Si escasean las vacaciones pagadas, sufre la productividad

En materia de vacaciones pagadas, Japón y Estados Unidos son los peores; apenas diez y quince días anuales, contra 20 en Irlanda, 25 en Italia o 30 en Austria. Un original estudio afirma que las licencias cortas resienten la productividad.

"Estados Unidos es un país que casi no sale de vacaciones", sostiene
Joseph Robinson, promotor de la campaña "trabajar para vivir y no
al revés" e investigador del tema en el mundo. Sus compatriotas, explica
el activista, "tienen la semana laboral más dura, 49 horas, y descansan
o se desenchufan menos que otros pueblos".

Para empezar, 13% de las empresas estadounidenses no concede vacaciones pagadas
sino, apenas, ocho días libres por año y recién después
de trabajar doce meses seguidos. En las que sí otorgan licencias, se
precisan tres años para obtener diez días y, más tarde,
el tope difícilmente pase de quince días. "Generaciones de
bombardeo psicológico, basado en la idea de que el empleado forma parte
de la empresa y sus intereses son comunes, hacen que el norteamericano medio
se sienta culpable en vacaciones".

Robinson es abogado y vive en California. Además de coordinar la campaña
internacional, acaba de publicar "Disappearing vacations: a guide to reshape
your life", El libro, naturalmente, contiene pilas de estadísticas
y conclusiones. Entre ellas, que -si bien los japoneses tienen en promedio menos
vacaciones que los norteamericanos-, algunos de éstos parecen uncidos
a la gleba. Así, en el estado de Washington (extremo noroeste de la Unión),
17% de los asalariados no tiene licencias ni días libres, salvo por enfermedad
o emergencias.

Si bien este cuadro mejora perceptiblemente cruzando el Atlántico, a
menudo las vacaciones de asimilan a feriados largos o épocas festivas.
Esto se nota en navidad-año nuevo, semana santa y situaciones similares;
mayormente en Francia, Alemania, España, Italia y Gran Bretaña.
Cuando se trata de familias, las parejas adultas que trabajan suelen pasar las
vacaciones atendiendo a sus hijos, en ves de desenchufarse, porque coinciden
con recesos escolares. Por el contrario, los norteamericanos separan vacaciones
de padres e hijos, si éstos tienen más de 8 a 10 años.

La campaña de Robinson exalta la necesidad de descansar. Pero "la
insuficiencia de vacaciones también afecta la productividad. El cansancio,
el hartazgo o la saturación se suman al poco tiempo dedicado a la vida
privada y resienten la calidad del trabajo". Eso señala Alessandro
Riello, dirigente sindical italiano. "Los norteamericanos exageran, tal
vez porque allá el poder gremial es débil en ese plano".
Riello y Robinson coinciden en diagnosticar que "la obsesión de
estar constantemente en la compañía, el banco o el supermercado,
difundida en Europa occidental en el auge de la burbuja bursátil, parece
ir cediendo".

"Estados Unidos es un país que casi no sale de vacaciones", sostiene
Joseph Robinson, promotor de la campaña "trabajar para vivir y no
al revés" e investigador del tema en el mundo. Sus compatriotas, explica
el activista, "tienen la semana laboral más dura, 49 horas, y descansan
o se desenchufan menos que otros pueblos".

Para empezar, 13% de las empresas estadounidenses no concede vacaciones pagadas
sino, apenas, ocho días libres por año y recién después
de trabajar doce meses seguidos. En las que sí otorgan licencias, se
precisan tres años para obtener diez días y, más tarde,
el tope difícilmente pase de quince días. "Generaciones de
bombardeo psicológico, basado en la idea de que el empleado forma parte
de la empresa y sus intereses son comunes, hacen que el norteamericano medio
se sienta culpable en vacaciones".

Robinson es abogado y vive en California. Además de coordinar la campaña
internacional, acaba de publicar "Disappearing vacations: a guide to reshape
your life", El libro, naturalmente, contiene pilas de estadísticas
y conclusiones. Entre ellas, que -si bien los japoneses tienen en promedio menos
vacaciones que los norteamericanos-, algunos de éstos parecen uncidos
a la gleba. Así, en el estado de Washington (extremo noroeste de la Unión),
17% de los asalariados no tiene licencias ni días libres, salvo por enfermedad
o emergencias.

Si bien este cuadro mejora perceptiblemente cruzando el Atlántico, a
menudo las vacaciones de asimilan a feriados largos o épocas festivas.
Esto se nota en navidad-año nuevo, semana santa y situaciones similares;
mayormente en Francia, Alemania, España, Italia y Gran Bretaña.
Cuando se trata de familias, las parejas adultas que trabajan suelen pasar las
vacaciones atendiendo a sus hijos, en ves de desenchufarse, porque coinciden
con recesos escolares. Por el contrario, los norteamericanos separan vacaciones
de padres e hijos, si éstos tienen más de 8 a 10 años.

La campaña de Robinson exalta la necesidad de descansar. Pero "la
insuficiencia de vacaciones también afecta la productividad. El cansancio,
el hartazgo o la saturación se suman al poco tiempo dedicado a la vida
privada y resienten la calidad del trabajo". Eso señala Alessandro
Riello, dirigente sindical italiano. "Los norteamericanos exageran, tal
vez porque allá el poder gremial es débil en ese plano".
Riello y Robinson coinciden en diagnosticar que "la obsesión de
estar constantemente en la compañía, el banco o el supermercado,
difundida en Europa occidental en el auge de la burbuja bursátil, parece
ir cediendo".

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