El espacio se cae a la Tierra o la resaca bursátil que dejó SpaceX
Seis semanas después de la mayor salida a bolsa de la historia, la acción de la empresa de Elon Musk cotiza por debajo de su precio de emisión y arrastró a gran parte del sector. Sin embargo, Viasat e Iridium avanzan contra la corriente. La diferencia no está en los cohetes, sino en el espectro radioeléctrico.

El 12 de junio, cuando SpaceX debutó en el Nasdaq tras recaudar US$ 75.000 millones en la mayor oferta pública de venta de la historia, Wall Street creyó haber encontrado su nueva temática de inversión. La acción subió más de 30% durante las primeras ruedas y llevó la valuación de la compañía hasta casi US$ 2,1 billones.
Seis semanas más tarde, el escenario cambió por completo. El papel retrocedió más de 40% desde el máximo, perforó el precio de emisión de US$ 135 y cotiza cerca de US$ 120. La corrección se extendió rápidamente al resto de las empresas espaciales y marcó el fin de la euforia que había acompañado el debut bursátil.
El ETF Roundhill Space & Technology (MARS), uno de los principales fondos especializados en el sector, acumula una caída cercana al 23% en el último mes. Entre sus diez principales posiciones, sólo dos compañías muestran rendimientos positivos.

Del entusiasmo a la corrección
La magnitud de la suba inicial explica buena parte del ajuste posterior. SpaceX colocó en bolsa menos del 5% de su capital, por lo que la escasez de acciones disponibles impulsó rápidamente el precio. Esa dinámica comienza ahora a revertirse.
El 6 de agosto vencerá el primer período de bloqueo para empleados e inversores tempranos. Cerca de 911 millones de acciones, equivalentes a unos US$ 109.000 millones a precios actuales, quedarán habilitadas para su venta. La cifra supera ampliamente el tamaño de la oferta pública inicial y podría incrementar la presión vendedora.
A ese factor se suma otro desafío. El mercado también evaluará los resultados del segundo trimestre de una compañía que, pese al crecimiento de Starlink y del negocio de lanzamientos, registró pérdidas cercanas a US$ 5.000 millones durante el último ejercicio. Aun así, 27 de los 32 analistas que siguen la acción mantienen recomendaciones de compra.
La corrección golpeó especialmente a las empresas dedicadas a la fabricación y lanzamiento de satélites. Intuitive Machines perdió 36,4% en el último mes; Firefly Aerospace cayó 31,9%; Rocket Lab retrocedió 27,5%; AST SpaceMobile bajó 20,8% y Planet Labs, 18,6%.
Rocket Lab logró moderar parte de esas pérdidas después de anunciar un contrato de US$ 266 millones con la Fuerza Espacial de Estados Unidos. El rebote, sin embargo, no alcanzó para revertir la fuerte corrección acumulada desde los máximos de junio.
Los ganadores inesperados
Mientras el mercado castigaba a las compañías enfocadas en fabricar y lanzar satélites, dos empresas siguieron un recorrido distinto: Viasat e Iridium.
El elemento común entre ambas no son los cohetes sino el espectro radioeléctrico. Las frecuencias de banda L constituyen uno de los activos más escasos de la industria satelital y resultan fundamentales para el desarrollo de los servicios de conectividad directa entre satélites y teléfonos móviles (Direct-to-Device o D2D), un mercado en el que compiten SpaceX, Amazon, AST SpaceMobile y otros operadores.
El principal catalizador de Iridium fue la oferta de adquisición presentada por Rocket Lab a mediados de julio. La operación, valuada en US$ 8.000 millones, contempla un pago de US$ 27 en efectivo más acciones de la compradora, lo que representa una prima de 24,1% sobre la cotización previa. Si obtiene las aprobaciones regulatorias, el cierre está previsto para mediados de 2027.
La transacción puso en valor el principal activo de Iridium: la única red LEO con cobertura global completa y una cartera de frecuencias de banda L que puede resultar clave para el desarrollo de los futuros servicios D2D. El día del anuncio, la acción de Iridium subió 22%, mientras que Rocket Lab avanzó cerca de 10%, reflejando la importancia que el mercado asigna al espectro.
Viasat quedó en una posición similar. Con Iridium ya comprometida y Globalstar alineada con Amazon, la compañía pasó a ser una de las pocas alternativas independientes para quienes buscan exposición a ese activo.
Según Oppenheimer, Viasat posee una de las mayores reservas de espectro de banda L coordinado a nivel mundial. Raymond James, por su parte, estima que esos activos podrían alcanzar un valor de hasta US$ 16.000 millones, más del doble de la capitalización bursátil actual de la empresa.
A esa expectativa se suma la creación de Equatys, la sociedad formada junto con Space42, mediante la cual Viasat aportó parte de su espectro conservando la posibilidad de explotarlo comercialmente, arrendarlo o incorporarlo a futuras operaciones corporativas.
El consenso de mercado acompaña esa visión. Ocho analistas fijan un precio objetivo promedio de US$ 95 para la acción, frente a una cotización cercana a US$ 74. Las proyecciones más optimistas llegan hasta US$ 130.
Persisten, sin embargo, incertidumbres relevantes. Una parte importante de ese espectro hoy se utiliza para servicios móviles especializados y comunicaciones de emergencia. El mercado todavía desconoce cuánto podrá destinarse a aplicaciones D2D y cuál será su verdadero valor económico. Esa incertidumbre explica buena parte de la prima que hoy reciben estas compañías.
Agosto, la hora de la verdad
La corrección de las últimas semanas dejó una enseñanza para los inversores: el mercado dejó de tratar a la industria espacial como un bloque homogéneo y comenzó a diferenciar modelos de negocio.
Las compañías cuya valuación depende principalmente de expectativas futuras fueron las más castigadas. En cambio, aquellas que controlan activos escasos y difíciles de replicar, como el espectro radioeléctrico, lograron sostener el interés de los inversores aun en un contexto de elevada volatilidad.
Los próximos hitos serán determinantes. La presentación de los resultados del segundo trimestre de SpaceX y el vencimiento del período de lock-up durante agosto mostrarán si la reciente caída respondió a una corrección de valuaciones o marca el comienzo de un ajuste más profundo.
Si los resultados decepcionan, es probable que continúe la revisión de valuaciones en buena parte del sector. Si, por el contrario, el mercado sigue asignando un mayor valor estratégico al espectro radioeléctrico, Viasat podría consolidarse como uno de los principales beneficiarios de una nueva etapa para la industria espacial.
La mayor salida a bolsa de la historia no sólo modificó la cotización de SpaceX. También marcó el final de una etapa en la que todas las empresas espaciales se movían al compás de una misma narrativa. Desde ahora, el mercado parece dispuesto a distinguir entre quienes venden expectativas de crecimiento y quienes ya controlan los activos estratégicos sobre los que se construirá la próxima generación de conectividad satelital.
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