miércoles, 21 de enero de 2026

    La nueva geopolítica


    Pero las guerras verdaderas y el rol de Estados Unidos en ellas son también parte del debate. El mundo está cambiando a toda velocidad. Hemos entrado a una nueva fase de asuntos internacionales, luego de un breve momento en que Estados Unidos dominó el mundo sin nadie que le pusiera trabas.  Hoy hay muchos cambios que se están produciendo fuera del control de Washington.  Sin embargo, sería bueno que la nueva dinámica se trazara con participación de la política estadounidense, dice Bruce Jones, director de Foreign Policy.
    Falta saber si los norteamericanos, dice, son capaces de eso en el actual momento y también si están dispuestos a pagar el precio. Como dijo el senador Daniel Patrick Moynihan, Estados Unidos tiene todo el derecho al “orden internacional”, al “liderazgo americano”, a buscar el “America First”. Decir que una postura es “nacionalista” o “globalista” es decir algo que carece de precisión. Si evitamos todos estos epítetos, veremos que la nueva geopolítica tiene una serie de características distintivas, algunas iluminadas por la historia, pero otras exclusivas de este momento de incertidumbre política y tecnológica.
    Esta nueva fase ha sido descripta como una nueva Guerra Fría entre dos grandes potencias o como un mundo donde cada país es vuelve sobre sí mismo. Según Jones no es ninguna de las dos cosas pero tiene elementos de ambas. En el ámbito de los temas económicos, el mundo se encuentra en algo que se parece a la multipolaridad, aunque algunos de los principales actores económicos (como Japón) no actúan como polos de un orden económico, como se suele usar el término.
    Visto a través de la lente de las nuevas armas cibernéticas y de inteligencia artificial, nos estamos aproximando a una nueva Guerra Fría entre Rusia y Occidente, Y todo esto forma parte del surgimiento de una nueva geopolítica, un nuevo “gran juego” de competencia entre las grandes potencias, un juego plagado de riesgos de confrontación y de peligrosísimos errores de cálculo, pero también lleno de oportunidades para países y actores privados lo suficientemente astutos como para adaptarse.

    Bipolaridad asimétrica
    La dinámica de la multipolaridad económica oscurece la realidad central de lo que Jones describe como bipolaridad asimétrica: el hecho de que Estados Unidos y China son el factor central en los cálculos de casi todos los actores, aunque de manera desigual. Todavía existe una enorme disparidad entre esos dos actores, pero China se beneficia con “la sombra del futuro” y de la actual disfunción de Estados Unidos, y así es más igual en los cálculos de largo plazo de los demás países.
    Estamos operando en un sistema cambiante que tiene en su centro una bipolaridad asimétrica mientras a su alrededor orbita una multipolaridad económica fluída.
    El sistema tiene estas características adicionales.
    Primero, asistimos a una carrera armamentista no declarada entre Estados Unidos y China.  El lugar principal donde se da esa carrera es el poder naval: Estados Unidos se esfuerza por mantener su primacía naval en Asia y China trata de desbancarlo usando armamento convencional y asimétrico. La aplicación de herramientas cibernéticas y de inteligencia artificial a la relación complica el panorama. Se está aplicando liderazgo del siglo 19 en un mundo de armas del siglo 21. Esta carrera armamentista todavía tiene una escala modesta según los estándares de la Guerra Fría y se mantiene controlada por la consideración de los principales líderes, por los lazos económicos y la cooperación en temas globales. 
    Pero aun así es una carrera armamentista. Y está generando un debate en Estados Unidos sobre si conviene el desarme unilateral en la lucha militar regional para evitar el riesgo de un conflicto con China o si hay que intentar con más fuerza que China reduzca su militarización para impedir lo que de otro modo parecería probable, que es un conflicto entre las principales potencias de Asia.
    Ese debate gira alrededor de una segunda característica de la nueva competencia geopolítica, que es una activa reevaluación, por parte de las principales economías del mundo, de sus relaciones de seguridad con Estados Unidos. Varios países están debatiendo si pueden confiar en Estados Unidos para mantener la seguridad entre los estados de sus regiones (para compensar el surgimiento de China en Asia; para contener a Irán en Medio Oriente; para impedir la agresión de Rusia en Europa) para lo cual esas potencias buscan mantener un alineamiento más profundo con Estados Unidos.
    Pero si deciden que Estados Unidos no es confiable, esas potencias buscarán la auto–ayuda (léase armas nucleares) o relaciones más estrechas con China. Rusia se presenta como algo más grande en este cuadro de lo que sugiere la noción de bipolaridad por la escala de sus ventas de armas; pero Moscú actuará con la seguridad que lo hace solo mientras pueda sostener la protección diplomática de China.

    Otro alineamiento
    Esto, a su vez, está provocando o amplificando una lucha sobre el alineamiento político y económico en países tan diferentes como Alemania y Arabia Saudita. Por la escala del crecimiento económico de los últimos treinta años, ahora hay muchos más países cuya dirección interna y relaciones externas afectan la dinámica regional y global.
    Parte de la historia es la postura de Alemania en Europa, como también lo es el intento de Gran Bretaña de equilibrar el control nacional y la integración regional.
    El intento de Arabia Saudita de sacudir el equilibrio regional de poder también es parte del cuadro, como lo es también la búsqueda de socios de Irán y Turquía. En Asia, la persistente desconfianza entre Japón y la República de Corea afecta y limita las respuestas a la creciente influencia de China, sin mencionar las perspectivas de una confrontación militar entre Estados Unidos y Corea del Norte.
    Los prolongados conflictos en Brasil y la emergente pero frágil estabilidad argentina parecen fenómenos remotos de los grandes poderes pero moldearán de manera fundamental las perspectivas de paz y desarrollo económico en el hemisferio occidental.  La lucha del proyecto europeo con un populismo de ultra derecha, el retiro de Polonia del liberalismo, Israel cortejando a Rusia, todo esto forma parte del campo de juego.
    Y viene acompañado de la rápida evolución de patrones de interacción económica: sea en el acuerdo entre Canadá y la Unión Europea, en la nueva disposición de Japón a ejercer liderazgo regional en el libre comercio en Asia, o en la expansión de los lazos económicos sino-alemanes; esto también es parte de la realidad. Es demasiado simplista decir que la profundización de la integración económica vuelve más benigna esta competencia. La integración económica plantea problemas internos en las relaciones de las grandes potencias, que a veces estabilizan pero otras distorsionan, especialmente con el ascenso de nacionalismo económico.
    La historia moderna tiene un caso admonitorio: después de las guerras de finales del 1800, los países, económicamente integrados de Alemania y Reino Unido deliberadamente decidieron alejarse de la integración para renacionalizar la producción, con consecuencias tremendas.

    Renovada competencia
    Las herramientas de la renovada competencia geopolítica se diferencian por el tipo de estado en cuestión. Las economías avanzadas están desplegando un juego insidioso de “confrontar y esconder”, con intrusiones cibernéticas, discretas o disfrazadas de influencia financiera, de desinformación para ejercer influencia o agitar la política interna del oponente.
    En economías menos avanzadas, el gasto en infraestructura a gran escala combinado con presión política y corrupción ha surgido como la técnica elegida por las grandes potencias, mientras las campañas anticorrupción son el vehículo para las purgas domésticas.  Como Siria o Yemen, se ha visto el resurgimiento del viejo conflicto por delegación, o sea, el flujo de dinero, armas, inteligencia y apoyo político a unidades militares nacionales o subnacionales, o incluso transnacionales, que pelean por el control de la política o del territorio en un conflicto activo,  con un costo humano potencialmente devastador.
    Mientras todos los países grandes (y, para el caso, todas las grandes firmas energéticas y financieras globales) van encontrando su rumbo a través de los cambiantes contornos del núcleo –que consiste en las relaciones entre Estados Unidos y China– la nueva competencia geopolítica se desarrolla alrededor de tres preguntas esenciales:
    Cuánto va a presionar China en Asia y cuánto va a rechazarla Estados Unidos.
    Cuánta inestabilidad va a tratar de difundir Rusia por Europa o en los puntos de conflicto en otras regiones (¿o puede Europa hacerlo sola?)
    Cuánta inestabilidad o presunta estabilidad inyectará Estados Unidos en un ya turbulento Medio Oriente y qué otras potencias se beneficiarán con el realineamiento de las relaciones entre los estados de esa región.
    En este fluctuante entorno, el análisis de la nueva geopolítica – y del rol de Estados Unidos en ella – debe atender varios conjuntos de cuestiones.
    ¿Cuáles son las actitudes, aptitudes y capacidades de los otros jugadores en este juego que está evolucionando? ¿Dónde están las oportunidades y los mayores riesgos? En los últimos años, los académicos de la Brookings Institution están estudiando este tema y ahora Estados Unidos cuenta con algún conocimiento sobre las estrategias en desarrollo. 
    La literatura es prolífica:
    Mr Putin: Operative in the Kremlin, de Fiona Hill and Cliff Gaddy.
    Chinese Politics in the Xi Jinping Era: Reassessing Collective Leadership, de Cheng Li.
    Kings and Presidents: Saudi Arabia and the United States since FDR de Bruce Riedel.
    Turkey and the West, de Kemal Kirici.
    Aspirational Power: Brazil on the Long Road  to Global Influence, de Harold Trinkunas y David Mares.
    Choices Inside the Making of India’s Foreign Policy de Shivshanker Menon.
    Hay, además, grandes informes próximos a salir sobre Irán, Alemania y sobre las relaciones entre India y China, que llegarán para iluminar la comprensión que tiene Estados Unidos del panorama de los lazos geopolíticos.

    Nuevo vocabulario
    ¿Cómo hablar del rol de Estados Unidos en este juego?  La terminología de las relaciones están embrollada, hace falta un nuevo vocabulario que ilumine en lugar de oscurecer. Hay que crear nuevos términos, más precisos.
    Según Jones, hay que hablar menos de “orden” y más de los objetivos centrales que se buscan: evitar una gran guerra por el poder en Asia; proteger de Rusia la seguridad y la democracia europeas; mantener un sistema económico abierto.
    ¿Qué papel va a jugar Estados Unidos en la globalización de ahora en adelante y qué papel se propone jugar China? ¿Cuál es la naturaleza de esa economía? En el debate político se sigue usando el término “libre comercio” como si siguiéramos operando una economía donde los bienes producidos en un país se venden en otro; la realidad es oferta global y cadenas de valor que permanentemente cruzan fronteras nacionales. ¿Intentaremos contener las mareas de la producción económica global o aprenderemos a nadar en nuevas aguas?
    ¿Y cuál es el futuro de la arquitectura de seguridad internacional, a través del cual la mayoría de las estrategias y operaciones son por lo menos implementadas parcialmente, y qué habrá que redefinir para afrontar los peligros de la nueva geopolítica? El presidente Trump, dice Jones, no se equivoca al criticar el actual sistema de reparto de la carga, aunque todavía no ha ofrecido una visión alternativa que convenza.  Cómo y con quién trabaja ese país sobre seguridad internacional es una pregunta más abierta de lo que reconocen los actuales debates sobre la OTAN o el rol norteamericano en Medio Oriente y Asia.
    El pedido de Michael O’Hanlon de redefinir el papel de la OTAN en Europa Oriental ha generado mucho debate en la Brookings; Jones no coincide con esa receta pero sí comparte su preocupación de que la OTAN y la arquitectura de seguridad no están sincronizadas con el cambio de equilibrio de poder y con los nuevos peligros que acechan al mundo.
    Estas cuestiones sobre la nueva geopolítica deben ser incorporadas a un nuevo debate sobre el rol de Estados Unidos en un mundo mucho más competitivo. Según los caminos que tome la potencia del norte el paisaje geopolítico se encaminará a una situación de tensa estabilidad o a una situación más dramática y probablemente violenta que reordenará las relaciones internacionales.