La economía no ha triunfado todavía sobre la política. Mientras muchos de los encuestados se presentan a sí mismos como “internacionalistas” -partidarios del libre comercio que rechazan los favoritismos del gobierno o la asistencia a las empresas locales- las diferencias entre países y las contradicciones en el esquema de reacciones sugieren continuas batallas políticas locales sobre los derechos y las responsabilidades de la empresa. Los que pertenecen a compañías que se orientan más al mercado interno y los que pertenecen a países cuya competitividad nacional se está erosionando se unen a los países recientemente industrializados al sonar la música ambivalente sobre el internacionalismo.
La mayoría de los que completaron el cuestionario quieren que la empresa tenga libertad para tomar decisiones que respondan a sus intereses, sin necesidad de consideraciones “patrióticas”. Tal como se esperaba, las opiniones más internacionalistas son expresadas por los alemanes, suecos, finlandeses, holandeses y belgas. No sorprende encontrar a la capital de la Comunidad Europea (Bélgica) y a su líder extraoficial (Alemania) entre un grupo de naciones cuyo tamaño o situación hace del comercio un componente necesario para una economía sana.
Esta tendencia internacionalista por parte de los países nordeuropeos se asocia tímidamente con el cosmopolitismo aún mayor de su población gerencial, especialmente en Alemania. Los encuestados “cosmopolitas” (aquellos que hablan varias lenguas y que nacieron o tienen ciudadanía en otros países además de aquel donde actualmente trabajan) están más predispuestos a tener actitudes internacionalistas; única área donde sus actitudes hacia las prácticas empresariales difieren significativamente de las de sus colegas “locales”.
Estos encuestados cosmopolitas a menudo trabajan para compañías cosmopolitas -las que operan en muchos países- y por lo tanto reflejan los intereses de sus compañías en cuanto a eliminar barreras para operar en cualquier parte del mundo.
Las respuestas antiproteccionistas japonesas son en extremo sorprendentes a la luz de la creeencia popular occidental según la cual las compañías japonesas se benefician con la protección y asistencia de su gobierno.
Si la respuesta es honesta y exacta, tres interpretaciones se presentan como más plausibles. Primero, este grupo de gerentes japoneses, extraídos en primer lugar de empresas que desde hace muchos años compiten en el mercado interno, que una y otra vez escuchan las exhortaciones de los medios
japoneses sobre la inevitabilidad del internacionalismo, ahora nos devuelven el mismo mensaje.
O, en segundo lugar, podrían simplemente reflejar la confianza que hay en Japón en la calidad y el funcionamiento de sus productos. O, tercero, es posible también que la creencia popular occidental esté totalmente equivocada.
Pero detrás de la declarada adhesión mayoritaria al globalismo existen, en todas partes, contradicciones que pueden resultar difíciles de superar.
Consideremos la tercera parte de las respuestas obtenidas, según las cuales las empresas deberían estar dispuestas a pagar un “premium” para sostener a los proveedores locales, o la cuarta parte de las respuestas que solicita que los propietarios de empresas se ocupen más del éxito de su país que del éxito de su compañía. Estos gerentes están indicando una voluntad de colocar al patriotismo antes que a las ganancias. Constituyen un considerable grupo empresarial que está dispuesto a la movilización política en nombre del proteccionismo.
Aun en el improbable caso que desaparezcan las barreras comerciales, subsisten otros temas contenciosos sobre los derechos y responsabilidades de las empresas globales. Los encuestados hacen una clara distinción entre libertad económica y derechos políticos. Mientras la propiedad extranjera de activos locales es aceptable en todo el mundo, no lo es la opinión extranjera en asuntos locales.
¿Cortejarán los políticos locales al inversor extranjero mientras que al mismo tiempo explotan la xenofobia para mantener a sus países libres de influencia extranjera? Si no se acompaña el libre fluir de capitales a través de las fronteras nacionales con la capacidad para proteger ese capital a través del sistema político, ¿se retirarán las empresas globales o entrarán en la contienda política?
Si los internacionalistas desafían a los patriotas económicos sobre derechos políticos y libertad económica, es probable que se enfrenten a grupos que tienen una cuota muy alta de influencia local. Los patriotas económicos deben tener más influencia en la política interna de lo que los números sugieren. La consulta muestra una correlación entre reacción patriótica, orientación hacia el interés local y predisposición a que la empresa asuma responsabilidades en la solución de problemas sociales.
Así, si los empresarios actúan según los valores que declaran, las empresas que se orientan hacia el mercado interno con una agenda proteccionista podrían jugar un papel desproporcionado en la configuración de la conducción política debido a la credibilidad que ganan gracias a la filantropía.
Este es el esquema que ya impera en muchas regiones de Estados Unidos.
Aun si el alcance de la actividad económica es cada vez más global, muchos problemas sociales siguen siendo firmemente locales. Las empresas más orientadas hacia el internacionalismo podrían descubrir que su participación en los asuntos políticos locales se ve reducida por la creciente renuencia de sus gerentes a involucrarse en el terreno social. Es comprensible que los gerentes cosmopolitas no se identifiquen con un problema de la comunidad si pueden fácilmente levantar campamento y mudarse a otra parte. Pero si los gerentes cosmopolitas en compañías globales muestran poco compromiso con los lugares donde operan, entonces la “voz” política podría concederse a otros localistas más patriotas y proteccionistas.
EMPRESAS COMO CIUDADANOS: ¿QUE RESPONSABILIDAD SOCIAL?
Encuestados de todas partes señalan a la calidad de la educación como el más importante problema social que afecta a sus organizaciones, y sienten que la empresa debería tomar la delantera para mejorarla. Apenas 5% cree que la empresa no debería involucrarse. Mientras 18% dice que los empresarios deberían limitar su contribución al apoyo financiero, otro 77% aprueba un rol muy activo. Gran cantidad de encuestados entiende que la empresa puede hacer una contribución muy útil hacia la adquisición de las habilidades básicas de alfabetización.
Los temas ambientales, como polución y eliminación de basura, se ubican en segundo lugar de prioridad social, aunque muy detrás de la educación, según sea la empresa del que responde. Pero la solución de los problemas ambientales es responsabilidad de aquellos que la crean. La mayoría de los empresarios que responden están dispuestos a poner el hombro en todas las cargas; sólo 3% -la proporción más baja para cualquier rubro en toda la encuesta- cree que la empresa no debería participar para nada.
Pero el consenso se pierde cuando se abordan temas humanos, más complejos, que son específicos para cada país: alcoholismo y drogadicción, crimen en las ciudades y pobreza. Los argentinos, por ejemplo, se preocupan más por el impacto de la pobreza y el desempleo en la empresa, mientras que los estadounidenses ven la inseguridad en las calles y la drogadicción como los problemas más acuciantes. Más allá del grado de las preocupaciones, parece haber poco interés en involucrar a la empresa en la solución de los problemas de la vida urbana. Por supuesto, hay países donde los líderes empresariales pueden contar con un gobierno fuerte, preocupado por el bienestar social, para impedir problemas o encararlos adecuadamente si surgen. Hay, entonces, bajas tasas de crimen, fuertes leyes antidroga y redes para la seguridad social.
Los habitantes de Singapur, por ejemplo, se preocupan mucho menos que el promedio de los consultados por la posibilidad de que la inseguridad en las ciudades afecte sus negocios y tampoco creen que la empresa deba colaborar con el esfuerzo de alfabetización. El gobierno simplemente asegura que problemas de ese tipo no ocurran.
Pero hay que considerar la situación en países como Estados Unidos, cuyos representantes identifican los problemas urbanos como urgentes. Las respuestas sugieren que los líderes empresariales están dando la espalda a las ciudades en proceso de desintegración; ya sea porque se pueden trasladar internacionalmente o porque no saben qué hacer. Esto puede ocasionar una espiral hacia abajo: mientras las empresas abandonan las ciudades que se deterioran, crecen allí la pobreza y el crimen, aumenta el analfabetismo, y esos lugares se convierten todavía en menos atractivos para la empresa, especialmente las de tipo cosmopolita, que pueden retirarse con facilidad. Si las empresas no aceptan las responsabilidades de la ciudadanía en las áreas que dicen las afecta, ¿sufrirán tal vez una embestida? ¿O habrá activistas sociales que empujen a las empresas a asumir más responsabilidad a cambio de concesiones económicas?
A menudo aparecen los directivos como más conservadores políticamente que la población en general, y sus respuestas a la encuesta de la HBR no son la excepción. Quieren poner el hombro para aquellas cargas sociales que tienen que ver con la creación de riqueza, que ya se han establecido como parte del paquete de beneficios que normalmente ofrecen las naciones industrializadas.
Pero se niegan a asumir nuevas responsabilidades, tales como ayudar a sus empleados en el cuidado de parientes a cargo.
PRODUCTIVIDAD Y FAMILIA.
Parientes de edad, no. Niños, sí.
Los encuestados se inclinan fuertemente a favor de ayudar a los padres que trabajan. Aunque los promedios mundiales están levemente tergiversados porque los estadounidenses toman la delantera en esta área, los japoneses, brasileños, mexicanos y canadienses también son fervientes defensores.
Sólo los surcoreanos se oponen.
Encontrar consenso mundial en una dirección que algunos consideran “temas femeninos” -y en una encuesta respondida en 90% por hombres- es ardua tarea. Las actitudes hacia el trabajo y la familia están llenas de connotaciones culturales y coloreadas por valores personales profundos. Y sin embargo los encuestados concuerdan en tres prácticas ganadoras, buenas tanto para la familia como para la empresa.
Primera, el cuidado de niños en el lugar de trabajo es apoyado por la abrumadora mayoría de los consultados. Por cierto, hay más acuerdo en esta área que en cualquier otra de la encuesta.
La segunda práctica, considerada buena tanto para las familias como para las organizaciones, es que los maridos y las esposas tengan, ambos, importantes empleos pagos. Hay fuerte apoyo al carácter dual de las familias, aun entre aquellos que creen que es bueno para la familia tener un miembro en casa para cuidar de los niños. Sin embargo, la línea demarcatoria entre trabajo y familia no debe borrarse demasiado, contestan; un grupo considerable piensa que marido y mujer no deberían trabajar en la misma organización. Claramente, las opiniones reflejan una profunda ambigüedad, y continuos conflictos para las mujeres, de quienes se espera a la vez que tengan importantes empleos mientras “alguien” se queda en casa con los niños.
Flexible horario de trabajo -la facilidad de comenzar y terminar las tareas a cualquier hora- es la tercera práctica considerada buena para familias y organizaciones. El apoyo a la flexibilidad del horario laboral aparece conectado al deseo de que los miembros de la familia puedan cuidarse unos a otros, en lugar de depender de centros para el cuidado de los niños. Los encuestados creen que tener un miembro de la familia en casa para cuidar de los niños es bueno para la familia; aunque son menos los que aprueban que haya miembros de la familia que se queden en casa y más los que prefieren centros para el cuidado de los niños en el lugar de trabajo. Pero la flexibilidad en el horario de labor es vista como conveniente para la familia, del mismo modo que lo es un miembro de la familia en casa.
El apoyo más fuerte en la agenda de los padres trabajadores proviene de los encuestados japoneses y estadounidenses. El razonamiento, sin embargo, es bien diferente entre estos dos grupos. Los japoneses apoyan cualquier práctica que facilite a la gente ocuparse del trabajo con total dedicación. En cuanto a la postura de que “el trabajo debe tener preeminencia sobre la familia”, los japoneses baten el record: son los que se ubican más alto y estadísticamente más distantes de las cifras que le siguen en cualquier otra medición. Los encuestados japoneses son casi los únicos que estiman que es bueno para la familia que las vacaciones, los fines de semana o las noches sean interrumpidos por motivos de trabajo. Lo que los padres hacen “por la familia” parece considerarse en términos financieros (seguir trabajando y ganando). La ayuda a los padres que trabajan es vista como un factor que vuelca la balanza trabajo-familia a favor del trabajo; para los estadounidenses, la balanza se inclina a favor de la familia.
Las organizaciones quieren productividad; las familias, tiempo. Las mayores tensiones trabajo-familia se centran alrededor de conflictivas demandas de tiempo: las compensaciones que se reclaman a cambio de fines de semana laborables, interrupción de vacaciones u horas extras. El cuidado de los niños en el lugar de trabajo permite que la gente mantenga el empleo y no necesite tiempo con la familia. Hay tensiones evidentes cuando ambos padres trabajan y dan importancia a la familia (esta combinación es válida para muchos encuestados).
Al estar a favor del cuidado de los niños y de la flexibilidad en el horario, los directivos se vuelcan hacia el lado laboral en la ecuación familia-trabajo.
El lado de la familia no se menciona. Esta área está madura para nuevas soluciones que van más allá de licencias por maternidad o paternidad y sabáticos. ¿Será posible que veamos el año flexible, la oportunidad de trabajar intensamente durante períodos de tiempo, luego aflojar, tal vez alrededor de las vacaciones de verano?, ¿o será que la solución está por el lado de la tecnología convirtiendo el trabajo en flexible y portátil, o agregando innovaciones que ahorren trabajo para aumentar la productividad dejando, de ese modo, tiempo libre? Una nueva fuerza de trabajo, compuesta de mayor cantidad de padres y madres trabajadores, requiere un nuevo examen del lugar de trabajo mismo.
