incluso que la del promedio de América Latina durante décadas”, afirmó. Esa dinámica, sostuvo, se asocia a menores niveles de productividad y riqueza.
Además, el mercado laboral deberá adaptarse a una fuerza de trabajo más envejecida, potencialmente menos innovadora pero más experimentada. En ese debate, se instaló una consigna que resume el eje económico del fenómeno: “¡es la productividad, estúpido!”.
El tema también formará parte del escenario de debate The Shift Forum, previsto para el 15 de septiembre en el Centro de Exposiciones de Buenos Aires (CEC), con la participación de Annie Coleman, embajadora global del Stanford Center on Longevity.
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